Agro y cambio climático

Columna de opinión publicada en El Observador Agropecuario
Por Luis Romero Álvarez, especial para El Observador

Recientemente se festejó el Día Mundial del Medio Ambiente y, para saludarlo, el presidente Donald Trump sacó a Estados Unidos del Acuerdo de Paris que tanto había costado articular.

Ese acuerdo era voluntario, no de cumplimiento obligatorio para nadie, así que el gesto fue obviamente una declaración antisistema y no una defensa de industrias contaminantes o sus respectivos empleos.

Creo que para Uruguay es importante entender qué está pasando en este tema y posicionarse bien a futuro.

Primero entendamos la situación general: todo comienza con la energía del sol. Con ella las plantas logran crear materia, o sea su cuerpo, tomando CO2 y separando el carbono para construir sus células y liberando el oxígeno.

En épocas remotas , selvas enteras fueron enterradas por cataclismos climáticos y esa materia se transformó en petróleo, que está compuesto por cadenas de carbono e hidrógeno.

Ahora, millones de años después, nosotros sacamos ese petróleo y lo quemamos (o sea lo combinamos con oxígeno) para recuperar para nosotros aquella energía que las plantas prehistóricas habían captado del sol.

Hay evidencia científica ya prácticamente incontrovertible que muestra un aumento de la temperatura de la Tierra desde la revolución industrial hasta nuestros días Hay evidencia científica ya prácticamente incontrovertible que muestra un aumento de la temperatura de la Tierra desde la revolución industrial hasta nuestros días

Al hacerlo devolvemos a la atmósfera el CO2 que aquellas plantas habían sustraído. El problema comienza al acumularse en nuestra atmósfera más CO2 que el normal porque este gas limita la reflexión hacia el espacio de la energía que llega del sol y calienta la Tierra.

La temperatura del planeta regula su clima de formas que todavía no llegamos a comprender bien. Hay evidencia científica ya prácticamente incontrovertible que muestra un aumento de la temperatura de la Tierra desde la revolución industrial hasta nuestros días; cuánto de este aumento es causado por el hombre no está claro (parece que Marte en el mismo período también se calentó).

Hay un consenso a nivel científico acerca de la necesidad de actuar para frenar este proceso; cuánto hay que hacer para obtener qué resultados está todavía en debate. Como suele suceder en muchos temas, aquí la percepción es más importante que la realidad.

La opinión pública mundial piensa que hay que actuar y por lo tanto hay que hacerlo. Esto constituye a la vez un desafío y una oportunidad para Uruguay; hay que poder mostrar que nos ocupamos de enterrar carbono de nuevo en la tierra, lo que es buena práctica agronómica (aumentar la materia orgánica del suelo) y debería ser bien rentable en el mediano y largo plazo.

La opinión pública mundial piensa que hay que actuar y por lo tanto hay que hacerlo. La opinión pública mundial piensa que hay que actuar y por lo tanto hay que hacerlo.

Esto será una buena herramienta de marketing, en línea con nuestra marca Uruguay Natural y, de paso, una contribución al mejoramiento de las condiciones climáticas del planeta.

Enterrar carbono (o evitar que se volatilice combinándose con oxígeno, el que ya está en la tierra) requiere bastante conocimiento en el manejo de suelos, cultivos y pasturas, y manejo ganadero y forestal. Es el avance hacia el Uruguay agrointeligente del que el ministro Aguerre suele hablar con razón.

Lamentablemente estas buenas prácticas no son compatibles con altos impuestos a la tierra, energía cara, tipo de cambio bajo y todo el combo de agresiones a la competitividad del país que sufrimos.

Hay que elegir: país agrointeligente y cuidadoso del medio ambiente o país poco competitivo y ambiente descuidado. Así como vamos fundimos al país y de paso también al ambiente. Y eso no es inteligente para nadie.