América Latina es más equitativa, pero sigue siendo la región más desigual del mundo

Además, la mayoría de los países enfrentan un entorno macroeconómico más duro

La desigualdad en la distribución de los ingresos en América Latina y el Caribe se redujo sustancialmente entre el 2002 y el 2014. Esto es importante porque la desigualdad tiene una relación directa con la reducción de la pobreza. Si la inequidad se mantiene estable, la pobreza puede disminuir solamente por el aumento de los ingresos, pero si cae, potencia el efecto del aumento de los ingresos, lo que hace que la pobreza disminuya aún más. De hecho, una mejora en la distribución puede reducir la pobreza, aunque que no aumenten los ingresos.

Luego de permanecer casi inalterado desde el 1996, a partir del 2002 y hasta la crisis financiera del 2008, el índice de Gini se redujo cuatro puntos en América Latina. Así se conoce al principal indicador de desigualdad, que oscila entre 0 y 100, donde 0 representa la igualdad perfecta y el 100 la desigualdad total. Entre el 2008 y el 2014, debido a un crecimiento menos vigoroso, el índice de Gini se redujo otros 2,7 puntos.

Durante el primer período, según el informe, Pulso Social de América Latina y el Caribe 2016: realidades y perspectivas, del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la reducción de la desigualdad fue significativa en todos los países menos México. Países como Argentina, Bolivia, Ecuador, Perú y Nicaragua presentaron caídas del Gini cercanas al 10%. Mientras que en el extremo opuesto, Costa Rica, Colombia y República Dominicana, tuvieron las menores reducciones. En el segundo período, la desigualdad continuó reduciéndose en todos los países, menos en Venezuela y Costa Rica.

En cuanto a los motivos de la mejora en la distribución en 14 países entre 2000 y 2010, esto se debió, según un estudio citado en el informe, a tres factores. El principal fue que los ingresos laborales de los trabajadores más pobres aumentaron más que los del resto, probablemente debido al aumento de los salarios mínimos. El segundo factor, fue el aumento en las transferencias a los hogares. Y el tercero fue el cambio demográfico, debido al aumento de personas en edad de trabajar y a la disminución del número de niños en los hogares.

La reducción de la desigualdad y la pobreza en América Latina se tradujo en un aumento de la clase media que prácticamente se duplicó, pasando de 100 a 186 millones de personas. El número de pobres por otro lado, disminuyó casi un tercio, cayendo de 224 a 157 millones, mientras que el grupo de vulnerables, que se encuentra en medio, aumentó en 57 millones. Tras este período de progreso, la clase media pasó a ser la clase predominante en cinco países, mientras que los pobres predominan sólo en tres, siendo el grupo de vulnerables el más grande en el resto de los países. De estos cambios, puede deducirse que los pobres que se convirtieron en vulnerables equivalen a los vulnerables que se convirtieron en clase media, por lo tanto, la movilidad social en la región ocurrió de forma ascendente y ordenada.

La principal característica de los nuevos integrantes de la clase media es el empleo formal, ya que dos de cada tres de los trabajadores de este grupo están afiliados a la seguridad social, cuatro veces más que los pobres. Sin embargo, mientras que en países como Costa Rica y Uruguay los trabajadores formales son más del 80%, en Bolivia, Paraguay y Perú los trabajadores de clase media con empleo formal son menos del 40%.

Estos cambios en la estructura de las sociedades latinoamericanas se traducen en que a partir del 2008, América Latina dejó de ser una región de mayorías pobres, y "ha logrado encontrar una harmonía relativa en el contexto del mundo", según afirma el informe del BID. En estos últimos veinte años, la región ha experimentado un aumento generalizado en los ingresos de los hogares, además la mortalidad infantil se redujo en un 65%, el acceso a educación primaria prácticamente se universalizó, y las mejoras en la calidad de vida han aumentado el promedio de vida en 8 años desde 1990.

A pesar de las mejoras generales y, concretamente en la distribución de la riqueza, América Latina y el Caribe sigue siendo la región más desigual del mundo, y 11 de los 20 países menos equitativos del planeta se encuentran aquí. Según el índice de Gini, el promedio de la región es 4 puntos más alto que el de África, 11 que el de China y 16 más que el de Europa y Asia Central. Además, desde el 2014 el contexto económico en la región ya no es el mismo, y la mayoría de los países enfrentan un entorno macroeconómico mucho más duro que el de la década anterior, con menos crecimiento económico. Si esta desaceleración se tradujera en recortes sociales, podrían ponerse en riesgo los avances logrados en las últimas décadas.

Jeronimo Giorgi, periodista uruguayo dedicado a temas internacionales, está cursando una maestría en Estudios Latinoamericanos, ha colaborado con varios medios de América Latina y Europa, y ha recibido distinciones como el Premio Rey de España de periodismo.

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