Batlle salvó a la izquierda

Las decisiones que le permitieron entregar en 2005 una economía en crecimiento

Sin querer, Jorge Batlle salvó a la izquierda y al Frente Amplio. Y lo hizo dos veces. La primera fue cuando le ganó las elecciones a Tabaré Vázquez en la segunda vuelta de noviembre de 1999.

Porque si Vázquez hubiese sido presidente, el Frente Amplio habría vivido desde el gobierno la inevitable debacle financiera, económica y social de 2002 –precedida por la crisis de la aftosa–, y el castigo electoral posterior habría sido tremendo, posiblemente similar al que recibió el Partido Colorado en 2004 y en las siguientes instancias electorales.

Y una primera experiencia de gobierno con un derrumbe como el de 2002, por más de que no fuera exclusiva responsabilidad del partido gobernante –tampoco lo fue de Batlle, aunque muchos quieran verlo así– habría sido devastadora para el Frente Amplio.

La segunda vez que Batlle salvó a la izquierda fue cuando tomó la decisión de afrontar la salida de la crisis sin romper con los mercados ni con los organismos internacionales de crédito. Fue la opción más impopular y tuvo un costo social altísimo (la pobreza alcanzó a un tercio de la población), pero le permitió al país recuperarse rápidamente y despegarse del error que cometió Argentina, que hasta el día de hoy paga las consecuencias.

Su decisión de honrar los compromisos asumidos por el país y de rescatar al sistema financiero arrastrado por el corralito bancario argentino permitió a Uruguay recibir ayuda internacional, en particular de EEUU, con cuyo presidente, George W. Bush, Batlle tenía una relación cercana.

Y fueron también esas decisiones las que permitieron a Batlle entregar en 2005 una economía en crecimiento y con un déficit fiscal controlado, a un Vázquez que había capitalizado en las urnas el descontento social de la crisis.

Desde ese punto de partida, el Frente Amplio pudo poner en práctica las políticas de saneamiento del quiebre social en los años siguientes, imposibles de realizar con una economía en bancarrota y sin crédito. Y el resto de la historia es conocida: una década de crecimiento sin precedentes que permitió a la izquierda, esa a la que Batlle salvó, seguir todavía al frente de la conducción del país.


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