Carrera aventura: La Misión

Adentrarse en la montaña durante cuatro días, ser autosuficiente y recorrer los paisajes más espectaculares de la cordillera de los Andes es lo que propone esta carrera, que –por su nivel de exigencia– no es para cualquiera

Texto y fotos Paola Nande

La Misión es una de las carreras más importantes de senderismo de Sudamérica y se destaca por su formato non-stop de trekking. Más que una carrera es una expedición, una peregrinación por los paisajes más impresionantes y salvajes de la cordillera de los Andes, en plena Patagonia argentina. Es una travesía de total autosuficiencia, donde el corredor debe llevar todo el equipo necesario para vivir durante esos cuatro días y tres noches que tiene de duración.

La distancia a recorrer es de 160 km con más de 8.000 m de desnivel. Este año se agregó una nueva distancia para los más exigentes: la Misión XL de 200 km. El tiempo máximo de carrera para ambas es de 76 horas, sin horarios de corte, lo que le permite a cada corredor administrar el tiempo de marcha y parar a dormir donde desee. Está pensada para ser completada haciendo un trekking sostenido y durmiendo todas las noches, porque el objetivo no es tanto cumplirla en el menor tiempo posible, sino llegar a la meta. Como dicen sus organizadores: "llegar es ganar".

Cuestión de resistencia

Se puede participar de forma individual o en duplas (femenina, masculina y mixta). Al ser una expedición de autosuficiencia, cada corredor debe valerse por sí mismo y llevar todo el equipamiento y los alimentos obligatorios. Sobre de dormir, vivisac, botiquín, campera de lluvia y abrigo son algunos de los elementos que no pueden faltar en la mochila, que oscilará entre 5 y 8 kilos, dependiendo del equipo técnico y la cantidad de comida que cada uno lleve. Durante el recorrido el cuerpo tiene que lidiar con las caídas, los golpes, el cansancio, el sueño, el dolor generado por el agotamiento físico y, muchísimas veces, por las inevitables ampollas que se apoderan de los pies. El clima es también un factor determinante, que pone a prueba la manera en que cada uno resuelve su carrera, además, no se suspende por mal tiempo.

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Durante la noche, la marcha se vuelve casi un sufrimiento, el sueño es inevitable, y dormirse en movimiento es parte del desafío. Algunos no paran, otros se detienen tan solo unos minutos en el lugar usando los bastones como apoyo, y otros deciden vivaquear (dormir a la intemperie), verbo que viene de la palabra "vivisac". El vivisac es un sobre de material impermeable y transpirable que se coloca por fuera del sobre de dormir y protege de la lluvia, el rocío y la nieve. Ante el inevitable sueño, no hay nada como dormir al menos una hora, y vivaquear a casi 2.000 metros de altura, sobre la cumbre de una montaña y el cielo cubierto de estrellas, además de ser surrealista, es impagable.

A lo largo del recorrido el cuerpo experimenta diferentes sensaciones y emociones. Para muchos, es una manera de encontrarse consigo mismos, explorar los límites del cuerpo y la mente, sentirse primitivos y dejar aflorar lo mejor de sí mismos.

Febrero 2017

Este año se desarrolló la duodécima edición de La Misión y la locación elegida fue San Martín de los Andes. El jueves 23 de febrero a las diez de la mañana, largaron 300 corredores de diferentes países, entre ellos argentinos, brasileños, chilenos, paraguayos y 12 uruguayos que flameaban la Celeste.

Los aventureros tuvieron que luchar con el calor sofocante, las chaquetas amarillas (avispas de la zona) y las insoportables ampollas. Estos factores y otros fueron determinantes para muchos. Cerca de 100 personas dieron por finalizada la expedición en diferentes puntos del recorrido, mientras que los 200 restantes pudieron decir "misión cumplida". De los 12 uruguayos que participaron, llegaron 10, ya que dos de ellos decidieron con valentía dejar la carrera. El calor era realmente demoledor y a veces avanzar no es la mejor decisión. La montaña seguirá allí y la posibilidad de la revancha, también.


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