Concurso en Molino Florida profundiza crisis en industria de alimentos

Sector enfrenta altos costos productivos y laborales, y advierte por pérdida de competitividad
Por Maximiliano Montautti

El sector industrial de la alimentación atraviesa un momento complejo donde se mezclan costos altos, poca productividad, fuerte ingreso de productos importados y pérdida de competitividad. Los casos de La Spezia y de Molino Florida –que se presentó a concurso de acreedores– sobrevuelan la industria como los ejemplos críticos más recientes y generan señales de alerta en las empresas.

"Toda la industria de la alimentación está esperando que haya un vuelco a partir de un accionar del Estado que permita una baja de costos y también de cargas sociales para salir del momento difícil que se atraviesa. Están cerrando empresas, hubo casos en el sector lácteo, en la molinería, y seguimos trabajando para tratar de mejorar estándares productivos", dijo a El Observador el presidente de la Cámara Industrial de Alimentos (Ciali), Carlos Fábregas.

Al cierre de La Spezia se suma una situación complicada en el Molino Florida.

El integrante de la Federación de Obreros y Empleados Molineros y Afines (Foemya) Nelson Más indicó que esa empresa ya se había presentado a concurso anteriormente, pero el recurso había sido denegado por falta de documentación. Finalmente, el viernes pasado se aceptó el pedido de la empresa que ingresó en concurso voluntario de acreedores.

"La intención del empresario, por las buenas o por las malas, es liquidar el molino porque no tiene más ganas de seguir en actividad. Ofreció que el sindicato se hiciera cargo si queríamos", señaló el dirigente a El Observador .

El molino sigue funcionando, pero ya el año pasado conociendo la intención del dueño los trabajadores comenzaron a elaborar un proyecto cooperativo para continuar produciendo y mantener la fuente de trabajo. Para eso, establecieron contactos con el Ministerio de Trabajo y el Fondes–Inacoop.

Pero con el concurso la realidad es otra. "Ahora aparecieron varias deudas y cambió todo; se corre el riesgo de cierre. Hay incertidumbre porque todos los insumos para la producción de harina se deben pagar al contado; hay que ver si se consigue el trigo. Ahora es todo día a día", dijo Más.

Los trabajadores esperaban quedar al frente del proyecto a fin de año, pero ahora deberán aguardar la resolución judicial y la llegada de un síndico a la empresa.

Mientras eso ocurra, lo primordial para ellos es no frenar la producción. "Si se para, con la competencia que hay nos quedamos sin clientes, que es el capital más grande que tiene el molino", expresó el dirigente.

En la compañía trabajan, entre personal administrativo y de fábrica, unos 80 empleados. A este caso se suma Molino Dolores que cerró a principios de año y reabrió este mes con la llegada de un síndico. En esa empresa ahora cumplen funciones 120 trabajadores, mientras otros 200 se encuentran en el seguro de paro.

Y allí no terminan los ejemplos de situaciones complejas en la industria de la alimentación (ver apunte).

La Spezia

En tanto, ayer 25 trabajadores ocuparon la casa central de la fabricante de pastas La Spezia que desde hacía algunos días ya no producía. La firma se encontraba en concurso de acreedores desde agosto del año pasado. Este mes, el síndico designado Mario Soca determinó el cierre definitivo de la compañía.

Cuando ingresó a concurso la empresa tenía un activo menor US$ 1 millón y deudas mayores a US$ 2 millones. Entre los deudores figuran el Banco de Previsión Social (BPS), la Dirección General Impositiva (DGI), bancos y un porcentaje menor corresponde a los trabajadores. El dirigente Leonardo Saldías informó que a los trabajadores se les deben salarios vacacionales, aguinaldos y licencias no gozadas desde el año 2015.

El presidente de la Ciali indicó que hay una suma de elementos que vuelven compleja la realidad de la industria de la alimentación.

Añadió que hay costos muy elevados para los productos que se destinan a la exportación. Además, el tipo de cambio beneficia la importación de alimentos que ingresan al país a competir con los de producción nacional.

Otro aspecto que preocupa a los industriales de la alimentación son los costos laborales y el relacionamiento con los trabajadores.

"Hay muchos problemas sindicales. Observamos en los últimos años que hay menos voluntad de cumplir con el trabajo, con el horario. Todo eso hace que los rendimientos y la productividad haya caído y los costos aumentado", manifestó Fábregas.

Una industria que no repunta

La industria de la alimentación ya ha visto en los últimos dos años cómo algunos proyectos dejaron de funcionar. El ejemplo más notorio fue el de Fripur, que dejó de producir en agosto de 2015 y 900 trabajadores quedaron sin empleo. En el sector lácteo, Ecolat cerró en febrero de 2015 y 400 empleados quedaron desocupados. Cuatro meses más tarde le siguió Schreiber Foods con el despido de 170 trabajadores. Este mes, la planta de Indulacsa en Salto frenó la producción y fueron enviados al seguro de paro 80 personas.