El emotivo y exitoso retorno de Rocky Balboa

Creed: corazón de campeón rescata a la franquicia del boxeador, y le dio a Sylvester Stallone una nominación al Oscar
Un joven de capucha gris corre por una calle de Filadelfia. A sus costados pasan motos y cuatriciclos, haciendo wheelies y acrobacias. Se detienen y comienzan a trazar círculos alrededor del corredor, que tira golpes al aire, salta, grita y saluda a un viejo campeón que lo mira desde un balcón y que décadas atrás protagonizó una escena similar, solo que subiendo los escalones del Museo de Arte de Filadelfia. El viejo, por supuesto, es Rocky Balboa. El joven es Adonis Creed, hijo de su viejo rival Apollo, y heredero de ambos sobre el ring.
Creed corazón de campeón

Creed: corazón de campeón, juega mucho con la idea de legado y herencia. En su rol de secuela, reinicio y derivado de la franquicia Rocky, es tanto una continuación de la historia del personaje creado por Sylvester Stallone –quien aquí repite– como un relato de "pasaje de antorcha", algo que también han hecho otras sagas como Star Wars en los últimos tiempos.

Stallone, nominado al Oscar como Mejor actor de reparto por este filme, es uno de los destacados al darle un giro diferente a su rol más famoso. Rocky está retirado, enfermo y solo, ya que su esposa y sus amigos han muerto. Su hijo ahora vive en Canadá. Pero la llegada de Adonis cambiará su vida; pasará a ser el mentor y entrenador del joven boxeador. Esto garantiza tanto momentos emotivos como un rol más secundario que al personaje le cae bien.

Por su parte, Michael B. Jordan es quien encarna a Adonis Creed. Si bien este no deja una actuación que rompa los ojos, sí hace un trabajo muy sólido y demuestra que puede ser un actor protagónico, augurándole un buen futuro en Hollywood.
Creed corazón de campeón

La relación entre boxeador y entrenador es el eje de la película como demuestra una de las primeras escenas del filme, en la que Adonis proyecta en su casa la pelea entre Balboa y su padre para comenzar a imitar los movimientos de Rocky frente a la pantalla. Esta es solo una de las tantas escenas poderosas de la película de Ryan Coogler. También lo es la primera pelea profesional de Creed (filmada en una toma continua con la cámara girando en torno a los dos púgiles) y varios pasajes del combate final.

La primera Rocky llegó a ganar el Oscar a Mejor película en 1976. A Creed no le tocará ese honor: todavía continúa la polémica por su ausencia entre las nominadas. Que estuviera sería acertado, aunque las secuelas no suelen tener suerte con la Academia. Más allá de eso, hay varios paralelismos con la historia original, desde el rechazo inicial de Balboa a entrenar a Creed (como sucedió con el propio Rocky y su entrenador Mickey en el primer filme original), hasta la trama romántica que corre en paralelo al boxeo. Todo esto se presenta con una dirección moderna, además de tomar como contexto la dominancia de la cultura afroamericana contemporánea.

Por supuesto que algunos de estos pasajes paralelos también generan emotividad, pero Creed tiene el mérito de que lo cursi funcione y no quede como algo desagradable. Creed es el regreso triunfal de una Rocky que inició como una película seria, y fue degenerando en una saga con todos los vicios de los años 1980 (actuación de Mr. T y Guerra Fría incluidas). Esta es una nueva versión, moderna y nostálgica, parecida pero diferente. Y con mucho futuro por delante.

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