El límite político del ajuste fiscal

Las aspiraciones políticas de Astori marcarán el alcance final del recorte del déficit
El equipo económico intenta convertir la lucha contra el déficit fiscal en una cruzada de esta administración. Para cumplir su objetivo, el gobierno no solo deberá velar por la profundización de un ajuste fiscal complicado en un contexto en el cual la economía se acelera, pero mantiene tasas bajas de expansión. También deberá pelear contra una cultura de gobierno que, ante las presiones electorales de final del mandato, antepone su necesidad de perdurar en el poder ante las necesidades del país de reducir sus vulnerabilidades.

El ministro de Economía, Danilo Astori, lo advirtió la semana pasada en una entrevista con el semanario Búsqueda. "Muchas veces, queriendo obtener ventajas desde el punto de vista político, electoral, partidario, sectorial o personal, se toman decisiones que perjudican al país y particularmente en el terreno fiscal", dijo.

Y agregó: "El gobierno anterior culminó con un déficit fiscal en ascenso. Y bueno, no es una excepción a lo que muestra la historia de los procesos electorales en el país. Por eso, tenemos que ser capaces de corregir esa conducta y el temprano comienzo de la disputa electoral".

Ya el Presupuesto Nacional elevado al Parlamento por el Poder Ejecutivo en 2015, partía de un supuesto nada menor. Planteaba una reducción gradual del déficit fiscal que implicaba derogar en los hechos la costumbre de ensanchar el rojo de las cuentas públicas en los años previos a las elecciones.

El ministro tiene razón en que la coincidencia entre el ciclo político y los excesos fiscales de la anterior administración "no es una excepción a lo que muestra la historia". De hecho, si se toma el quinto año de gestión de las administraciones posteriores a la restauración democrática, hubo en promedio un déficit fiscal 0,9 puntos del PIB mayor respecto a la media del período de gobierno.

Ese incremento del déficit arranca desde el año anterior a los comicios. En el tercer año de la gestión el déficit es 0,5 puntos del PIB menor que la media de la administración, mientras que en el cuarto año esa ventaja se reduce a 0,1 puntos.

La batalla de Astori es todavía más complicada, porque las administraciones del Frente Amplio no solo han seguido la tradición de los partidos fundacionales, sino que han exacerbado esa costumbre.
En promedio, en su quinto año de gobierno la primera administración de Tabaré Vázquez y la de José Mujica tuvieron un déficit fiscal 1,1 puntos porcentuales mayor que en la media de su gestión. Ya en el cuarto año, el desbalance fue de 0,4 puntos por encima de la media.

El propio Danilo Astori decidió, en setiembre de 2008, abandonar su cargo de ministro de Economía para dedicarse a la campaña electoral. En 2014, el entonces ministro Mario Bergara –que políticamente respondía a Astori, que desde la vicepresidencia coordinaba el equipo económico– justificaba el déficit fiscal por la necesidad de inversiones de las empresas públicas.

Desde el Frente Amplio, muchos ven con preocupación la renovada obsesión de Astori por reducir las vulnerabilidades fiscales, aunque eso implique abandonar promesas electorales y asumir costos en votos. Hasta dónde triunfará el ministro en su afán restrictivo, dependerá del capital político, cada vez más reducido, que está dispuesto a sacrificar. Astori aún no se ha pronunciado sobre si peleará la candidatura por el partido de gobierno, aunque su nombre está en la lista corta. Desde ese lugar, parece difícil pensar que podría generar la presión necesaria para cumplir su objetivo de ajuste fiscal.

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