El presente y el futuro de la dramaturgia en Uruguay

Dramaturgos, jerarcas y expertos reflexionan sobre cómo se escriben obras hoy en Uruguay

En marzo llegó el gran anuncio. Tras casi tres años de colaboración, la Escuela Multidisciplinaria de Arte Dramático (EMAD) y la Facultad de Humanidades presentaron su flamante tecnicatura universitaria en dramaturgia en una mesa en la que, entre jerarcas y decanos, el mítico autor argentino Mauricio Kartún se convertía en referente pedagógico. En esa misma sala del Teatro Solís, un mes después, la Comedia Nacional (CN) refrendó una decisión que había anunciado meses antes: la programación de una temporada íntegra centrada en los autores nacionales. Con nombres jóvenes como Jimena Márquez y Santiago Sanguinetti en una misma lista que Florencio Sánchez y Milton Schinca, 2016 estaba destinado a ser una exploración, una manera de "poner a prueba" al público, en palabras del director del CN, Mario Ferreira. Superada con creces, ese ensayo sin error supuso estrenos a sala llena y entradas perpetuamente agotadas, que no dejaban ver de qué hablaba tanto la gente.

Pese a la novedad que puedan suponer ambos factores a golpe de vista, estos adquieren el rol de consecuencia, no de causa. "Tanto la tecnicatura como el ciclo de la CN vienen a reconocer y a coronar un proceso que empezó hace unos diez, quince años, de recuperación del espacio de los dramaturgos", señaló Gabriel Calderón. "Los dramaturgos tuvieron primero que dejar de buscar directores y empezar a estrenarse a sí mismos, recobrar espacios a nivel nacional, pero sobre todo internacional", señala.

El director del Instituto Nacional de Artes Escénicas (INAE), José Miguel Onaindia, enumeró con entusiasmo la proyección inédita. "Internacionalmente, en este momento, no sé si hay un descubrimiento, pero sí una mirada muy atenta a lo que sucede en el teatro en Uruguay. Hoy hay una puesta en escena argentina de No daré hijos, daré versos (Marianella Morena). Trinidad Guevara (también de Marianella Morena) está recorriendo México. Tebas Land (de Sergio Blanco) está en Europa. Santiago Sanguinetti acaba de montar su Casco azul en Chile. Hay un movimiento y un pedido permanente de presencia en festivales y no solo eso, sino que se hacen versiones en otros países", agregó el jerarca. Completa la lista la publicación de la antología Dramaturgia uruguaya contemporánea (ver recuadro) en la editorial mexicana Paso de gato y la reproducción de varias obras de autores nacionales en sellos extranjeros.

"La respuesta del exterior es que te dicen 'Sí. Sí. Quiero. Identidad. Uruguay. Qué bueno, me encanta. Es original'. Esa es una constante", comentó la dramaturga Marianella Morena, una de las presencias uruguayas más fuertes en el panorama internacional, que también identifica una "pulsión creadora" en Uruguay que no se replica en otras partes de América Latina.

No daré hijos, daré versos
<i>No daré hijos, daré versos,</i> de Marianella Morena
No daré hijos, daré versos, de Marianella Morena

Al otro lado del río

Al rastrear el germen de esa fertilidad, tanto Morena como Sanguinetti reconocen la herencia argentina en la dramaturgia uruguaya actual. Con nombres como Javier Daulte, Rafael Spregelburd, Alejandro Tantanián y Daniel Veronese, el grupo teatral Caraja-jí, activo entre 1995 y 1997, fue padre y mentor "con una intención explícita de no encriptar mensajes a través de las obras de teatro", y la multiplicación de "la producción de sentido difuso, que opere como pantalla en blanco donde uno proyecte sus propias figuras", comenta Sanguinetti.

"Ellos fueron figuras modélicas para dramaturgos y directores uruguayos de aquel momento, como Mariana Percovich, Roberto Suárez, Morena y Blanco (...). Este grupo, que empieza a estrenar también en los 90, además de privilegiar al actor y al espacio, también tuvo un tratamiento distinto de los temas y de la dramaturgia", explicó Roger Mirza, responsable académico de la Maestría en Teoría e Historia del Teatro de la Facultad de Humanidades y compilador de Dramaturgia uruguaya contemporánea, aún no disponible en el país. "La preeminencia de lo experimental, de lo extraño, de lo subterráneo" son claves, y "se introducen fenómenos de ruptura, y por lo tanto dislocación del orden sincrónico por un lado y del orden lógico por el otro", agregó Mirza.

Internacionalmente, en este momento, no sé si hay un descubrimiento, pero sí una mirada muy atenta a lo que sucede en el teatro en Uruguay - José Miguel Onaindia

En un panorama actual de variedad y abundancia dramatúrgica, el espíritu que aúna a todos los nombres grandes y actuales del medio local es, justamente, el de la ruptura. "La ruptura de la relación ficción-realidad, del lenguaje convencional, de la lógica, de la familia modélica, la sociedad modélica, el país modélico. Esto no es lo mismo que lo que hacían en postdictadura, cuando había un aspecto de denuncia y de racionalización del sacudón", explicitó Mirza.

Para Sanguinetti, ahora con El gato de Schrödinger agotado para el resto de la temporada de la CN, esa ruptura supuso, en cierta zona de la dramaturgia uruguaya, una "desjerarquización temática y una sucesión permanente de detalles en el tratamiento de temas. En las obras de Spregelburd, en las mías y creo que en las de Gabriel (Calderón) también, es difícil identificar un único tema, porque se habla de muchas cosas, y todas están a la par".

"Salirse de los modelos preestablecidos es otra característica de la dramaturgia uruguaya", agregó el dramaturgo, también refiriéndose a la multiplicidad de tonos y a otro legado de Spregelburd: el humor que desolemniza el objeto estético. Así, "El gato de Schrödinger podría ser definido como drama satírico, melodrama, tragedia, comedia pura, comedia con ribetes de grotesco, de sainete o con elementos de ciencia ficción", reflexionó.

Sin embargo, para Morena, la falta de enseñanza en dramaturgia en Uruguay jugó un rol fundamental en la forma que adoptaron los textos y en los procesos de sus creadores. "La carencia de una formación permitió que no haya una matriz referencial. Ahora hay un grupo de gente que está escribiendo que no tiene nada quever uno con el otro. Y ese es un dato de singularidad que los extranjeros señalan sobre nosotros". La libertad del autodidacta.

El gato de Schrödinger
<i>El gato de Schrödinger,</i> de Santiago Sanguinetti
El gato de Schrödinger, de Santiago Sanguinetti

El poder del ingenio

La falta de recursos materiales también se demostró clave para poner a la mente en movimiento. "Los modelos de producción, modelos económicos", insistió Morena, "determinan los modelos estéticos".

Y añade: "Yo no tengo dinero para investigar un año con 50 actores en un escenario a mi disposición. Yo tengo mi cabeza. Yo investigo con mi cabeza. Y esa investigación se desarrolla directamente con el lenguaje, con los pliegues del lenguaje, con pensar la escritura como fuerte y vulnerable a la vez. Como si tuviera una posibilidad de grieta. Eso tiene que ver con la austeridad en la que estamos sumergidos, Y eso es otro sello, cuando dicen que resolvemos mucho con poco", dijo a la vez que sus manos delinaban una suerte de muñeca rusa que se abría una y otra vez, como planteando varias realidades.

Así, su propio No daré hijos, daré versos, que pone a tres versiones de Delmira Agustini y de su esposo sobre el escenario de forma concomitante, se gestó en el mismo país que vio surgir a El gato de Schrödinger de Sanguinetti, que plantea la posibilidad de multiversos, o Juegos Mecánicos, de Fernando Nieto Palladino, que usa un truco con el continuo espacio-tiempo que permite revivir a un personaje fallecido. "Los niveles de ficción se multiplican", explicó Mirza. Y en esa operación, las fracturas son infinitas.

Al principio fue el verbo

Para Sanguinetti, luego del teatro simbólico y metafórico de los 70 y 80 siguió el teatro de la imagen de los 90 en tanto que, ahora, se vuelve a la palabra. "Hoy se está volviendo a la palabra y se está poniendo el énfasis en la producción de sentido. Para eso hay que utilizar el habla, el sistema de la lengua, como sistema de producción de signos por excelencia". Calderón introduce como excepción el trabajo de Roberto Suárez (Bienvenido a casa), "que no deja de ser un teatro de la imagen, del actor, de los estados". Sin embargo, reconoce una revitalización de la palabra, "que estaba un poco socavada. No menoscabada ni despreciada. Socavada. Poco a poco se fue deprimiendo el teatro de la palabra".

Pese a la incorporación de técnicas como los mappings o al diálogo con la danza e incluso el ilusionismo, "no hay un deslumbramiento por los nuevos lenguajes, que en otras dramaturgias u otras sociedades son elementos que molestan: el micrófono, las proyecciones, hablar al público", comenta Onaindia, quien prefiere hablar de acompañamiento.

En las nuevas escrituras también se instalan las reescrituras, tanto de la historia misma como de sus figuras. Para Mirza, No daré hijos, daré versos, es un ejemplo de lo segundo: "es un discurso distinto y que aborda aspectos hasta ahora no tocados de esas figuras, no es solo desmitificar mostrando las limitaciones humanas, las bajezas, las pobrezas. Es mostrar también lo apasionada que era Delmira, lo violenta que era, su sensualidad desbordante". En tanto, Las julietas, también de Morena, "se burla con eficacia poética" del mito del Uruguay campeón del mundo.

Ahora hay un grupo de gente que está escribiendo que no tiene nada quever uno con el otro. Y ese es un dato de singularidad que los extranjeros señalan sobre nosotros - Marianella Morena

"El tema de la dictadura aparece en obras de Calderón", ejemplifica Mirza, "pero no lo trata para denunciar al torturador y al sistema, sino que muestra intrafamiliarmente lo que ocurría entre el padre, el tío y el hijo. Empieza a entender que pasó dentro de las familias. También Morena, cuando hizo Antígona oriental, tomó a 17 mujeres que habían estado presas en la dictadura y mezcló fragmentos de Sófocles con declaraciones de ellas".

Contrastando, "en Argentina, cuando se trata el pasado, se lo trata de forma muy solemne y previsible", señaló Onaindia, exdirector del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales de Argentina. "Eso no es un defecto, es un modo, pero hay una lectura impuesta de cómo leer el pasado, entonces desde lo dramatúrgico se elude. No hay un abordaje como hace Calderón o Sanguinetti".

Aunque en Uruguay se nota una presencia de la temática de género en autoras fuertes como Morena, Percovich y la joven Lucía Trentini, entre otros, la dramaturga de No daré hijos, daré versos no considera que esa sea una temática clara de la escritura teatral uruguaya, sino que "falta muchísimo". "A mí es algo que me interesa porque cuando uno empieza a escribir, la primera pregunta es con uno mismo, el primer espacio de conocimiento es con uno mismo", identificó la autora, quien considera necesario reforzar la presencia de mujeres en el medio.

Mi muñequita
<i>Mi muñequita</i>, de Gabriel Calderón
Mi muñequita, de Gabriel Calderón

Sangre nueva

La incorporación de los jóvenes, sin embargo, no padece esas dolencias sino que transita un camino pavimentado por Calderón, quien escribió su primera obra con 19 años y un par de años después adquirió notoriedad con el estreno de Mi muñequita. "Cuando hicimos [esa obra] y le fue muy bien, y mucha gente llenó el Teatro Circular, empezó a pasar lo natural. Los grupos jóvenes empezaron a decir: 'si ellos pueden, ¿por qué nosotros no?', y pidieron horarios marginales en otros teatros. Fue un accidente bueno, ahora tenés, en el medio, a cualquier joven que quiera estrenar", señala el dramaturgo, quien, con 33 años de edad, cuenta con 20 obras escritas y más de una decena estrenada. "En Europa no hay manera. A mi edad tendría 3 ó 4 si me iba bien".

Una característica de esas nuevas generaciones, para Sanguinetti, es la formación primera como actores, preparación heredada de figuras como Shakespeare o Moliére. "Cuando hay grandes novelistas o poetas que escriben obras -hay excepciones, por supuesto-, en general las obras carecen de cierta dinámica, más teatral. Pero los actores que escriben tienen eso en cuenta".

Morena identifica, a la vez, "un pensamiento del lenguaje en la práctica", con diferencia del "autor de escritorio", que no ha procesado sobre su cuerpo, sobre sus vivencias. "Son más flexibles, más relajados, se buscan en la práctica. Piensan una cosa, la hacen, la montan. Las nuevas generaciones son actores, y no sé si hay una respuesta clara de por qué empezaron a escribir sus propios textos, pero creo que tiene que ver con la accesibilidad, y con un desarrollo del pensamiento autónomo", agregó Morena, aunque no descartó la peligrosidad de ser visible desde temprana edad, sin poder antes enfrentarse al fracaso desde el anonimato.

El universo total de jóvenes y adultos dramaturgos, escapa la contabilización. "Hay más gente interesada por la dramaturgia, no sé si hay más dramaturgos", comentó Calderón. "Pero es como que te dijera: si vos querés un Suárez, un Cavani, un Forlán, es posible si tenés un país como Uruguay, en el que que cada persona hace algo relacionado al fútbol o vive el fútbol de alguna manera. Yo no creo que todo el mundo tenga que escribir, pero sí que todo el mundo esté interesado en la dramaturgia para que tengamos dramaturgos interesantes".


Antológicos

El libro Dramaturgia uruguaya contemporánea incluye 11 obras: El informante, de Carlos Liscano, La mujer copiada, de Sandra Massera, El Examen, de Carlos Rehermann, Medea del Olimar, de Percovich, Don Juan, el lugar del beso, de Morena, Sarajevo esquina Montevideo, de Gabriel Peveroni, Bienvenido a casa, de Suárez, Tebas Land, de Blanco, Quemadura china, de Verónica Perotta, Ex/ que revienten los actores, de Calderón, y Sobre la teoría del eterno retorno aplicada a la revolución del Caribe, de Sanguinetti.


Cara al escenario

Se estima que la tecnicatura en dramaturgia comenzará sus cursos en 2017, aunque aún se definen nombres, programas y plazos. Sanguinetti, flamante director de EMAD, señaló la importancia que sus estudiantes cursen materias complementarias de la escuela. "Hay que conocer desde adentro el laburo del teatro para no escribir de espaldas al escenario", señaló, al tiempo que Calderón espera que la tecnicatura "genere discusiones más interesantes. Ahora la discusión es "¿hay interés en la dramaturgia nacional?".


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