El smartphone: ¿un aliado o el jefe en el bolsillo?

El director de SEG Ingeniería, Fernando Schaich, invita a los lectores a no depender tanto del teléfono móvil

Hace ya algunos años, una amiga (Xime) me preguntó: "¿Cuándo vas a cambiar tu celular por algo mejor que esa porquería?". Recuerdo perfectamente mi respuesta: 'El día que pueda tener todo en uno, es decir, computadora, teléfono, cámara de fotos, despertador, calculadora, etc'. Años después, cumplí mi palabra y pasé de un teléfono que era solo teléfono y poco más, a un smartphone.

Pero, ¿a qué viene todo esto? Lo bueno fue que el smartphone me permitió resolver muchas cosas a distancia, pero lo malo es que fue... durante mis vacaciones.

Hace algún tiempo escribí sobre si el emprendedor es realmente inteligente y en algunos ejemplos -y en algunos momentos en mi caso- se demuestra claramente que no. Hay una fuerza sobrenatural que nos lleva irremediablemente hasta el teléfono varias veces por día durante fines de semana o vacaciones, pero no precisamente para atenderlo por una llamada.

Los emprendedores (palabra que de tanto repetirla, ya me esta molestando, me gustaría llamarle de otra manera, digamos los "E") gozamos de una falsa libertad cuando nos creemos que no tenemos jefe. Es cierto, no tenemos un jefe, sino que tenemos muchos jefes. Tantos como clientes.

Entonces me pregunto: ¿Ese aparatito (cada vez menos "ito" a la luz del tamaño de los últimos modelos de smartphones) que llevamos en el bolsillo, es apenas un teléfono o se trata de la ventana para que nuestros "jefes" nos puedan ubicar más fácilmente por Whatsapp, Facebook, Twitter, Linkedin, mail, etc?

En estos años he pasado por todos los estados respecto de este tema y hoy puedo decirles que tengo casi dominada a mi fiera interior gracias a algunos artilugios, como dejar el teléfono lo más lejos posible de mi persona cuando llego a mi casa, usar el modo avión una vez que decido dejar la oficina (virtual o real), no tener Facebook ni Twitter y por sobre todo, tratar de no usar el aparatito a la hora de la comida. Confieso que también me molesta bastante cuando en una reunión de trabajo la gente apoya el celular arriba de la mesa como si se tratara del revolver en una reunión de Al Capone y sus secuaces. Pero bueno, muchos de ellos son mis "jefes" y no les puedo decir nada.

Evidentemente algún bloqueo sucede en nuestros cerebros cuando vamos a ver si tenemos mails de trabajo durante las vacaciones o los fines de semana (obviamente hay excepciones a todo: si uno tiene la desdicha de fijar sus vacaciones justo en el momento en que algo importante laboral está por suceder, bueno, a bancársela porque los "E" seremos poco inteligentes pero tampoco idiotas ¿o si? Ver al final la respuesta).

Tampoco voy a negar que estos elementos son útiles a la hora de estar lejos de nuestra familia y al menos nos "acercan" un poco.

Se trata de un ejercicio de auto-control, que como muchas cosas en la vida, debemos consumir con moderación. Quizás una manera de empezar a generar consciencia seria cambiarle el nombre: no más smartphones sino "stupidphones". Pobres smartphones, en realidad ellos sí son bastante "smart", los que somos "stupid" somos nosotros.

Hasta la próxima.

Enviado desde mi iPhone


Comentarios

Acerca del autor