"Enfrentarse a un texto de Shakespeare es un desafío"

El actor y director Levón desmenuza Como gustéis, el clásico que llevó al Solís
William Shakespeare siempre está presente cuando se habla de teatro. El bardo inglés es, como dice el actor y director Levón Burunsuzian, la fuente. Sin embargo, sus obras estuvieron un tiempo alejadas de la cartelera de la Comedia Nacional por el ciclo de autores uruguayos que se desarrolló en 2016. Ahora, con el estreno de Como gustéis, Levón explora al dramaturgo inglés una vez más y da las razones por las que siempre se vuelve a él, la fuente definitiva. La obra se presenta viernes, sábados y domingos en la sala principal del Teatro Solís, a las 21 horas.

¿Por qué retomar clásicos en la Comedia Nacional?

Los clásicos son la fuente y a la fuente siempre hay que volver. De allí surge el teatro. Y esto es una exigencia que le hace bien al elenco y al público, tener estas visiones, estos pensamientos. Es fundamental, más aún en esta época. Con respecto a Shakespeare, lo mismo: es la fuente del teatro. En esta obra estamos en pleno Renacimiento, se toman los elementos del teatro antiguo, se revé la presencia del hombre genéricamente. El humanismo como corriente está muy presente, así como la reflexión, el juego, y los temas pastoriles.

¿Es más sencillo representar un clásico que un texto contemporáneo, menos conocido?

En ambos casos, uno nunca sabe cómo va a funcionar. Ni siquiera con Shakespeare. Lo que me parece interesante de este teatro es que el actor está presente, y es a partir de él que se juegan todas las situaciones. Eso le da universalidad a la obra. En estos autores, a pesar de ser clásicos, uno siempre está descubriendo cosas nuevas. De ahí su vigencia. Pertenece a un género pastoril pero en el cual, sin embargo, se plantean ideas poderosas. Enfrentarse a estos textos es un desafío, no banalizarlos es un desafío, mantener el texto a pesar de las traducciones es otro desafío, porque de alguna manera lo alejan a uno de ciertas esencias originales. Además, en este tiempo en el que el tiempo, valga la redundancia, es otro, el público se compromete con los juegos, los elementos físicos que la obra tiene, su puesta en escena. Como Gustéis es una oportunidad para el desarrollo de los autores, sumado a las exigencias que supone el Solís para un actor de un elenco estable, donde el actor y la actriz deben estar afinadísimos para estas grandes dimensiones, para reconquistarlas.

Comparado con Hamlet o Romeo y Julieta, Como Gustéis no es uno de sus títulos más conocidos.

Acá no, en Inglaterra claro que sí. Creo que es la primera vez que se hace en Uruguay. Siempre son desafíos y a mí particularmente me gustan estos contextos que no han sido trabajados antes. Simplemente por pura vanidad.

¿Cómo hizo con la traducción para no perder la esencia original?

Fue algo muy complicado. Para esta obra no hice una traducción, sino que trabajé con varias y el original en inglés. Lo que si he hecho es una versión de la obra con ciertas modificaciones en el orden de las escenas. Es una obra muy difícil de traducir, porque se manejan ideas, entonces hay constantemente una dialéctica muy particular entre la realeza y la fortuna, el campo y la corte, los poetas y la mentira. Siempre se está dentro de esos juegos, que me parecen interesantes y creo que sostienen la obra. En ese sentido, es muy difícil traducir los versos del inglés al español, porque supone cambiar los ritmos al hablar, entre otras cosas. Por eso no puede ser una traducción literal. Tal cual dicen: una traducción supone siempre una traición. El lenguaje, de alguna manera, nos permite la acción cuando aparece la comprensión. Acá se da esa situación que nos permite trabajar desde la puesta en escena y también desde lo performático, dos instancias que me parece fundamental seguir trabajando en el teatro.

¿Qué significa Shakespeare para usted?

Mucho, porque él ha trabajado para siempre para nosotros. Ha escrito para los actores que tenía y ha definido los personajes por los actores que tenía. Él conocía a cada uno de sus actores y desarrollaba sus personajes de acuerdo a sus características. Me gusta eso: de una vez por todas hay que devolver el teatro a los actores y él lo hacía y lo continúa haciendo.

En 2014 dijo en una entrevista que su personaje soñado sería Hamlet ¿Lo seguirá esperando o irá en su búsqueda?

No, lo sigo esperando. No sé a qué esperan. Hay toda una historia con Hamlet. Vi varias representaciones, pero cuando vi el de Roberto Jones, que fue en el año 75, dije "lo que hace este hombre no se va a poder volver a hacer". Me fascinó como lo hacía y mi sueño siempre fue hacer Hamlet. Esa obra tiene todo, más allá que dicen que no es para representar sino para leer, por su contenido filosófico.

En La duda en gira, en la que trabajó en 2016, se aborda de cierta manera ese texto.

Sí. Después me enteré, al final, que tenía relación conmigo esa obra. La autora (Jimena Márquez) había escrito cosas porque sabía que a mí me gustaba Hamlet, entonces jugaba con eso. Además, yo me vanagloriaba que solo yo podía ser Hamlet. Y lo creo (risas).

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