Escaramuza, una librería que va más allá de los estantes

"Librería café con una impronta cultural fuerte": esa es la definición del lugar que dan sus dueños
Por Cecilia Presa, especial para El Observador.

Sábado al mediodía. El frío invernal se hacía sentir en las calles vacías del barrio Palermo en Montevideo. Puertas adentro de una enorme casa antigua en la calle Pablo de María entre Charrúa y Canelones, la realidad no podía ser más opuesta. La librería-café Escaramuza -que abrió sus puertas a fines de mayo– recibe a quien la visita en un ambiente cálido en todo sentido. Los estantes de madera con libros cubren las altas paredes de esta antigua y pintoresca casona. La iluminación proviene de una combinación entre la luz color ocre de unas originales lámparas en forma de poliedro y la que llega de afuera a través de dos grandes claraboyas. Más libros se pueden encontrar sobre varias mesas distribuidas por temática. La ausencia de publicidad de best sellers o nuevas adquisiciones impacta de manera positiva. A la hora de la visita, la encantadora cafetería de la parte trasera del local estaba llena. Pero esto, lejos de ser un problema para quienes esperaban, significó una oportunidad de recorrer cada sección y descubrir o redescubrir títulos. Desde traducciones muy cuidadas de libros clásicos, pasando por grandes –tanto en tamaño como en calidad– libros de arte y diseño o novedades y reliquias de la música y el cine, hasta una variada gama de literatura infantil y juvenil.

El lugar invita a recorrer sin apuros y, más allá de los tamaños y el atractivo de las tapas, no hay una preponderancia de un libro sobre otro.

Había jóvenes hojeando libros y un par de ellos leyendo. Una familia con niños recorría la gran sección de cuentos infantiles, mientras que un grupo de personas mayores charlaba sobre Llévatela, amigo, por el bien de los tres, el peculiar título de un libro. "Un diferencial de la librería es que hay editoriales y libros que no se encuentran en Uruguay, que traemos de España o Argentina", explicó Alejandro Lagazeta, uno de los dueños del lugar. El que leían los señores, en particular, es un libro escrito en 1989 de la editorial argentina Caja Negra.

Lagazeta incursionó en el mundo de los libros hace 13 años con un puesto en la feria de Tristán Narvaja, que mantiene y arma religiosamente todos los domingos. "Está bueno sostener las cosas que van contigo en el tiempo; son como una bajada a tierra, como para no marearse."

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Además de librería-café, Escaramuza también es una editorial que completa una familia, integrada además, por la librería La Lupa y la editorial Criatura libros, ambas manejadas por el mismo grupo que integra Lagazeta. Pero el primer eslabón de la cadena literaria es la feria. "La feria es como una escuela para los libreros de toda la organización –las dos librerías y las dos editoriales– podría decir que el 60% de los que trabajan empezaron ahí".

Mientras Lagazeta hablaba, Camilia, una de las libreras de Escaramuza, atendía a un cliente que le consultaba por el libro de Fernando Cabrera. Hace algunos años ella trabajaba con el público de la calle Paysandú en la feria de Tristán Narvaja.

"Los libreros acá son gente formada que no tanto te recomiendan libros, sino que están atentos a poder guiarte si vos lo requerís en la búsqueda de algunas cosas", comentó Lagazeta.

Su socio en Escaramuza es el argentino Pablo Braun, dueño de la librería Eterna Cadencia, que lleva el mismo formato de librería, café y editorial y se encuentra, casualmente, en el barrio Palermo bonaerense. Lagazeta dijo que antes de quedarse con la hermosa casa en la que hoy funciona Escaramuza recorrieron más de 60 locales en varios puntos de Montevideo.

"El proyecto era hacer una librería café; lo que nunca estuvo fue esta librería, en esta casa, con este café", contó. El lugar, que luego de adquirido fue remodelado y adaptado por el estudio de arquitectos Magnone en asociación con el arquitecto Fabrizio Devoto, está ubicado en una zona de la capital en la que lo que prevalece son los boliches nocturnos.

El asunto del café
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En cuanto se vació una mesa del café, uno de los mozos se acercó hasta la librería para avisar a quienes esperaban que podían sentarse a comer. Uno se puede llevar el libro que le interesó para leerlo mientras saborea el café de MVD Roasters, la primera empresa tostadora de café de Uruguay. Eso sí, con la condición de devolverlo tal cual estaba en la librería. Si el clima acompaña se puede ocupar una de las mesas del amplio patio trasero.

La carta incluye un menú con tortas dulces, sandwiches calientes y medialunas para la mañana y la tarde, mientras que al mediodía los platos principales y postres pueden variar.

Un cartel en la entrada indicaba el menú del día: sopa de calabaza, lasaña, verduras asadas y torta húmeda de chocolate o flan de coco de postre. Comidas sencillas pero muy ricas con precios acordes.
Los responsables de la moderna cocina del lugar son Alejandro Morales y Florencia Courrèges, los mismo cocineros de La Huella de José Ignacio, considerado el mejor restaurante de Uruguay y uno de los mejores de Latinoamérica según el ranking The 50 Best Restaurants.

Los ingredientes son todos comprados a productores orgánicos de Sauce, Canelones, aunque para la primavera planean crear una huerta urbana con paneles solares en la amplia azotea del local –por ahora inhabilitada para clientes– para dar talleres a niños y usar lo que se cultive como insumo para la cocina.

La música de fondo –que suena en la librería y en el café– también se adecúa al momento del día y puede ser de estilos tan variados como Summertime Sadness, de Lana del Rey, Nos siguen pegando abajo, de Charly García, o Cosas sueltas, de Rubén Rada. Siempre con el volumen justo para charlar o leer.

Contra lo cool
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"Librería café con una impronta cultural fuerte": esa es la definición del lugar que dan sus dueños. "Mucha gente te dice: 'esto parece Europa o Estados Unidos' y a mí me rompe un poco que digan eso porque Escaramuza es uruguayo y tengo a mi socio argentino, pero quiero decir que esto lo podemos hacer acá, con gente de acá", expresó Lagazeta.

Uno de los comentarios en la página de Facebook de Escaramuza dice en inglés: "This is the new 'it' place", que en español sería algo así como "Este es el nuevo lugar de culto".

Sin embargo, hay algo que todos los miembros de Escaramuza –tanto los mozos del café como los libreros– tienen claro: lo importante es dar un buen servicio y no creerse más que nadie. "Las cosas se hacen para que sean funcionales, no por cool. No somos cool y, si un día lo somos, yo estoy en el horno porque no tengo ese origen", señaló Lagazeta.

Entre la librería de la parte de adelante y la cafetería de atrás, hay un salón en donde se dictan talleres de literatura, escritura, fotografía y música, entre otros, que comenzaron antes de la apertura oficial de la librería. "No sabíamos cómo iba a responder el público, así que empezamos con los talleres para que circulara gente". Pero el dueño de Escaramuza contó que en seguida que el lugar fue abierto "se tapó de gente". "Y eso es malo porque entrenamos al personal en la locura, satisfaciendo las demandas de los clientes. Lo bueno es que los retuvimos." Lagazeta es muy crítico con los servicios que ofrecen: "Recién estamos arrancando, tenemos muchas cosas para hacer", repitió, en el final de la entrevista, con énfasis.

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