La energía que nos mueve

Columna de opinión publicada en El Observador Agropecuario
Por Luis Romero Álvarez, especial para El Observador

Una tormenta perfecta, que ya va amainando, revirtió el ciclo de precios de las commodities de manera violenta en velocidad y profundidad.

Los productores del mundo vieron caer en forma instantánea, como debe ser, la soja de US$ 540 a US$ 300 y el petróleo de US$ 100 a US$ 30. No aquí. La baja de granos, leche y otros productos llegó como un rayo, pero el gasoil aquí no bajó nunca.

En Bolivia, el novillo gordo cebuino vale US$ 1,50 en pie como mínimo y el gasoil vale US$ 0,50 por litro; aquí nuestros mejores novillos de razas europeas valen US$ 1,50 por kilo en pie y el gasoil vale US$ 1,50 por litro. Cualquiera se da cuenta que esto no puede ser.

Y ni hablemos de la energía eléctrica. Con las lluvias superabundantes, la generación hidroeléctrica fue máxima a un costo de unos US$ 30 el megavatio; los parques eólicos estarían felices de vender el megavatio a alrededor de US$ 90 y con esas dos fuentes se pudo abastecer una porción altísima de la demanda. Sin embargo, pagamos la electricidad al doble de esos promedios de costo, muchísimo más cara que en países competidores directos. ¿Qué nos pasó?

A mi juicio, la historia viene de lejos. Batlle y Ordoñez, ese gran presidente que buscó hacer saltar al país hacia el futuro, entre sus dos presidencias viajó a Europa y se empapó de la vanguardia del pensamiento social de la época. Se sabía que los monopolios generan rentas monopólicas y se pensaba que dando monopolios al Estado, con la captura de esas rentas especiales, se podría usar un nivel de impuestos más bajo en beneficio de la sociedad.

Así nacieron nuestras empresas públicas con monopolios varios. Linda idea lamentablemente errónea por un factor entonces desconocido: el Estado administra tan mal (en todas partes) que la renta monopólica que haría rico a un empresario mediocre, en manos del Estado desaparece y se llega al absurdo de ANCAP, que nos hizo perder hasta las ganas de comer vendiendo petróleo carísimo en forma monopólica.

Así nos quedamos con empresas públicas que les pertenecen a sus empleados (no a los uruguayos) y que hacen lo que quieren con ellas (especialmente gastar mucho en publicidad inútil para cumplir con la carrera de algún dirigente y de paso hacer que los uruguayos las adoremos). Y, a cambio, los uruguayos recibimos productos y servicios caros y de calidad mediocre. Y para colmo nos castigan con impuestos altísimos porque el Estado gasta demasiado.

Fue un error garrafal haber contratado 70 mil empleados públicos adicionales en la última década, que costarán para siempre US$ 1.000 millones anuales a cambio de nada. Eso lleva a no tener recursos para arreglar carreteras por ejemplo y entonces a alguno se le ocurre decir que "el que rompe, paga" para cobrar más impuestos. El problema es que el que rompe ya pagó y mucho, en impuestos al gasoil, por ejemplo, que debieron atender la reparación de rutas y se malgastaron en otros rubros.

El gasoil es clave para el agro, para mover camiones que llevan insumos, mover maquinarias agrícolas en los campos y de nuevo camiones para llevar productos a los puertos. Con gasoil caro hay miles de hectáreas que no se siembran o mejoran, empleos que no se abren, fletes que no se contratan, exportaciones que no se concretan e impuestos que no se pagan. Perdemos todos.

Con la electricidad es igual. Con electricidad cara como la de aquí no se puede regar; por eso no se puede plantar maíz de alta tecnología (con el doble de semillas por hectárea y un paquete tecnológico acorde); por eso no se logran rendimientos de maíz de 15 mil kilos; por eso aquí el maíz es caro y por eso es que no podemos exportar pollos y cerdos, dos rubros que en el mundo vuelan pero dependen de maíz barato, y aquí luchan por mantenerse a flote.

Uruguay como país exitoso tiene que ser productivo y exportador; no hay alternativa. Para ser productivo y exportador hay que tener energía (diesel y electricidad) a precios muy competitivos como condición necesaria. Todo lo demás es verso.

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