La historia de la mujer que compró la casa equivocada

Tras sufrir escraches, recuperó destrozado el local ocupado por La Solidaria
Durante un año y medio María tuvo que ver su cara en carteles pegados en columnas de la avenida 18 de Julio esquina Roxlo, acompañada del texto "se busca". Pero no estaba perdida ni requerida por la Polícia. ¿Qué era lo que estaba sucediendo? La historia comenzó cuando, hace dos años, la mujer decidió mudarse definitivamente a Uruguay desde Chile, compró una casa y tuvo que hacer una demanda civil para que un grupo de personas que la estaban ocupando fueran desalojadas. Pero los ocupantes no eran un grupo de personas cualquiera.

María (nombre ficticio) había comprado la casa donde funcionaba el local del grupo anarquista La Solidaria, desalojado el martes 21 y que terminó con dos personas detenidas por disturbios y desacato.
Desde que adquirió la casa, la mujer tuvo que padecer el asedio del movimiento Plenaria, Memoria y Justicia, que pegó carteles con la cara de María en la principal avenida de la capital y organizó concentraciones en la puerta del juzgado donde se desarrollaban las audiencias para que la mujer intentara recuperar su casa, según contó a El Observador el abogado de la dueña, Guzmán Pedreira.

La idea de comprar una casa en Montevideo surgió cuando se estaba por jubilar. Viajaba frecuentemente a Uruguay y se quedaba en lo de sus hijos, pero quería tener su propio lugar. Luego de buscar, encontró la casa de la avenida Fernández Crespo, que pertenecía a una iglesia evangelista.
Cinco años atrás, el que era encargado de la casa se lo había prestado al grupo La Solidaria para que pusieran a funcionar una biblioteca. El hombre murió y la biblioteca siguió en pie hasta que la iglesia quiso recuperar el local. La Solidaria se negó y, luego de varios intentos, los evangelistas resolvieron poner la casa a la venta.

Como el caso amenazaba con terminar en un proceso judicial, los evangelistas decidieron vender y María compró la casa a muy buen precio. El trámite se realizó en un juzgado de paz y en la carátula del expediente figuraba que el proceso fue iniciado debido a "ocupantes precarios". Los ocupantes fueron a todas las audiencias con un abogado y argumentaron que "eran poseedores de la finca porque le habían hecho arreglos, porque hacía años que vivían ahí y porque los habían dejado entrar", según relató Pedreira.

"Andate, ladrona", le gritaban recurrentemente a María un grupo de personas con las caras tapadas que se apostaban en la puerta del juzgado.

Pedreira prefirió no relacionarlos con Plenaria, pero sí aseguró que en cada manifestación en la puerta del juzgado estaba Irma Leites, líder de ese movimiento. La defensa de la dueña llegó a solicitar a la jueza de Paz, Ana Galván, que otorgara garantías para que no hubiera disturbios en cada etapa del proceso civil.

En las audiencias, los demandados presentaron fotografías de la casa donde se veía que las cinco habitaciones que tiene estaban en buenas condiciones. A pesar de eso y de los argumentos en contra de ser "ocupantes", el grupo de La Solidaria perdió el juicio en primera instancia, apeló la sentencia y fue ratificada por un tribunal de apelaciones. Un año y medio después de iniciado el proceso, María pudo marcar en el calendario que el 21 de marzo recuperaría su casa.


Conforme se acercaba la fecha, los grafitis en las calles, pancartas y comunicados por las redes sociales en contra del desalojo comenzaron a ser más frecuentes. "¡Saquen sus manos de nuestros centros sociales!", decía un folleto que invitaba a concentrarse en la puerta de la casa el martes 21 sobre la hora 13.30. Tras más de un año de idas y vueltas por la casa, María esperaba que esa fuera la última manifestación que tuviera a la casa como protagonista.

La Solidaria
Mural dentro de la casa
Mural dentro de la casa

Algunos días antes la Policía había recibido una denuncia anónima porque un grupo de personas se estaba llevando mobiliario de esa casa en un camión. La Policía notificó a la Justicia, que desestimó actuar porque consideró que se trataba de una mudanza.

Cuando el martes 21, María y su abogado llegaron a Fernández Crespo se encontraron con el grupo de manifestantes y con la Policía, que intentaba contener a algunas personas que estaban causando disturbios. El tránsito estaba cortado por cubiertas quemadas y hubo rotura de vidrios en locales comerciales, a los que también les tiraron bombas molotov. La Policía detuvo a dos personas que permanecieron detenidas dos días. Ayer por la noche, la jueza María Noel Odriozola los dejó en libertad en calidad de emplazados.

El día del desalojo, para poder ingresar a la casa hubo que llamar a Bomberos para que rompieran la puerta de entrada que estaba tapiada. Al entrar, la dueña vio cómo sus posibilidades de vivir ahí, luego de meses de idas y venidas a juzgados, habían quedado tan arruinadas como los pisos y paredes del que iba a ser su nuevo hogar.

"Desmantelaron la casa por completo. Donde estaba el piso ahora había un pozo. No nos imaginábamos que esto iba a tener estas derivaciones", dijo su abogado. Pedreira relató que "lo que era una casa se había transformado en un terreno baldío".

"Desconcertada", como la definió su abogado, María no sabe qué va a hacer en ese lugar donde hace un año y medio pensó en instalarse. Por ahora, se dedica a tapar los agujeros que quedaron en la casa para evitar que otras personas intenten ocuparla.

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