La sonrisa de Seregni

La izquierda llegó a ser gobierno en 2005 y cortó la hegemonía de colorados y blancos. En 2019 buscará su cuarto mandato consecutivo

El nacimiento del diario El Observador coincide con un momento clave en la historia reciente de la izquierda. A fines de los años 1980 el Frente Amplio (FA) había sido conmovido por dos eventos. En el plano doméstico, por la escisión de los grupos más moderados, en 1989, que constituyeron, en torno a la carismática figura de Hugo Batalla, el Nuevo Espacio. En el plano internacional, por el tan inesperado como estruendoso derrumbe de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y de la mayoría de los países del campo socialista. El viejo pleito entre amplitud (de las alianzas) y profundidad (de los cambios), un dilema clásico de las izquierdas en todas partes, se puso, otra vez, al rojo vivo. Con el telón de fondo de la realización del II Congreso Ordinario del FA, en julio de 1991, el "documento de los 24" tiró más leña al fuego al reclamar "nuevas confluencias": "Confluencias del Nuevo Espacio y el Frente (...). Confluencias de las izquierdas con sectores progresistas de los partidos tradicionales, en ruta hacia una coalición para un gobierno alternativo de mayorías". El congreso frenteamplista incorporó el lenguaje de la "amplitud", pero siguió priorizando la profundidad de los cambios: "Es imprescindible caminar hacia la construcción de un gobierno de mayorías nacionales con el apoyo del mayor abanico posible de sectores sociales" y de partidos o grupos políticos dispuestos a realizar un proyecto antioligárquico y antiimperialista".

La rapidísima consolidación del liderazgo de Tabaré Vázquez volvió a colocar este asunto en el orden del día apenas tres años después. En 1994 los frenteamplistas debatieron nuevamente sobre política de alianzas. El II Congreso Extraordinario logró una proeza política: no modificó la plataforma programática del FA (no se alcanzó la mayoría especial de dos tercios requerida por los estatutos) pero admitió la creación de una Comisión Especial que, por mayoría simple, votó la creación de un Encuentro Progresista (EP) con un programa de cambios light en torno a la candidatura presidencial de Vázquez. Los comunistas, en plena crisis, vacilaron y se dividieron. El Movimiento de Participación Popular (MPP) perdió al Partido por la Victoria del Pueblo (el MLN-Tupamaros estaba en contra de la nueva alianza por considerarla un retroceso y una concesión al "centrismo"). Líber Seregni y Danilo Astori, el líder histórico y su favorito, respectivamente, miraban a la criatura recién nacida con más desconfianza que entusiasmo. Ya era evidente que además de una disputa ideológica había un pleito por la sucesión de Seregni entre el intendente de Montevideo saliente y el senador y candidato a la vicepresidencia de 1989. El desenlace es bien conocido. Vázquez no solo consiguió la creación del EP. Muy poco después, dejó en falsa escuadra a Seregni y a Astori al oponerse a la reforma constitucional. El 5 de febrero de 1996 el líder de la izquierda dio un paso al costado y dejó el camino libre al irresistible liderazgo emergente.

Durante la década siguiente la historia del FA giró en torno a tres figuras que circularon por carriles distintos. Por un lado, transcurrió en torno a la durísima disputa entre Vázquez y Astori. El fundador de Asamblea Uruguay, que priorizaba la profundidad de los cambios ("esto se sigue llamando revolución" había dicho en 1989, en el congreso frenteamplista que lo proclamó candidato a la vicepresidencia), se fue convirtiendo en la voz de la izquierda moderada. Vázquez, el intendente de Montevideo pragmático que encarnaba la idea de un gobierno de "mayorías nacionales" (más "amplio" que "profundo"), se convirtió en el guardián de la tradición. Por otro lado, la historia giró en torno a un insólito tercero en discordia, que luego de décadas de militancia revolucionaria había llegado en una Vespa a ocupar una banca en la Cámara de Diputados, electo por el MPP con el aval del MLN-T. José Mujica (escuela herrerista, liceo tupamaro, universidad de la calle), entre reflexiones y gestos sorprendentes, entre gruñidos y silencios, rápidamente se convirtió en un fenómeno político extraordinario. El MPP, testimonio de la ruina del MLN-T en 1989, se convirtió en su salvación y en el nuevo atajo hacia el poder en muy poco tiempo.

Si julio de 1994, el momento de la creación del EP, había sido un punto de inflexión fundamental en la evolución de la izquierda, julio de 2004 fue igualmente crucial. Luego de haberlo mortificado y arrinconado sin piedad por más de una década, Vázquez rescató a Astori de su penitencia y anunció que sería su ministro de Economía. Mirado en perspectiva, con ese gesto Vázquez hizo mucho más que sellar el destino de una elección que, en verdad, el FA tenía ganada de antemano. Esa designación anunciaba lo que el tiempo confirmó: los sucesivos gobiernos frenteamplistas serían, en términos de modelo económico, muy moderados, market friendly, una versión más centrada en el valor de la igualdad de la orientación fijada en 1974 en tiempos de la breve pero decisiva actuación de Alejandro Végh Villegas en el Ministerio de Economía y Finanzas de la dictadura. Así, de golpe, el FA pasó a ser "astoridependiente", para ganar tres elecciones seguidas con mayoría parlamentaria y para gobernar.

Solo Pepe Mujica, ese caudillo extraordinario que aprovechando un descuido de la guardia se escapó de una página de Pivel Devoto, pudo evitar que, pese al enorme apoyo explícito brindado por el presidente Vázquez, Danilo Astori fuera el candidato a la presidencia por el FA en 2009. Por eso mismo, solamente Mujica podrá evitar que en 2019 el favorito de Seregni finalmente logre la candidatura en el FA y dispute la presidencia. Vázquez, mientras tanto, demostrando que aprende de sus errores, abandonó la estrategia de la "influencia directriz". Ahora sabe que no alcanza con el "dedazo" presidencial. Por eso, para ganar la revancha y conseguir en 2019 lo que no logró 10 años antes, lo ha vuelto a nombrar su primer ministro y lo ayuda, todos los días, a evitar que choque con el FA. Por eso estamos viendo a un Astori que escucha a la Mesa Política, que negocia, que se muestra flexible, que tiene "marcha atrás". Seregni, desde lejos, sonríe complacido.

Esta nota forma parte de la publicación especial de El Observador por sus 25 años.


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