La abundancia de trigo en el mundo deprime el precio del cereal

La zafra de trigo en su menor expresión en una década

Los precios internacionales del cereal se derrumban ante una producción récord, lo que pone al cultivo local en la obligación de lograr rendimientos muy altos o dejar a los productores en rojo
Por Blasina y Asociados, especial para El Observador

Varias tendencias confluyen para marcar un momento delicado para el trigo en Uruguay. Por un lado, los precios internacionales del cereal bajan sin pausa y marcaron esta semana los menores niveles en una década. En particular, la cosecha del hemisferio Norte, prácticamente terminada, ha sido espectacular, con producciones récord en varios países.

En segundo lugar, el gradual regreso de Argentina a los mercados, a lo que se suma un buen año para la producción de trigo de Australia, los países que venden al finalizar el año en el mismo momento de Uruguay.

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En el caso de Argentina cabe esperar que sea el comienzo de una fase de expansión en la producción triguera de la mano de los buenos vientos que soplan para el sector agroexportador con el gobierno de Mauricio Macri.

En tercer lugar, Brasil abrió su mercado al trigo de fuera del Mercosur, lo que complica colocar en el mercado natural para el cereal uruguayo.

Para la agricultura uruguaya esto significa una sumatoria de desafíos que amenazan con agudizar un fuerte desbalance entre la zafra de verano, que sigue con una gran superficie de aproximadamente 1,5 millones de hectáreas, y un área de cultivos de invierno que no llega a ser un tercio de la de verano, y en baja. Los productores se vieron venir un panorama adverso en materia de mercados y redujeron fuertemente su apuesta al cereal.

Precios del trigo

Si los precios del trigo en el mundo ya venían flojos, en las últimas dos semanas terminaron de caerse. La baja ha sido tan fuerte que ha arrastrado a los cultivos de verano. Esta semana tocó su menor precio en una década, lo que se suma a un mínimo para los precios del maíz estadounidense en siete años y el menor para la soja en un mes.

Pero el mercado que está realmente saturado es el del cereal de invierno. La cosecha del hemisferio Norte ha quedado atrás y los resultados han sido muy buenos, en particular en Rusia y en Ucrania. También Canadá corrigió la semana pasada al alza su producción prevista en esta cosecha y EEUU, con menos área que el año pasado, también tiene una producción muy abundante, la mayor desde 2008.

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La semana pasada el trigo cayó 6% y en ésta siguió el derrumbe hasta quedar para la primera posición de Chicago por debajo de US$ 140 por tonelada, tocando mínimos desde agosto de 2006. La posición de diciembre que es la referencia para la comercialización de cebada en Uruguay se sitúa apenas por encima de US$ 140. Tanto en trigo como en cebada solo los productores que logren rendimientos muy altos se acercaran al empate con los costos.

Los precios de Chicago pueden parecer lejanos pero se conectan con los de Uruguay por dos vías. Por un lado, impactan directamente sobre el precio de la cebada, que está referenciada justamente con el trigo posición diciembre de Chicago. Por otro, han generado una brecha en el arancel externo común del Mercosur, dado que Brasil, unilateralmente y sin consultar a nadie, ha abierto un cupo importante de 750 mil toneladas para importar trigo extrazona.

Argentina vuelve al ruedo

Eso llega además en un momento en el que Argentina está exportando fuerte y con área en aumento. Los números para los argentinos tampoco son buenos pero el impulso de exportar sin impuestos luego de tantos años de tasas a la exportación e incertidumbre permite vislumbrar una competencia casi permanente.

Las ventas de trigo en el primer trimestre fueron 130% mayores a las del primer semestre de 2015. La libertad de comercio ha cambiado radicalmente el panorama respecto a los años anteriores. Antes el trigo uruguayo competía con una producción argentina maniatada y tenía en el brasileño un mercado casi cautivo.

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Ahora los brasileños se abren al mundo y los argentinos exportan con la misma libertad que Uruguay, pero con un trigo habitualmente considerado de mejor calidad que el uruguayo.
La superficie de trigo de Argentina este año quedó completada en 4,3 millones de hectáreas, unas 600 mil más que la zafra pasada, pero todavía lejos de las 6 millones de hectáreas que sembraba antes de las trabas de la era Kirchner. Tal vez una señal de la competencia por venir.

Gran producción mundial

En esta época del año, en la que los cultivos del hemisferio Sur son solo una promesa, lo que está pesando es la asombrosa producción que se ha generado en el hemisferio Norte. Excepto Francia, que sufrió inundaciones graves que incluso afectaron a París, en el resto de los países hay una producción exuberante.

El mundo se encamina a producir un récord de 743 millones de toneladas, 11 millones más que el año agrícola anterior, habiendo sembrado 4 millones de hectáreas menos. Aunque los bajos precios recortaron superficies, el clima favorable y la productividad siguen generando más producción de la que la demanda puede absorber.

Y eso acelera las presiones a la baja. En los países del Mar Negro, por ejemplo Rusia, Ucrania y Kazajistán, la producción creció tanto que se dificulta el almacenamiento y por lo tanto se coloca aún a un precio muy bajo.

Por otro lado, Egipto, principal importador mundial de trigo, anunció la semana pasada una política de tolerancia cero a la presencia de hongos en el cereal importado, otro factor adicional que alimentó la muy fuerte baja de precios de las últimas dos semanas.

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La lógica de los mercados se entrecruza con la política. Tanto a EEUU como a Rusia les interesa especialmente que el precio del trigo en Medio Oriente se mantenga bajo.

Fue entre otras cosas el alto precio del pan el que desató los desórdenes de la primavera árabe que terminaron en caos. Hoy los países importadores de Medio Oriente y norte de África disfrutan de precios que son menos de la mitad de los de 2008.

El desafío es para todos los productores de trigo del mundo. El sobreabastecimiento del grano se acentúa y se suma al del maíz, que está iniciando la mayor cosecha de la historia en EEUU. Pero tal vez en el caso de los uruguayos los desafíos son mayores, tanto para los productores como para las empresas vinculadas al sector.

El área en caída y el rendimiento incierto

En el caso del trigo, la de este año es una superficie sembrada nuevamente en fuerte descenso respecto a la del año anterior. Se plantaron, de acuerdo a las cifras oficiales, 222 mil hectáreas del cereal, lo que representa una caída de más de 100 mil hectáreas respecto a la siembra 2015, que fue de 330 mil hectáreas, y que venían de 400 mil hectáreas en la zafra 2014. Uruguay llegó a sembrar 590 mil hectáreas en 2011. Es difícil suponer que para el año próximo habrá una recuperación. Los márgenes seguramente serán muy exiguos.

Con un costo estimable en US$ 600 por hectárea, si el precio que reciben está en el entorno de US$ 150 por tonelada, solo una vez logrados 4.000 kilos se llega al empate. El rendimiento promedio nacional está 500 kilos por debajo de eso. Aunque los cultivos hasta el momento se desarrollan de manera aceptable, las lluvias han sido hasta ahora mayores a las deseables, la luminosidad no ha sido abundante y el riesgo de pérdidas por estas razones está presente. Salvo que sea una primavera muy favorable los resultados del trigo serán nuevamente muy ajustados y el área puede seguir bajando hasta casi dejar a Uruguay sin saldo exportable en 2017.

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