Los efectos benéficos de un diputado disidente

Ya no habrá mayorías automáticas en la cámara baja
Gonzalo Mujica, quien era diputado por el Frente Amplio desde 2005 y ahora actúa por la libre, hizo perder al oficialismo la mayoría propia que mantuvo en la Cámara de Representantes durante 12 años.

Ha habido otros parlamentarios rebeldes, como Víctor Semproni, Darío Pérez y Sergio Mier, pero Mujica se colocó de hecho junto a la oposición, al menos en algunos asuntos puntuales. La izquierda padece lo que otros antes: un diputado prófugo que no entrega su banca. Ocurre casi en cada legislatura, como ocurre que los parlamentarios no suelen levantar los fueros de sus colegas a pedido de la Justicia, con la única excepción del colorado Carlos Signorelli en 2008.

La tradición uruguaya tiene ejemplos para todo.

El médico Carlos Pita rompió con el Partido Nacional en 1986 y pidió ingreso al Frente Amplio en 1987. En todo ese periplo mantuvo la banca de representante que había ganado con los blancos en las elecciones de 1984. En los tres comicios siguientes fue reelecto por diversos sectores del Frente Amplio, hasta que fracasó con lista propia en las elecciones de 2004. A partir de entonces, los presidentes Tabaré Vázquez y José Mujica lo designaron embajador ante naciones de primera importancia: Chile, España, Estados Unidos.

En 1991 la Justicia pidió el desafuero del diputado Armando da Silva Tavares, un empresario que había abandonado las filas del Partido Colorado, para enjuiciarlo por delitos impositivos.

El Parlamento no concedió el pedido y Da Silva Tavares no entregó su banca y actuó según su criterio. La Justicia lo procesó en 1998, cuando ya no tenía fueros. En 2005 fue detenido en Panamá por presunta estafa a socios en negocios de hotelería y turismo.

Pero es más larga la lista de quienes entregaron sus bancas al romper con un sector o partido, al menos desde la apertura democrática: Manuel Singlet, Guillermo Chifflet, Helios Sarthou, Hugo Cores, Esteban Pérez, Diego Cánepa.
Gonzalo Mujica puede parecer oportunista y también es –según quienes le conocen– una persona inteligente que entiende de cuestiones económicas. Muestra un realismo político feroz, como cuando defendió hace tres meses el ajuste fiscal del gobierno y fustigó "la demagogia" de quienes proponían solucionar la crisis con más gasto y más impuestos, una salida que "no soporta la prueba histórica".

El miércoles 26 de octubre se reunió con el presidente del Frente Amplio, Javier Miranda, y con el coordinador de la bancada de diputados, Gonzalo Civila, a quienes explicó sus razones. Les dijo que tenía discrepancias con asuntos "claves" de la aplicación del programa del Frente Amplio vinculados "nada menos" que con la educación, la salud, la seguridad pública y la inserción internacional. "Muchos en el Frente creen que se debe ir más hacia la izquierda y yo creo que tiene que correrse más a la derecha. En realidad, en muchos aspectos el Frente está yendo para la derecha, pero yo voy doscientos metros adelante y les da bronca porque lo digo", explicó Mujica (ver nota de Leonardo Pereyra en El Observador del 29 de octubre).

Mujica dio muchas vueltas dentro de la izquierda antes de cruzar el Rubicón. Fue detenido en 1974, cuando era un jovencísimo estudiante de medicina y militante comunista en la FEUU (Federación de Estudiantes Universitarios). De nuevo fue apresado en 1981 y permaneció en la cárcel hasta 1984, cuando la apertura democrática. Después de pasar por el Nuevo Espacio, en 2004 ganó una banca en la Cámara de Representantes como aliado al MPP, que ese año se convirtió en la principal fuerza electoral de la izquierda. Una década más tarde, en 2015, rompió con el MPP y se pasó a Asamblea Uruguay, el sector de Danilo Astori.

Este lunes 31, al respaldar la formación de una comisión parlamentaria que investigara los negocios de Uruguay con Venezuela, Gonzalo Mujica dio el último paso para apartarse del oficialismo. Y al quedar con solo 49 diputados disciplinados en 99, el Frente Amplio perdió la mayoría en la Cámara de Representantes que logró en las elecciones de 2004, 2009 y 2014.

Ahora cada diputado adquiere luz propia. El oficialismo puede reunir mayorías con Eduardo Rubio, el único diputado de Unidad Popular, un lema izquierdista ultra-ortodoxo; con cualquier representante escapado de la oposición; e incluso con el propio Gonzalo Mujica. La ingeniería política puede producir formas insospechadas. Pero tal vez lo más trascendente sea la eventual puesta en práctica de una mayor cultura del diálogo y la negociación, una civilización más alta que los partidos estarían obligados a cultivar, ya sin mayorías automáticas ni aplanadoras

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