¿Por qué las películas uruguayas no convocan tanto? Responden tres directores

Pablo Stoll, Gustavo Hernández y Enrique Buchichio con diferentes visiones sobre los magros números locales

En un informe publicado el pasado sábado se da cuenta de una cifra poco saludable para la producción de cine local: cayó a la mitad la cantidad de espectadores convocados por filmes producidos en Uruguay durante el año pasado.

En ocasión de esa nota se consultó a tres personalidades relevantes para el cine local por su trabajo en películas pasadas, quienes ofrecieron su visión al respecto. Transcribimos aquí las respuestas que nos enviaron ante la pregunta "¿A qué atribuye la caída de entradas del cine nacional en 2015?".

Esta es la visión de los tres realizadores locales:

Pablo Stoll, director, guionista y productor (25 watts, Whisky, Tres, Hiroshima)

- Sinceramente, no me parece un pregunta importante. No en un año en el que se estrenaron películas con historias tan potentes como El hombre nuevo, El apóstata, Los Enemigos del Dolor, Una noche sin Luna y Dios Local. Sería realmente preocupante que se hubieran estrenado películas mal hechas o que no se hubiera estrenado nada. Eso sí sería un problema.

Que mucha gente no haya podido ir a ver estas películas tal vez responda a los pocos días y a las pocas horas en que se exhibieron. O de repente a la entrada carísima que se cobra en los cines del circuito comercial. En todo caso no quiere decir que no las vayan a poder ver de ahora en más. Por suerte existen, se hicieron y están ahí en el mundo. En el 2015 esas películas fueron más vistas en el exterior que acá. Que las mejores cosas uruguayas se disfruten en el extranjero es normal: pasa con la carne, pasa con Suárez y pasa con Godín. Vean las películas. Lo peor que puede pasar es que no les gusten (que no es tan grave) pero a lo mejor descubren algo que les llena el espíritu y los deja con ganas de hacer una película a ustedes también.


Gustavo Hernández, director, guionista y productor (La casa muda, Dios local)

Creo que existe una gran fracción de público que no le seduce ni se está reflejando en las propuestas del cine local. Se creó hace tiempo una etiqueta donde la cinematografía nacional es sinónimo de aburrimiento, repetición, falta de sorpresa y poca variedad. Hay una mirada generalizada de un sector del público que sentencia que el cine que se practica en Uruguay siempre es el "mismo perro con distinto collar". A varios de estos factores se le suma la falta de recursos económicos para producir y promocionar debidamente una obra.

En mi caso, en ambas películas (La casa muda y Dios local) la producción, que es la etapa donde se invierte el gran porcentaje de dinero para la realización, fue financiada íntegramente por nuestro equipo, de nuestros bolsillos, sin ayuda del estado. Nosotros para poder solventar esa inversión tenemos necesariamente que apuntar al exterior sabiendo que en Uruguay la franja de público que se puede interesar en el género de horror es ínfima y sería imposible recuperar el dinero. Entonces, lamentablemente, no podemos centrar nuestros recursos en el medio local, aunque tampoco nos podemos quejar porque entre ambas películas en Uruguay se vendieron alrededor de 30.000 entradas, entendiendo que son cifras muy optimistas para propuestas tan independientes como las nuestras.

Puede llevar un tiempo en recuperar la confianza del público y que opte como primera o segunda opción entrar al cine para ver un film local. Yo creo en la variedad y en la cantidad, elementos que personalmente pienso que está faltando. También se necesita más recursos económicos para la promoción. En algunos lugares del mundo se invierte un porcentaje altísimo del costo de la producción para publicitar el film. Acá en Uruguay es inexistente o se invierte en una cifra ridícula. Es cuestión de tiempo y gestión poder revertir el caudal de público y sabemos que ahora se está trabajando intensamente en esa dirección desde el instituto de cine.

Enrique Buchichio, director y guionista (El cuarto de Leo, Zanahoria)

Es muy difícil determinar una única causa o factor, creo que se debe a una variedad de factores. En primer lugar, es muy difícil predecir el comportamiento del público. pero hay una cosa que es clara: cuanto más se bombardea al público (esa masa heterogénea y variada pero que, en general, se comporta más o menos de la misma manera en todo el mundo) con las mismas películas, las mismas fórmulas, las mismas estrellas, las mismas estrategias de marketing, los mismos esquemas, en definitiva con un mismo tipo de cine, es muy difícil que una propuesta ajena a esos esquemas y parámetros (que además cuenta con escasos recursos para realizar una adecuada campaña de difusión) atraiga la atención del público.

Ahí tenemos una muy probable primera razón: el gusto del público está bastante formateado a un tipo de cine (el de Hollywood, o el que lo imita con los recursos necesarios como para no pasar vergüenza) y pretender que una película pequeña, independiente, sin estrellas y con una propuesta narrativa distinta sea un éxito de taquilla, es como pretender que un equipo de barrio con escaso entrenamiento vaya y traiga una Copa del Mundo.

A eso se agrega un prejuicio instalado que tilda al "cine uruguayo" (como si todas las películas uruguayas fueran iguales) de gris, lento, aburrido, deprimente. Desafío a cualquiera que afirme eso a nombrar las películas uruguayas que efectivamente ha visto, y puedo asegurar que no son más de tres. Un número un poco bajo como para sacar una conclusión tan apresurada que, claramente, condiciona bastante la posibilidad de atraer público ante cada nuevo estreno uruguayo.

- Pregunta: ¿Y cómo se puede cambiar con los recursos que existen ahora?

- Si por "lo que tenemos ya" entendemos este esquema de fomento, con estos presupuestos, estas posibilidades de acceder a fondos tanto para producción como para lanzamiento, y sobre todo un mercado exhibidor comercial que trate a las películas uruguayas con la misma vara que a cualquier película comercial (como si llegaran a ese mismo circuito en igualdad de condiciones), claramente es poco probable que la cosa cambie. Para cambiar (léase: atraer más gente al cine a ver películas uruguayas) deberían pasar muchas cosas, entre otras:

* Contar con más recursos para la producción y para la distribución y lanzamiento de las películas, que permitan hacer campañas mediáticas realmente masivas (como las que hacen las grandes distribuidoras) como para asegurar que la gente se entere que se estrena una película uruguaya.

* Contar con un circuito de salas alternativas donde las películas que seguramente no convocarán gran público (que también tienen derecho a existir y ser vistas por quien quiera verlas) puedan ser exhibidas en óptimas condiciones, con una permanencia adecuada para que la gente pueda verlas sin tener que ir corriendo el primer fin de semana y que no bajen de cartel a la segunda semana porque no vendió 6.000 entradas, o que sea marginada a un horario imposible a las tres de la tarde.

* Debería existir un plan de formación de públicos desde la escuela primaria, que permita a los niños y niñas, desde pequeños, apreciar otro tipo de propuestas no sólo cinematográficas, también musicales, teatrales, etc., de manera de que no todos crezcan destinados a querer ver sólo una cosa.

* Y sobre todo no intentar replicar fórmulas exitosas que son imposibles de imitar porque, primero, no contamos con los mismos recursos; y segundo, las películas uruguayas que existen nacen de la necesidad de sus realizadores de contar determinado tipo de historias, de determinada manera, para conectar con el público (nadie hace una película para que no la vea nadie). Y esas historias son producto de lo que somos, nos guste o no; pretender que los directores uruguayos cuenten otras historias que las que nos están contando es como pretender que un árbol que crece hacia la derecha deba crecer por capricho hacia la izquierda porque allí es donde me gusta sentarme bajo la sombra.


Fuente: Matías Castro

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