Sentimientos encontrados por la llegada de UPM

Hay alegría por el desarrollo económico pero ya se piensa en los problemas sociales del post obra
El anuncio de la instalación de una planta de UPM en la zona, trajo sentimientos encontrados a Paso de los Toros, una ciudad que según su alcalde es "de empleados públicos y jubilados". Con el antecedente de la construcción de la pastera en Fray Bentos, que implicó una gran mano de obra y crecimiento económico durante algunos años pero dejó luego desempleo, la noticia de la nueva planta se toma con alegría, pero acompañada de cautela.

"Los isabelinos (como se conoce a los habitantes de esa ciudad al suroeste de Tacuarembó) lo recibimos con gran alegría pero muy cautos en no crear una falsa expectativa", dijo a El Observador el alcalde de Paso de los Toros, Juan José López. Es que no solo las experiencias de otras ciudades sino también las propias lo hacen preocuparse más por el post obra que por el presente.

Ubicada en el kilómetro 250 de la ruta 5, en la zona central del territorio nacional, la ciudad que le dio el nombre a la famosa marca de agua tónica, fue un punto estratégico tanto para las comunicaciones como para las estrategias militares.

El primer gran impacto lo tuvo la llegada del ferrocarril, en 1886, que conectaría la ciudad con Salto, Paysandú, Tacuarembó y Rivera. Ya en 1929, fue testigo de la construcción sobre el Río Negro de lo que sería entonces el puente carretero más largo de América del Sur; y entre 1937 y 1945, la ciudad volvió a verse revolucionada con la contrucción de la central hidroeléctrica Gabriel Terra.

Sin embargo, en emprendimientos que daban empleo a 800 personas, hoy solo trabajan 40, afirmó el alcalde.

"La mitad de nuestros abuelos vinieron a trabajar en eso y se quedaron después sin trabajo", recordó López.

Para una ciudad de 13 mil habitantes, la llegada de unos 6 o 7 mil personas para trabajar en la construcción de la planta "no es poca cosa", y si bien reconoce que para una ciudad que "está decayendo", que se instale UPM es "muy bueno" y dará un "excelente nivel económico durante unos tres o cuatro años", tanto las necesidades de infraestructura como los problemas sociales que deja el post obra están también en la mira.

Además de contar con un ferrocaril funcionando, con la ruta 5 en buen estado, y con calles anchas, el alcalde destaca que los isabelinos tienen una identidad propia que los diferencia del resto de Tacuarembó y de Durazno, y que está ligada al resurgir de la ciudad luego de la inundación de 1959.
"Cuidamos mucho lo nuestro y queremos sobresalir ante los demás", explicó López. Eso implica también ser "cuidadoso de los pasos que podamos ir danto", dijo, para "aprender de los errores".

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