Teatro joven y performático en el Solís

Un artista de la muerte se presenta con una confluencia de estilos que recalca el rol del público
"Fueron como vómitos", explicó el actor Fernando Hernández. Cuando Un artista de la muerte se estaba gestando, el contenido surgía de a borbotones independientes, autónomos. Fue un hilo nacido de la intuición el que finalmente llevó a sus creadores a darle una unidad, a trazar un recorrido que hoy se verá en la sala Delmira Agustini del Teatro Solís.

La obra del colectivo Teatro de Arte del Fondo (TAF) es definida por su actor y por uno de sus dramaturgos y directores, Diego Devicenzi, tanto por esos bloques de contenido como por el personaje que los zurce. "El hilo está dado por la crisis de un personaje que está en escena e intenta llegar a un lugar al que no puede llegar. Ese personaje, el artista, tiene que armar un espectáculo con determinados acontecimientos que terminan no sucediendo, y eso lo hace entrar en crisis con él mismo, con quienes dirigen el espectáculo, con los espectadores y con el mundo que lo rodea", comentó Hernández.

A través de esa crisis, el espectáculo logra versar sobre el valor del arte e incorporar juegos de ficción y realidad. "¿Cuánto vale la obra si vemos su contenido, y cuánto vale si agregamos todo lo que puede tener a su alrededor? ¿Cuánto influye el nombre del creador? ¿Cuánto influyen los premios que pueda tener él o su obra?. Creo que Un artista de la muerte es eso. El valor del arte, de una obra artística, teniendo en cuenta todo lo que la rodea y lo que la hace", agregó Devicenzi.

Sin embargo, para llegar a ese lugar hubo un extenso camino. Inicialmente inspirados por Un artista del hambre, de Franz Kafka, la idea de Devicenzi, Hernández y Federico Puig Silva, otro de los directores y dramaturgos, fue colocar en jaulas a diez hombres que se iban a morir en escena. El proyecto luego mutó a una obra de a dos, con una actriz, pero terminó convirtiéndose en un unipersonal a cargo de Hernández. "Teníamos ensayos, improvisábamos sobre distintos temas y después cada uno se iba a su casa. A partir de ahí comenzaba la dramaturgia. Cuando nos mandábamos las ideas, podíamos ver que eran lenguajes totalmente disímiles entre sí. Había cosas más realistas, otras más poéticas, y en un momento eso se unió a partir de la crisis del personaje. Creo que lo mejor que nos pudo haber pasado es no estar de acuerdo con lo que queríamos hacer. Eso necesariamente nos llevó a un intercambio, nos fue encaminando de una manera casi inconsciente hasta donde estamos hoy", señaló Hernández.

Esos ensayos también dieron lugar a lo performático, a que la obra se ancle en el aquí y el ahora y tenga la capacidad de mutar en cada función. "Esto no pretende ser una representación, sino una presentación, aunque en el fondo también hay algo representativo. Nosotros jugamos con eso todo el tiempo, con lo performático. Dependiendo del público que está presente lo que decimos toma un valor u otro. No sé qué va a pasar, pero sé que van a pasar cosas distintas", agregó Hernández.

Con un formato similar al de la conferencia, con el actor hablando constantemente al público, la cuarta pared entre ambos se vuelve inexistente y todo lo que sucede en la platea nutre el trabajo de Hernández. "Al jugar con el público, no hay nada que me pueda sorprender, nada que me pueda incomodar, todo lo que suceda me hace bien, desde que alguien se pare y se vaya hasta que a otra persona le suene el celular. Estoy atento a eso, pero no me genera una tensión", agregó Hernández.

Además de los cambios que experimentó la obra a lo largo de su producción, hubo un pasaje de escenarios que también la marcó. Estrenada en el teatro La Gringa el año pasado y representada en el Solís desde hoy, los textos y sus preguntas toman una dimensión nueva, y obligan a Hernández a pararse de forma distinta ante la obra.

Creada en 2012, la compañía de jóvenes Teatro de Arte del Fondo se define por la búsqueda de una poética grupal que refleje lo que sus integrantes piensan y entienden del teatro en diferentes momentos. "Puede que sigamos recurriendo a lo performático, como puede que no. Quizá este lenguaje que descubrimos va a influenciar lo que hagamos en el futuro, pero también va en la búsqueda de cada uno", señaló Devicenzi. "Si hay un lenguaje que nos puede llegar a caracterizar es ese, no limitarnos a algo y no limitarnos a decir 'esto debe ir por acá'. El lenguaje es trabajar sobre lo que nos rompe la cabeza en ese momento".

Datos


Hoy y mañana, y el 4 y el 5 de agosto a las 20:30 horas en el Solís. Entradas a $300

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