Un nuevo mundo

Columna de opinión publicada en El Observador Agropecuario
Por Luis Romero Álvarez, especial para El Observador

El mundo cambió en un instante. China abandonó la carrera exportadora con crecimientos del 12% y pasó a expandir su clase media creciendo al 6%. Buenas noticias para los proveedores de alimentos porque cambiar población rural pobre por clase media urbana acelera las importaciones. Eso ya lo estamos viendo; China importa 4 millones de toneladas de soja adicionales cada año.

Europa también cambió; el Brexit vino a decir fuerte y claro lo que muchos pensaban: pagar impuestos cada vez más altos para que unos burócratas de Bruselas gasten alegremente en un marco de moneda común pero presupuestos e impuestos independientes, no está bueno.

Y EEUU remató el avance hacia un mundo distinto. Trump le ganó a los demócratas, a los republicanos y a los medios de comunicación (de 900 diarios que hay en ese país, solo uno lo apoyó). Sus destratos a mujeres y latinos son la espuma, el corazón de su mensaje es profundo y fue entendido: "¿está bien que empresas americanas, con capitales americanos, tecnología americana y management americano, instalen un fábrica afuera del país y luego vendan productos adentro del mercado americano con marcas americanas? ¿Qué falta en esa cadena? Los empleos americanos".

Este concepto tiene fuerza y no se puede descartar a la ligera. ¿Por qué las empresas aceptarían las complicaciones de producir en un país para vender en otro? Por un tema de ahorro de costos, ni más ni menos. Y los costos en muchos países se han ido a las nubes por aumentos de impuestos y presiones sindicales que obligan a subir salarios por encima de su productividad.

Entonces las empresas y los puestos de trabajo se van y los mercados y sus consumidores quedan. Esto es la globalización pero ella tiene claros ganadores y perdedores; son estos últimos quienes triunfaron por sorpresa con Brexit y Trump.

Ahora EEUU tomará otro camino: no querrá ser más el policía del mundo sino que dejará que los países en problemas los resuelvan a su manera; no querrá ser más el mercado más abierto del mundo (su arancel promedio es 4%, el Mercosur casi cuatro veces más) y no querrá empujar a otros a abrir sus economías.

El comercio es el único real generador de riqueza a largo plazo

Por eso ya Trump anunció que el acuerdo de libre comercio del Pacífico no interesa tal como fue promovido por Obama.

Esto trae buenas y malas noticias: la parte mala es que está probado que el comercio es el único real generador de riqueza a largo plazo. Nadie creció bien durante largo tiempo encerrándose. La parte buena es que se baraja y se da de nuevo; la gente le dijo basta al establishment de políticos gastadores de la plata ajena, por derecha o por izquierda, en forma legal o ilegal a través de corrupción.

Ese mensaje de mandar parar con el despilfarro populista y los enredos de los lobbies está bueno. La plata de la gente hay que invertirla con cuidado a favor de la gente, en especial respetando mucho a quienes trabajan con esfuerzo. Esto se estaba perdiendo en forma solapada en todos lados. Ahora habrá una movida hacia los fundamentos de sensatez y justicia: quien pueda trabajar que lo haga y no pida ayudas estatales siempre brindadas con etiqueta de a quién votar adjunta.

Los cambios necesarios en especialización del trabajo a nivel planetario se harán pero respetando los tiempos de las generaciones; no hay por qué liquidar en cinco años sectores enteros de actividad donde existen personas que formaron su capital humano en buena ley.

Si la globalización fuera una máquina que rompe las casas de los trabajadores sería detenida de inmediato; romper su capital humano es mucho peor. Lo mismo se puede hacer en forma planificada y gradual, sin descargar injustos castigos sobre personas honradas que no tienen culpa.

Son estas personas que han girado el timón del mundo y yo creo que con suficiente derecho. Como país tomemos nota: nuestro negocio es producir alimentos para el mundo, con eso podemos vivir muy bien. Pero no podemos gastar de más, ni dejar que los sindicatos exijan de más, ni aceptar que algunos políticos digan que está bien trabajar poco. Un nuevo mundo llegó y hay que obedecer el onceavo mandamiento: darse cuenta.