América central da el ejemplo

El Tratado de Libre Comercio que América Central acaba de concluir con Corea del Sur es un ejemplo que descalifica las objeciones ideológicas
El Tratado de Libre Comercio que América Central acaba de concluir con Corea del Sur es un ejemplo que descalifica las objeciones ideológicas con que sectores del Frente Amplio y el PIT-CNT traban el desarrollo del país. El TLC con el poderoso mercado asiático fue acordado en forma conjunta por los seis países centroamericanos, que antepusieron sus intereses comerciales a su diversidad política. El grupo va desde la democracia plena de Costa Rica hasta el absolutismo izquierdista de Nicaragua, donde Daniel Ortega se eterniza en el poder con un cuarto período presidencial, luego de comicios espurios con líderes opositores encarcelados y sin libertad de prensa. Entre ambos extremos están los regímenes de grado variable de democracia de El Salvador, Guatemala, Honduras y Panamá.

El TLC, que se firmará en junio de 2017 para que entre en vigencia al año siguiente, fue negociado en apenas 18 meses. Habilita el ingreso de exportaciones centroamericanas de bienes y servicios a Corea del Sur con desgravaciones arancelarias. El acuerdo incluye además telecomunicaciones, comercio electrónico, propiedad intelectual y contrataciones del sector público. Tharsis Salomón, ministro salvadoreño de Economía, adelantó que "más del 80% de la oferta exportable (del bloque) ingresará al territorio coreano con algún nivel de tratamiento preferencial" en materia arancelaria.

La comparación con Uruguay, y ni que decir con el Mercosur, nos deja vergonzosamente mal parados. Desde la primera presidencia de Tabaré Vázquez los sectores más retrógrados del Frente Amplio y de sus aliados sindicales se empeñan en frenar acuerdos de ese tipo. Primero fue, por visceral rechazo político a Estados Unidos, el ventajoso TLC que nos ofreció en 2006 esa potencia, instancia que no se repetirá bajo el entrante gobierno proteccionista de Donald Trump (con posturas comerciales muy similares a las del PIT-CNT). Lo mismo pasó después con el ingreso al acuerdo de comercio y servicios TISA. La triste historia se repite desde el año pasado con la oposición de esos sectores a que Uruguay abra sus mercados hacia el Pacífico, a través de la exitosa Alianza del Pacífico que integran países también con regímenes de disímil orientación política, como son Chile, Perú, Colombia y México.

Hay menos resistencia al TLC que el presidente Vázquez y el equipo económico quieren concluir con China, probablemente porque ese país se proclama comunista aunque solo sea de nombre, ya que su economía es de apertura de mercados desde hace más de tres décadas. Este acuerdo con nuestro principal socio comercial es crucial para no perder competitividad ante Nueva Zelanda y Australia. Pero depende de un incierto permiso de Brasil y Argentina para soslayar una norma restrictiva del Mercosur. El Pacífico, sin embargo y no solo con China, es la meta natural para lograr el impulso comercial que saque a Uruguay del estancamiento.

Esos mercados asumen crucial importancia ante las incertidumbres que persisten en Brasil y Argentina. Ambos clientes tradicionales enfrentan peripecias internas de las que les llevará años salir. Entre tanto, las naciones del área regional del Pacífico ofrecen la doble perspectiva de sus propios mercados y de acceso a los de Asia. Un primer paso ha sido la puerta que nos entreabre el TLC firmado con Chile. Pero se necesita un empuje más resuelto, basado en la conveniencia del país y que deponga rémoras ideológicas sin sentido, como acaba de hacer América Central.

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