El crimen organizado ya está aquí

Mientras la población parece más afectada por el delito común, son las bandas criminales las que incrementan su poder

A comienzos del gobierno de José Mujica (2009 - 2014), durante una reunión de gabinete en el Ministerio del Interior, el subsecretario de esa cartera, Jorge Vázquez, hablando del narcotráfico, dijo no creer que la sociedad uruguaya fuera a soportar casos como los que se daban en México con ejecuciones de 50 balazos o decapitaciones y cabezas exhibidas en el capó de un auto.

Unos años después, en noviembre de 2012, un joven uruguayo de 20 años, integrante de una banda de narcotraficantes liderada desde la cárcel por el conocido delincuente Alberto "Betito" Suárez, fue acribillado de 70 balazos en la zona del Cerro.

Este jueves 19 de mayo, también en la zona del Cerro, la Policía halló los cuerpos descuartizados de dos jóvenes de 18 y 19 años a quienes –según maneja la Policía– integrantes de la banda del Manolo, otro narco que está en la cárcel, torturaron durante dos días, cortándoles, entre otras partes, los dedos a machetazos.

"Ahora no me queda más que admitir que las sociedades se van acostumbrando a vivir situaciones cada vez más extremas, como les pasa a veces a los propios hombres en sus vidas particulares", dijo Vázquez.

Agoreros de mal agüero

A pesar de aquella previsión fallida, el subsecretario de Interior, el exdirector de Policía, Julio Guarteche, y el actual, Mario Layera, han sido en los últimos años los heraldos de los malos augurios, en general todos cumplidos con el paso del tiempo y todos referidos a un asunto que modificó para siempre la lógica del delito: el narcotráfico o, como se lo maneja a nivel de las agencias de investigación, el crimen organizado.

Droga

Los jerarcas anunciaron que Uruguay sería trampolín del tráfico hacia Europa ante la complicación de las rutas de droga hacia Estados Unidos, y se cumplió: en 1991 se incautaron 10 kilos de cocaína y este año se llevan requisados 135 kilos (en 2013 fue una tonelada y media y las estimaciones internacionales dicen que por cada kilo que se incauta 10 kilos pasan).

Luego anunciaron que Uruguay dejaría de ser un país de tránsito de droga para convertirse en uno de consumo, y se cumplió. Según la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes, Uruguay es el tercer país de Sudamérica con la tasa más alta de consumo de cocaína detrás de Chile y Argentina.

En 1991 se incautaron 10 kilos de cocaína y este año se llevan requisados 135 kilos.

Los principales responsables de la gestión antidrogas anunciaron luego que al apretarse los controles en la zona del Pacífico con la participación muy activa de Estados Unidos, algunos capos del narco vendrían a instalarse para operar desde la zona del Atlántico. Y se cumplió: los ejemplos abundan. Quizá uno de los más destacables sea el de Juan Carlos Rodríguez Abadía, el Chupeta, uno de los narcos colombianos más buscados, quien vivió ocho años en Punta del Este y fue detenido luego en Brasil.

Recientemente cayeron integrantes de los Cuinis, uno de los carteles más poderosos de México que vinieron a vivir a Uruguay porque en su país estaban amenazados de muerte.

Estos agoreros de mal agüero –entre los que también se contaba el fiscal de Corte, Jorge Díaz– han dicho en los últimos cinco años que no faltaba nada para que se instalase el sicariato, pistoleros a sueldo que operan en zonas virtualmente "conquistadas". Empezaron tirando a las rodillas y ahora apuntan a la cabeza.

Pero no solo en Uruguay se advertía sobre el surgimiento de semejante espécimen delictivo. En un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) de julio de 2013 se señala que en la mayoría de los países de América Latina "es importante el volumen de homicidios cometidos por profesionales contratados".

Y en Uruguay también ocurrió. Históricamente los homicidios eran un delito cuya cantidad casi no variaba. Las rapiñas podían ir en ascenso –en manos de los delincuentes comunes–, pero los homicidios rondaban los 180 a 190 al año. El viernes 20 se dio a conocer la cantidad de homicidios de 2015: 289.

En 2013, ante críticas de la oposición, el Ministerio del Interior informó que del total de homicidios un tercio eran ajustes de cuentas; unos 80 al año, uno cada cuatro días y medio.


Un quiebre histórico


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El argumento de la Policía es que estos homicidios rompen la lógica que el delito tenía hasta ahora: violencia intrafamiliar, disputas entre conocidos y situaciones mal resueltas en una rapiña, donde el delincuente va por el dinero y no por la vida, pero termina mal. Aunque al destacarlo encrespe a sectores partidarios de la autodefensa, es un hecho que una importante cantidad de casos de rapiñas que terminan en homicidio obedece a que la víctima se resistió. Y si los bandidos entraban a sangre y fuego y mataban a alguien tenían grandes chances de ser atrapados en 8 de cada 10 casos, según estadísticas que se mantuvieron estables por décadas. En cambio, si solo rapiñaban, las posibilidades de ser atrapados bajaban de menos de 2 de cada 10.

Pero la efectividad en la resolución de casos de homicidios ha ido bajando y en 2015 fue de 63%. Un desplome.

¿Cuál es la explicación oficial de Homicidios? El delito cambió de carácter porque uno de cada tres asesinatos son ajustes de cuentas. Balazos en la noche y a veces a plena luz del día, pero en los que nadie vio nada.

La Policía asegura que hay muchachos de 18, 19 y 20 años dispuestos a todo y varios tienen un número de víctimas en su haber difícil de determinar.

Un experto en drogas y seguridad de Naciones Unidas, Juan Carlos Garzón, escribió en un trabajo académico que los "procesos de fragmentación de las organizaciones criminales se han hecho más intensos, lo cual ha sido acompañado por la emergencia de nuevas generaciones de delincuentes, más jóvenes y con una mayor disposición a romper la disciplina mantenida por las estructuras tradicionales".

"Este tipo de delitos siempre existió, pero a partir del narcotráfico se dan cada vez más", afirmó en agosto pasado Julio Guarteche, exdirector nacional de Policía en declaraciones a radio El Espectador.

La clave del microtráfico



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Mientras caían grandes partidas de drogas en las fronteras, en la periferia de Montevideo el microtráfico se convertía en el caldo de cultivo de bandas criminales a la uruguaya, pero con fórmulas importadas. Algunos rapiñeros famosos en el ambiente carcelario pasaron a vender pasta base. Todo indica que el pico de consumo de esa droga pasó y que se estabilizará. Pero los narco-lúmpenes hicieron fortunas con la pasta base. Y, como ocurrió con vendedores de otros artículos en los 10 años de crecimiento, los narcos subieron un escalón y se pasaron a la cocaína.

"Cambió el valor de la vida", dijo Guarteche en 2010 a los medios, a lo que se agrega que los capos de un barrio quieren copar el del otro o, como ha pasado y en homenaje a su pasado rapiñero, se han robado cocaína unos a otros dejando detrás un tendal de cadáveres. "Entonces ahí la vida no vale nada", sostuvo.

Según el BID, en la década económicamente dorada para América Latina, el crecimiento fue superior al 4%, el desempleo se ubicó en 6% y los homicidios aumentaron 11%.

Un nuevo actor: el sicario

El año pasado, a un joven de un asentamiento se le pagó $ 400 por un crimen por encargo, según él mismo confesó cuando fue detenido. "El Negro vive en la casa verde", le dijeron. Se equivocó de casa y mató a otro. Esta fue una expresión del sicariato.

En estos días se subió un peldaño. La Policía encontró enterrados en la zona del Cerro a dos jóvenes de 18 y 19 años que estaban desaparecidos desde agosto de 2015. Se trató de una disputa entre bandas. Antes de matarlos los torturaron dos días, les cortaron los dedos con un machete y luego los degollaron. No es México. Es Uruguay.

La Policía ya tenía datos de que hay al menos seis personas que se saben desaparecidas y se sospecha que puedan haber sido asesinadas, pero consideran que hay más personas a las que no ubica –también ejecutadas– porque sus familias, amenazadas, no hacen la denuncia. Algunas de las llamadas Bacrim (bandas criminales) tiene un nivel de organización que, de no haber sido por escuchas telefónicas y tareas de inteligencia, no hubieran sido detectadas.

La cárcel, cuna de nuevos narcos



Carcel seguridad

El juez Néstor Valetti, en una ya divulgada voz de alarma lanzada desde un seminario en Argentina, dijo en 2012: "El delincuente más peligroso tiene 29 años y fue detenido en 2006. Está en una cárcel de máxima seguridad, exclusiva para capos narcos, e igual controla un ejército personal de 50 sicarios. Disputa así el mando territorial de algunas zonas". Hablaba del primero rapiñero y luego narco Alberto "el Betito" Suárez, quien le dijo a un operador judicial: "No rapiño más. Ahora me dedico a hacer plata en serio".


Buena parte de su familia fue procesada y la Policía –que tiene vigilados a algunos presos pesados de muchas maneras– sabe que el narco hizo vínculos con Brasil. Cuando salga en libertad tendrá unos 40 años y necesitará mantenerse.

Por eso Valetti no solo hablaba del Betito Suárez sino del papel que ha jugado la cárcel en la consolidación del crimen organizado en Uruguay.

Todos los narcos mencionados, y en cuyo nombre se cometieron los últimos asesinatos, están presos. El negocio y los ajustes de cuenta siguen afuera, bajo sus órdenes.

La reincidencia, tomando en cuenta todos los delitos, fue ubicada por el gobierno en 60%, aunque otros observadores aseguran que este valor es muy difícil de medir. No obstante, todos parecen coincidir en que la reincidencia está casi asegurada cuando el delincuente ingresa en el mundo de la droga.

El ministro del Interior, Eduardo Bonomi, afirmó que la mayoría de los reincidentes cometen delitos más violentos que aquellos por los que fueron encarcelados. Gobierno y oposición negocian aumentar las penas o la situación procesal de los reincidentes.

En la cárcel uruguaya hay traficantes mexicanos que, según señaló El País citando fuentes policiales, hicieron su imperio a base de violencia extrema; hay narcos colombianos que conocen los contactos para comprar droga en los países productores de cocaína (Colombia, Bolivia y Perú, sobre todo). Y en las cárceles uruguayas –donde los traficantes están en un mismo pabellón– también hay narcos brasileños, expertos en armar estructuras para funcionar en centros poblados, las favelas y sus alrededores, con su organización en círculos que permite detectar de forma temprana el ingreso de la Policía. La existencia de campanas que trabajan a cambio de droga ya es un hecho desde hace años en Uruguay.

¿Hay más?

Los investigadores no creen que ciertos delitos vinculados al crimen organizado, como el lavado de dinero, sea una cuestión central en estas bandas. Les han encontrado miles de dólares enterrados. En 2015 el Banco Central recepcionó 300 denuncias por lavado de dinero y 51 llegaron a la Justicia.

Pero la escalera de la violencia aún tiene más peldaños. La Policía vuelve a advertir sobre un fenómeno relativamente nuevo. Narcos paraguayos y/o colombianos que están enfrentados en sus países han sido vistos, a la vez, en el mismo hotel cinco estrellas. Luego de que una pareja de paraguayos vinculados al narcotráfico fue acribillada en Ciudad de la Costa, las autoridades temieron que fuera un ajuste de cuentas internacional, pero luego descartaron esta hipótesis. No obstante, mantienen una alerta: que un día se produzca en Punta del Este un tiroteo narco.

Caen sospechosos de cuatro crímenes narco
Un paraguayo recibió 14 disparos cuando conducia su camioneta. D. Battiste.
Un paraguayo recibió 14 disparos cuando conducia su camioneta. D. Battiste.

"Probablemente Punta del Este sea un gran centro de planificación de delincuencia", dijo el subsecretario de Interior, Jorge Vázquez.

Balnearios como Acapulco han sido copados por la ola de violencia del narcotráfico y en ciudades europeas como Marsella, todavía se producen enfrentamientos a tiros por la calle entre bandas de extranjeros, al punto que un medio la calificó como "la Chicago francesa".

El otro escalón aún virgen estuvo a punto de ser pisado por un narco uruguayo, poderoso, enfurecido e instalado en Venezuela.

Estaba convencido de que el entonces jefe de Drogas, Julio Guarteche, había hecho un acuerdo con una banda rival para pasarle información y requisarle solo a él los cargamentos. Todo parece indicar que el narco tenía al topo en sus propias filas, porque llegó hasta policías de la Brigada de Drogas y les dijo que se estaba preparando un atentado con bomba contra Guarteche, quien inmediatamente dejó con su familia su vivienda, por un tiempo.

Hay al menos ocho jueces que fueron amenazados y los autos blindados se sumaron al presupuesto estatal.

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