Créase o no, los que votan a Massa lo hacen porque consideran que todavía no tuvo el poder para hacer todo lo que tiene que hacer un presidente en pleno uso de sus facultades.
Créase o no, los que votan a Massa lo hacen porque consideran que todavía no tuvo el poder para hacer todo lo que tiene que hacer un presidente en pleno uso de sus facultades.
Es un razonamiento ilógico. Parece un chiste. En especial, si se tiene en cuenta que, durante más de un año, Massa estuvo al mando de un superministerio que hizo y deshizo a su antojo. Que al comienzo de su gestión prometió explícitamente que sería el ministro que derrotaría a la inflación:
Este mismo Massa llegó con un dólar a menos de 300 pesos, y ahora está por superar de nuevo el récord de los 1000. En un año sumó a cerca de 2 millones de nuevos pobres y duplicó el porcentaje de inflación hasta colocarnos al borde de la hiper.
Massa además está siendo salpicado por múltiples causas de corrupción. Desde el Yate Gate hasta las tarjetas de la corrupción de "Chocolate" Rigau, incluyendo la lista de intendentes multimillonarios a la que se acaba de agregar el ex intendente del Partido de la Costa, Juan Pablo De Jesús, a quien sus pares lo etiquetan como el "Gran Recaudador".
¿Será, también, porque dentro del tercio de votantes se encuentran todos los militantes amigos y parientes de los cientos de miles de empleados públicos y de cualquier cheque que emiten los Estados nacional, provincial y municipal? ¿Será por que le tienen miedo a “Motosierra” Milei y todavía les dan alergia los gorilas?
Créase o no, a pesar de una interna desgastante, las idas y vueltas de sus dirigentes más importantes y la renuncia de Macri a su candidatura presidencial, Juntos por el Cambio todavía está vivo.
Representa, en el imaginario de su votante, el único camino posible entre la irresponsabilidad casi suicida de Sergio Massa —quien está quemando las naves con el fuego del incendio de una pradera seca— y el salto al vació que implicaría optar por Javier Milei, un presidente que asumiría sin un solo gobernador y con apenas el 20% de los diputados y el 10% de los senadores propios.
Créase o no, los responsables de la campaña de La Libertad Avanza no solo creen que ganarán, sino que lo harán en primera vuelta. Para eso muestran el mapa violeta con el resultado de la última PASO, donde Milei se impuso en casi todos los distritos del país.
Además, tienen la fantasía de que, una vez en el poder, van a disciplina al resto de las fuerzas políticas a fuerza de escraches contra lo que consideran como los grandes exponentes de "la casta" y la ostentación de fuerza que significaría una victoria con el voto popular.
Lo venimos diciendo: puede pasar cualquier cosa.
Porque ninguna encuesta es completamente confiable. Y porque lo que parece atravesar esta elección ya no es tanto la bronca como el miedo. El miedo a despertarnos el lunes y encontrarnos con muchas malas noticias, como una nueva devaluación con la consiguiente estampida descontrolada de los precios.