En ambos casos el líder es el único pegamento posible y su permanencia deja de ser un medio para un fin, ya que se transforma en la función misma del Gobierno
El expresidente conserva poder de daño pero no de construcción: así hundió a sus posibles sucesores en el PRO.
El Gobierno que hizo de la libertad su bandera quiere ponerle un cepo al poder del futuro. La paradoja abre una pregunta más vieja que cualquier reforma del Banco Central.
¿Volvió la campaña del miedo contra el presidente, queriendo instalar que está loco? ¿Qué pasaría si no insultara?