Historiador egresado de la Universidad de Buenos Aires y Doctor en procesos Políticos Contemporáneos de la Universidad de Salamanca.
El acuerdo entre Estados Unidos e Irán fue presentado como el comienzo del fin del conflicto. Sin embargo, las críticas internas, las dudas sobre su cumplimiento y las urgencias electorales de Donald Trump sugieren que podría ser apenas otro capítulo de una negociación que parece condenada a repetirse indefinidamente.
Pedro Sánchez detectó antes que nadie el desgaste de Donald Trump y lo convirtió en su principal activo político. Confrontar a la Casa Blanca galvaniza al electorado de izquierda, descoloca a la derecha y distrae de los problemas internos. Pero esa audacia tiene precio: el caso Zapatero podría ser la primera factura importante.
La imputación del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero puede dinamitar la estabilidad del gobierno socialista, cuyo futuro político queda condicionado más a un auxilio o azares externos –hoy improbables- que a lo que pueda construir a nivel nacional.
La imputación de José Luis Rodríguez Zapatero también expone las redes de influencia, negocios y legitimación internacional que durante años articularon a buena parte de la izquierda iberoamericana y europea con el chavismo.
El encuentro de los dos máximos líderes mundiales en China cerró con algunos acuerdos comerciales y gestos políticos, pero dejó intacta la disputa de fondo. Mientras ambos oxigenan sus frentes internos, el regreso de Donald Trump acelera las definiciones sobre Irán.
Tras la eliminación de la cúpula iraní, emerge un ala mística y radical que, bajo una lógica apocalíptica, desplaza a los moderados. Y convierte la debilidad militar en una herramienta que busca romper el tradicional equilibrio interno del país. El riesgo y la oportunidad para Donald Trump.
Entre el pragmatismo de la "zanahoria y el garrote" de Donald Trump, la fragmentación del poder en Irán y la crisis de los organismos internacionales, el tablero geopolítico se redefine a fuerza de hechos consumados. Al final, todo se trata de China.
La administración Trump redefine todo el tiempo los límites entre la diplomacia y el conflicto armado. Con el régimen iraní exhausto, el escenario global asiste a una pulseada donde las amenazas militares y las ofertas de paz son dos caras de una misma moneda.
El cese al fuego por dos semanas baja la intensidad del conflicto, pero no despeja la posibilidad de una nueva escalada. Irán necesita tiempo para reordenarse y Washington busca capitalizar políticamente el golpe ya dado.