Historiador egresado de la Universidad de Buenos Aires y Doctor en procesos Políticos Contemporáneos de la Universidad de Salamanca.
La Asamblea General volvió a reunir a líderes de todo el mundo, pero las ausencias de figuras decisivas dejaron a la ONU con un espectáculo devaluado. Entre discursos, fotos y gestos calculados, algunos lograron ocupar el centro de la escena.
Escocia, Gales e Irlanda del Norte tienen por primera vez gobiernos encabezados por fuerzas que quieren abandonar el Reino Unido. La coordinación entre sus nacionalismos, el Brexit y la irrupción de Donald Trump convierten una hipótesis hasta hace poco marginal en una pregunta que Londres ya no puede ignorar.
Más allá del humo de los bombardeos, Washington ejecuta un cerco financiero que golpea el abastecimiento interno de Irán, asfixia sus redes bancarias clandestinas y eleva la presión antes del inminete cara a cara entre Donald Trump y Xi Jinping.
La crisis de Ceuta expuso más que un problema migratorio. Aparece un régimen autoritario atravesado por profundas tensiones sociales y capaz de utilizarlas como instrumento de presión sobre una España cada vez más dependiente de Marruecos.
Entre el desgaste de un liderazgo octogenario anclado en el pasado (el de Lula) y una derecha que busca la revancha bajo tutela judicial (con Flavio Bolsonaro), la elección en Brasil definirá si el continente consolida un alineamiento conservador inédito o si preserva el último gran bastión progresista de la región.
El impacto simbólico de la crisis migratoria en Ceuta rompió el relato oficial de las elites europeas, desnudó la fragilidad institucional y dejó al descubierto los límites de una política de fronteras construida sobre ficciones progresistas.
La FIFA busca transformar el Mundial en un espectáculo global más uniforme, previsible y adaptado al consumo masivo. Pero Argentina, entre la adaptación y la resistencia, conserva una forma de entender el fútbol que todavía escapa a ese nuevo modelo.
La supuesta paz tras el acuerdo con Irán ha dejado a los líderes sin su principal distracción: Donald Trump. Ahora, acorralados por el descontento social y sus propios fracasos, deben enfrentar diversas crisis. Por suerte para ellos, Trump ha vuelto a las andadas.
Tras la ruptura del pacto con Irán, Trump usa la tensión global para compensar su desgaste interno. Entre la eliminación del Mundial, su disputa con el Deep State y la cumbre de la OTAN, el presidente demuestra que cada conflicto es una movida más para asegurar su supervivencia política.