18 de agosto 2026 - 18:57hs

En medio de la polémica que generó en la red social X (ex Twitter), la vicejefa de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Clara Muzzio, fue entrevistada este mediodía por Franco Mercuriali en Mercuriali 1079, programa que se emite por El Observador 107.9. La comunicación telefónica se dio luego de que la funcionaria publicara en esa red social una serie de mensajes en los que cuestionó lo que denominó "niñofobia", en referencia a la tendencia creciente de restaurantes, hoteles y aerolíneas a restringir el ingreso de niños. "Tratan a los niños como a fumadores", había escrito Muzzio, y agregó: "Es triste el apartheid de los niños".

Consultada por Mercuriali sobre el origen del debate, Muzzio explicó que decidió meterse en la discusión luego de ver, en el marco del Día del Niño, un video en el que se celebraba con "liviandad" la existencia de cada vez más espacios que prohíben el ingreso de menores por considerarlos "molestos" o "ruidosos". "Yo creo que están equivocados", afirmó, y sostuvo que en lugar de darles menos lugar a los chicos, "les estemos dando cada vez más lugar", ya que —según remarcó— deben ser una prioridad social frente a lo que calificó como "una crisis de nacimiento muy pronunciada".

La funcionaria contó además una experiencia personal que, según dijo, la llevó a escribir sus mensajes en redes: el año pasado, junto a su marido y sus dos hijas de 10 y 12 años, no la dejaron ingresar a un restaurante conocido porque el local no admitía niños antes de las 19:30. "Me acuerdo de la reacción de ellas: '¿Pero por qué no nos dejan?'", relató, y aclaró que el trato recibido como familia "no me gustó tanto" y que considera que "está mal como sociedad que excluyamos a los niños por el hecho de ser niños".

Más noticias

Muzzio remarcó que su planteo no apunta a lugares explícitamente reservados para adultos, como casinos u otras actividades prohibidas para menores, sino a la tendencia general de excluirlos de espacios de acceso público. Comparó esa exclusión con otras formas de discriminación: "Si vos vas a una confitería y te excluyen por ser hombre, por ser mujer, te terminan discriminando por ser demasiado viejo o incluso por tener una discapacidad", ejemplificó, y agregó que muchas familias con hijos con discapacidad terminan "autoexcluyéndose".

El cruce sobre la crianza y los límites de la exclusión

Mercuriali le planteó a Muzzio un contrapunto: que parte del rechazo hacia los niños en espacios públicos también podría explicarse por chicos mal educados, que corren y gritan por los restaurantes o interrumpen a otros comensales. La funcionaria respondió apelando a su propia condición de madre: sostuvo que va a "un montón de lugares" donde los chicos no pelean ni gritan, y consideró que la idea de que todos los niños se comportan así llega a un nivel "caricaturesco".

El conductor insistió con otro ejemplo, el de un restaurante o bar de ambiente tranquilo, con música y luces bajas, pensado para adultos que buscan relajarse, y preguntó si no era válido que ese tipo de locales excluyera a los niños. Muzzio contestó que, cuando se ofrece un servicio público, la libertad de admisión "deja de ser absoluta" y debe respetar el derecho de todas las personas a acceder, salvo en el caso de espacios explícitamente pensados para adultos, como una fiesta nocturna.

En ese tramo del diálogo también surgió la comparación con personas con discapacidad: Mercuriali le planteó el caso de un niño que llora o se hace caca en un avión de 12 horas, y preguntó qué debería hacer la aerolínea en ese caso. Muzzio respondió que no se le ocurriría pensar que una persona no puede entrar a un lugar por ser "demasiado vieja", y que del mismo modo no debería discriminarse a un chico; explicó que, a diferencia de una situación vinculada a una discapacidad, tratar el llanto de un bebé en un vuelo como una "falla operativa del padre que no sabe criar a sus hijos" no resulta un argumento válido para excluirlo.

El dato del perro y el niño, y la caída de la natalidad

Durante la charla, la vicejefa de Gobierno porteña compartió un dato que, según contó, suele plantear en charlas universitarias sobre la caída de la natalidad: le pregunta a estudiantes de entre 18 y 22 años si preferirían viajar 14 horas de avión sentados junto a un niño menor de 10 años o junto a un perro. Según relató, el 80% de casi 500 jóvenes encuestados elige al perro. "Me sorprende mucho cómo ese discurso antichicos está calando", lamentó.

Muzzio también aportó cifras concretas sobre la situación demográfica de la Ciudad. Señaló que la tasa de fecundidad porteña es de 0,9 hijos por mujer, muy por debajo de la tasa de reemplazo, que es de 2,1. Comparó ese número con el de Corea del Sur, que según indicó tiene una tasa de 0,7 pese a haber invertido 280.000 millones de dólares en incentivos para elevar la natalidad, lo que —sostuvo— demuestra que el problema "no es solamente un tema económico" sino también cultural, y mencionó que la misma tendencia se repite en países escandinavos, Italia, España y Alemania.

La funcionaria enumeró además otros efectos de la crisis demográfica en la Ciudad: el cierre de jardines de infantes y de maternidades —o maternidades donde se realizan más abortos que nacimientos—, la reducción de servicios de pediatría en sanatorios, y una matrícula de primer grado un 30% menor que hace dos años, con una proyección de caída del 50% para 2030. "Es como si a Vaca Muerta le faltara el gas: estaríamos todos alarmados. En la Ciudad de Buenos Aires están empezando a faltar sus personas, están empezando a faltar sus niños", graficó.

Derechos que "chocan" y el llamado a "celebrar" la niñez

Mercuriali le planteó a Muzzio otra tensión: la de quienes, como en el teatro, llevan a sus hijos a espectáculos que no son infantiles y que a veces ni siquiera los propios chicos quieren presenciar, frente al derecho de otros espectadores a disfrutar tranquilos. La funcionaria respondió que se trata de decisiones individuales, y comparó la situación con la de vecinos adultos que organizan reuniones con música y bebidas hasta altas horas de la noche.

Consultada, ya sobre el final, acerca de si el problema de fondo no sería más bien que la gente no quiere tener hijos por dificultades de acceso a la vivienda o el costo de vida, Muzzio sostuvo que el factor económico incide pero no explica todo el fenómeno, y volvió a citar el caso de Corea del Sur como ejemplo de un país sin grandes problemas de vivienda o empleo que igualmente registra una natalidad muy baja pese a los incentivos estatales. "¿Qué va a pasar de todos nosotros si no dejamos ninguna generación?", planteó.

Por último, sobre la repercusión de sus publicaciones en Twitter, Muzzio explicó que el uso del término pet hate fue "una metáfora deliberada" para llamar la atención sobre la normalización de una lógica de segregación por edad, en la que ciertos grupos son apartados de determinados espacios solo por pertenecer a una franja etaria. "Un mundo sin niños es un mundo peor, y yo voy a seguir sosteniendo que una ciudad con niños es una ciudad mejor", cerró la funcionaria porteña.

Temas

niños restaurantes Hoteles

Seguí leyendo

Más noticias

Te puede interesar

Más noticias de Uruguay

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos