No podía ser de otra manera.
El mayor drama del fútbol global por estos días tiene como protagonistas a dos argentinos: el delantero Julián Alvarez, campeón y subcampeón mundial con la Selección Argentina, y Diego “Cholo” Simeone, el entrenador mejor pagado del planeta y el que en solo 15 años ha provocado una revolución para elevar al cielo del entertaintment al Atlético de Madrid.
La novela lo tiene todo. Dinero, mucho dinero, actores poderosos, nacionalismo, rencores, venganzas y todos los componentes de un thriller psicológico. El próximo documental de Netflix, qué duda cabe que lo habrá, apenas tiene que hacerle unos retoques a un guión que ya está escrito.
El disparador ha sido muy simple. Julián Alvarez, aquel chico de 22 años que deslumbró en el Mundial de Qatar y convirtió goles históricos para la Selección de Lionel Messi que terminó siendo campeona, quiere irse del Atlético de Madrid, el club que dirige “Cholo” Simeone y que pagó por él 95 millones de euros hace apenas dos años.
La noticia fue una bomba. No solo por el protagonista, que era hasta ayer nomás el futbolista más popular del Atlético y cuyo nombre estaba en las espaldas de las camisetas de cientos de chicos que lo idolatraban y repetían su festejo de gol de Spiderman.
Fue una bomba porque Julián hizo saber su deseo en medio del Mundial de EEUU, al final de un partido de su Selección, rompiendo el corazón de los hinchas de su club y también la paciencia de Lionel Scaloni, el entrenador de la Argentina que se encontró con un drama ajeno que no tenía nada que ver con su gran objetivo de ese momento. Ganar el Mundial que, finalmente, se quedó España.
Con gesto amargo y mal aconsejado, el siempre querido Julián cometió un error imperdonable para el corazón sensible de los futboleros. Dijo, en pleno Mundial, que su sueño era irse del Atlético de Madrid para jugar en otro poderoso de España: el Barcelona, el club en el que brilló Messi y al que despidió de la peor manera. Siempre hay que recordar aquel llanto de Lionel junto a Antonella y los chicos.
No era una frase inocente. En esas mismas horas, el Barcelona difundía su idea de comprar a Julián por 100 millones de euros y el Real Madrid hacía una oferta por 150 millones para llevarse al argentino, solo con la intención de provocar un clima adverso para su rival madrileño. El Atlético rechazó las dos propuestas, la pública y la del rumor, pero el daño estaba hecho. Las redes sociales tuvieron su festival de sangre nacionalista.
La guerra estalló de inmediato. Se estaba con o contra Julián Alvarez. Sus fanáticos en la Argentina, sobre todo los hinchas de River que lo vieron crecer en las inferiores del club argentino, tomaron posición para exigir que el Atlético de Madrid le dejara cumplir su “sueño” al delantero.
Simeone dejó su futuro en el aire luego de perder las semis de Champions.
Y encontraron rápido al malo de la película: Simeone, el entrenador que los sacó campeón años atrás pero que luego se fue en medio de un torneo con muy malos resultados que aceleraron su ida al descenso.
El hate a Simeone, que tiene muchos adeptos en la Argentina, en España e inexplicablemente hasta entre muchos fanáticos del Atlético de Madrid, centró su argumento en una supuesta incapacidad del entrenador para aprovechar la genialidad del delantero quien -hay que decirlo- tuvo un flojo Mundial en EEUU, más allá de un golazo a Suiza.
Es cierto que Julián es un crack indiscutido. Pero también es cierto que el Atlético fue eliminado de la Champions por el Real Madrid en 2025 por un penal fallido del argentino. Y que otro penal malogrado le hizo perder la última Copa del Rey ante la Real Sociedad. Datos que ahora recuerdan los hinchas del Aleti.
Los fanáticos de Julián no comprenden, o no saben, cuál es la dimensión de Diego Simeone en España y en el Atlético de Madrid. Lleva 15 años dirigiendo al club ganando Ligas locales, Copas del Rey, Supercopas, Copas UEFA y solo le faltó la ansiada Champions League, aunque llegó dos veces a la final perdiendo ambas posibilidades ante el Real Madrid, una vez en tiempo suplementario y la otra por penales. El fútbol, se sabe, suele ser así de cruel.
Para quienes no bastan los títulos como base estadística pueden contar los datos económicos.
Simeone es el entrenador mejor pagado de Europa: gana unos 34 millones de euros al año, por encima del último salario de Pep Guardiola (Manchestar City), de Mikel Arteta (Arsenal), de Luis Enrique (PSG) y de José Mourinho (recién llegado al Real Madrid).
Además, el “Cholo” (quien ha sido protagonista de las campañas publicitarias de Iberia y de la telefónica Orange) fue quien le recomendó al club la idea de vender el histórico estadio Vicente Calderón para construir el gigante estadio Metropolitano.
La revista Forbes hizo el cálculo este año. Cuando Simeone llegó al Atlético de Madrid en 2011 el club estaba valuado en 189 millones de euros y con varias deudas complicadas. En el comienzo de esta temporada, el “Aleti” del Cholo vale 2.500 millones de euros y el fondo de inversión estadounidense Apollo Sports Capital está haciendo una inyección clave para terminar la ciudad deportiva junto al estadio.
El "Aleti" hoy vale 13 veces más que hace 15 años. Ya no es aquel club sufrido del que su fan número uno, Joaquín Sabina, decía "ha perdido en su campo" cuando cantaba Eclipse de mar.
El Atlético de Madrid es el club número 11 de Europa en el ranking de entidades más valiosas (Forbes), y el número 13 en generación de ingresos (Deloitte). Todos los analistas coinciden, además, en que el club estará pronto en el Top Ten. El “Cholo” Simeone no es solo el entrenador del “Aleti”. Es el principal referente de su marca y de su crecimiento.
Ese concepto es el que no terminó de entender Julián Alvarez, y el perjuicio más grande para él es que nadie se lo haya explicado antes de meterse en un conflicto donde tiene todas las de perder.
Para quienes conocen el trasfondo económico del fútbol global, está claro que el gran responsable del mal momento que está pasando Julián es su representante, Fernando Hidalgo, un empresario argentino dueño de los pases de varios jugadores y quien tuvo un paso lamentable por el Racing Club de Avellaneda en la primera década de este siglo como facilitador de un fondo de inversión detrás del cual estaba la familia Kirchner. Compras y ventas muy oscuras que complicaron mucho al club argentino.
Ese empresario es quien le recomendó a Julián Alvarez declarar públicamente en pleno Mundial que quería dejar el Atlético de Madrid para irse al Barcelona. El amor de los hinchas se rompió de inmediato. Y la prueba estuvo en esa silbatina feroz que el argentino se llevó en su primer partido de local ante el Villarreal. Primero sentado en el banco de suplentes, luego al entrar en el equipo y el paroxismo cuando se retiró en soledad.
Julián ha estado tres días sin ir a entrenar. No fue convocado este fin de semana para el partido contra el Sevilla y su futuro podría estar en seguir en el Atlético de Madrid a la espera de que se calmen las cosas o en partir a Londres para jugar en el Arsenal, opción que hasta ahora ha venido rechazando.
Claro que el Arsenal londinense ha puesto una condición. Que sea el Atlético el que cierre la operación con Julián porque el argentino ya se ha ganado el mote de chico difícil. Se fue mal del City; se quiere ir mal del Aleti. No es una medalla que cuente para el competitivo mercado europeo.
Quizás se pueda esperar una última charla entre el Cholo Simeone y Julián para encontrar un camino de reconciliación. Su hijo Giulano ha hablado maravillas de Alvarez. Quizás algún pedido de disculpas a la afición y un par de goles logren lo que nunca van a lograr las redes salvajes ni los representantes.
El fútbol es injusto, y por eso es tan hermoso.
Además, olvida rápido las peores ofensas cuando el arrepentido paga con una moneda de su talento.