Seguramente, la falta de cultura general y de lecturas apropiadas le impidieron a Jackson saber que la Argentina había abolido la esclavitud en la Asamblea de 1813, cuando todavía no había consolidado su independencia de España.
Si lo hubiera sabido, el talentoso Samuel hubiera sido cheers leader de la Argentina, el país maldito.
La narrativa contra la "Argentina racista"
Pero así están las cosas desde hace un mes y medio, cuando comenzó el Mundial en EEUU, México y Canadá. Y se pusieron peores el miércoles pasado, el día en que la Selección de Lionel Messi derrotó a la poderosa Inglaterra y se consagró finalista para disputar la corona del fútbol con España.
También en Inglaterra, país con historia esclavista por excelencia como los otros mundialistas Bélgica, Holanda y Portugal, han insistido en los últimos años con una narrativa insólita pero persistente destacando un supuesto racismo que florece en la Argentina.
De ese relato fantástico se alimentó un artículo de una historiadora afroamericana en The Washington Post en 2022, acusando a la Argentina de país racista porque ningún integrante de la Selección de fútbol tenía jugadores negros como sí los tienen Inglaterra, Suiza o España.
Si la columnista que escribió ese artículo se hubiera informado sobre la Argentina habría sabido el dato sobre la temprana abolición de la esclavitud, y también se habría enterado que -aunque en proporción mucho menor a la de otros países- hay un rastro de racismo argentino en nuestras clases altas y medias del que suelen ser víctimas los descendientes de indígenas, o los inmigrantes de naciones limítrofes en Sudamérica.
Pero no lo sabía.
También Samuel Jackson, The Washington Post y tantos otros que hablan sin saber, desconocen que al lado de los rubios Mac Allister, Leandro Paredes o Nico Paz (nacido en las islas Canarias) hay otros jugadores nacidos en hogares de familias muy pobres que debieron aguantar en los clubes europeos adonde juegan muchos episodios de discriminación.
Pero eso, los acusadores de estos días, tampoco lo saben.
Frenar a la Argentina de Messi
Lo extraño fue que la campaña anti argentina no cesó con la llegada de la Selección de Messi a la final del Mundial. Todo lo contrario. Recrudeció a niveles estratosféricos y fue tomada por muchos medios e influencers españoles en la previa del partido para acusar a la Argentina de violenta y mal perdedora.
Para que toda la narrativa se justificara, la Selección debía perder ante España. Y así sucedió.
Lo cierto es que España jugó mucho mejor que Argentina, que Messi no pesó en el trámite como en los siete partidos anteriores y que el Mundial se lo llevó la España más diversa, con su prosperidad de las últimas tres décadas bien ganadas y con su presidente de izquierdas, el astuto Pedro Sánchez.
Muchos pensaron (pensamos) que la campaña anti argentina acabaría allí. El objetivo estaba logrado. España era el campeón y Argentina la perdedora que debía ir al infierno, pese a que Messi ya se había consagrado como el mejor jugador de la historia con un comportamiento impecable en toda su carrera y que el entrenador Lionel Scaloni es invitado a dar conferencias por su liderazgo y su legado inspirador.
Pero no. En estos días siguientes, mientras España celebrara en Cibeles y la Selección Argentina arrastraba su dolor entre Nueva York y una helada Buenos Aires, los medios y el infierno de las redes sociales volvieron a atacar al subcampeón del mundo. La andanada se centra ahora en una supuesta violencia de los futbolistas argentinos.
El eje discursivo se centró en el par de minutos de incidentes cuando terminó la final.
El agarrón al cuello de Paredes al español Eric García, un golpe a la carrera de Nahuel Molina contra el MVP Rodri Hernández, y un empujón del ayudante técnico Roberto Ayala al delantero Dani Olmo. La escena transmitida al mundo condenaba a la Argentina, aunque la narrativa nada dijo de las cargadas finales de los españoles ni de que Olmo haya llamado simio (insulto racista si los hay en España) al ofendido Ayala.
Lo cierto es que todo eso no debió suceder. Y está muy mal que haya sucedido. Los argentinos son profesionales todos y tienen la experiencia suficiente como haber contenido los nervios por una derrota. Aunque la derrota duela como dolió esta.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump (i) saluda al presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez este domingo, en el partido de la final del Mundial de la FIFA 2026 entre España y Argentina en el estadio MetLife en Nueva Jersey (Estados Unidos).
Pedro Sánchez, el gran ganador del Mundial
De todos modos, lo inaceptable es el grado de violencia discursiva que sufrió la Argentina desde la noche del domingo. Y aquí es donde entra a tallar la cuestión política.
Desde que las redes sociales marcan el ritmo de la discusión ideológica, y que Giulano da Empoli les dio fama a los ingenieros del caos de la conversación digital, los gobiernos y hasta los movimientos terroristas invierten en este mercado.
El aparato mediático y de redes sociales se activó en muchos casos por influencers que buscan los likes y la captación de nuevos seguidores. Pero la potencia inicial la dieron las granjas y los ejércitos de trolls que defienden al que pague el mejor presupuesto.
A nadie le sorprendió que la primera felicitación a la España campeona del mundo viniera de la dictadura de Irán, de Turquía y de Gaza, cuyo gobierno de facto lo ejerce la organización terrorista Hamás.
Esos países y grupos violentos trabajan en forma coordinada la guerra mediática contra Israel, de la que la izquierda española saca provecho político y económico. En el metro de Madrid, un grupo de activistas cantó en la noche de la victoria “Messi, sionista”. Ni el resto de los españoles entendía el significado.
Tampoco extrañó que ese enorme actor español que es Javier Bardem fuera en los estadios de EEUU el primer fan de la Selección agitando el banderín de Palestina, porque está abocado a la causa anti Israel y porque es contratado de una empresa de accionistas chinos que también financia sus películas y los premios que le otorgan. Bien por él. Y por Pedro Sánchez, el gran ganador político del Mundial.
Quizás es un poco más triste es que, en la misma línea anti argentina hayan caído el prolífico escritor Arturo Pérez Reverte, quien conoce bien cómo funciona y sufre en carne propia el aparato mediático de Pedro Sánchez y del wokismo europeo y estadounidense, o la talentosa artista Rosalía, quien arrancó su carrera al estrellato cantando una maravillosa versión de Alfonsina y el mar.
Habrá que ver qué dicen los fans de la Rosalía en los cuatro conciertos que tendrá en poco más de una semana en Buenos Aires. Siempre hay tiempo para una disculpa.
Javier Milei, como objetivo secundario
En el caso de la izquierda española, y del resto de la izquierda europea, el ensañamiento con la Selección, con Lionel Messi y con la Argentina se conecta directamente con las críticas a Javier Milei, el presidente de la derecha libertaria que intenta restaurar la economía del país castigado desde hace décadas por la inflación y el desequilibrio fiscal.
Desde que Milei ha confirmado su decisión de ir por la reelección presidencial en 2027, los ataques de la izquierda española y europea han recrudecido en los últimos meses. Y la final del Mundial perdido por Argentina les dio a algunos de sus integrantes la oportunidad de subirse al tren anti Selección.
Es el caso del economista griego Yanis Varoufakis, quien casi hace desaparecer a Grecia en 2015 cuando era ministro de Finanzas. Ahora, como fundador de la Internacional Progresista se montó en la operación anti Argentina y opinó que el domingo triunfó “el multiculturalismo saludable, que logró sobrevivir a la feroz comercialización y los trucos empresariales”. ¿El fútbol? Bien gracias.
Hubo episodios menores de ataques a argentinos en España por la final del Mundial. Un muchacho golpeado en la estación del metro y una chica hostigada mientras miraba la fiesta española desde el balcón de su casa solo por el crimen de vestir la camiseta argentina.
La verdad es que los hechos más violentos del domingo ocurrieron en Bilbao y en Navarra, cuando activistas pro ETA (el sangriento grupo terrorista vasco que asesinó a un millar de personas) atacó y mandó al hospital a ciudadanos y militares españoles que miraban la final con sus banderas.
Ahí nada tiene que ver la Argentina, claro.
También esto pasará
Algo queda claro. Deberemos trabajar argentinos y españoles para bajar los decibeles de estos días y volver al intercambio amable que caracteriza a una relación que sabe de historia, de abuelos, y de padres e hijos a uno y a otro lado del océano Atlántico.
Como dice la gran escritora catalana, Milena Busquets, también esto pasará.
Nadie mejor que los argentinos sabemos cuáles son nuestros pecados. Crecimos ricos, y maduramos pobres. Desperdiciamos tantas veces la democracia y fuimos a una guerra que no decidimos.
Pero, después de las dictaduras y de los años de decadencia, seguimos intentando reconstruirnos juntos, hijos y nietos de indios y de inmigrantes que consolidamos una sociedad integrada y afectiva.
Acertando y equivocándonos. Pero, el Holocausto y las guerras mundiales no sucedieron en Argentina.
En la Argentina sucedieron San Martín y Gardel, Borges y Maradona, Favaloro, Eva Perón y Mercedes Sosa. El Papa Francisco, Scaloni y Lionel Messi.
Con sus méritos y con sus defectos. Demasiada emoción, demasiada nostalgia, demasiada intensidad. Todo eso, pero nunca racistas. Hay que vivir unos días en la Argentina para comprobarlo.
Samuel Jakson, Javier Bardem, Pérez Reverte, los perdonamos.
Porque ya sabemos que se trata de Argentina. Y no lo entenderían.