Para este ejercicio se tomó como referencia un auto del segmento compacto, modelo 2025, la misma categoría de vehículo usada en la nota original. Con ese punto de partida, ¿cuánto subió el costo de tenerlo un año después?
En 2025, el costo de mantenimiento mensual de ese auto ascendía a 762.262 pesos, sumando cochera, estacionamiento durante la jornada laboral, seguro, patente, nafta, lavadero, service programado y elementos de seguridad. Un año más tarde, esa misma canasta de gastos trepó a $1.096.229, lo que implica un incremento interanual del 44%.
El aumento, sin embargo, no fue parejo entre los rubros. La cochera fue el que más se encareció, con una suba del 65% —de $119.000 a $195.000 mensuales—, seguida de la patente, que subió 60% (de $88.667 a $141.836), y la nafta, con un 52% de incremento ($53.604 a $81.288). El lavadero aumentó 50% y el service programado, 36%. En el otro extremo, el estacionamiento en la jornada laboral y el seguro fueron los rubros más contenidos, con subas del 31% y el 11% respectivamente, muy por debajo de la inflación general del período. Los elementos de seguridad, el ítem de menor peso en la cuenta total, apenas se movieron un 7%.
Del lado de la movilidad por taxi o aplicación, el aumento fue bastante más moderado. Moverse en taxi, con los mismos dos viajes diarios de 11 kilómetros cada uno, pasó de costar $499.200 a $560.000 mensuales, una suba del 12%. En Uber, por su parte, subió de $580.000 a $640.000, un 10% interanual.
La primera conclusión es incluso más contundente que la de hace un año: no solo el auto propio sigue siendo la opción más cara, sino que la brecha se ensanchó. Mientras que mantener el vehículo aumentó 44% en doce meses, taxi y Uber lo hicieron a una décima parte de ese ritmo. En términos de la comparación directa, el auto pasó de costar 1,5 veces lo que un taxi en 2025 a costar casi el doble en 2026 ($1.096.229 contra $560.000). Frente a Uber, la diferencia también se amplió: de 1,3 veces a 1,7 veces.
Esa divergencia tiene una explicación de fondo. Los rubros que más encarecieron al auto propio —cochera, patente, nafta— están atados a variables poco vinculadas al nivel general de precios: el valor de la tierra en zonas urbanas, ajustes fiscales provinciales y el precio internacional del petróleo, respectivamente. Las tarifas de taxi y Uber, en cambio, vienen ajustándose con mayor cercanía al ritmo de la desinflación general de la economía, lo que las volvió, en términos relativos, todavía más convenientes que hace un año.
Vender el auto, invertir el capital y moverse en Uber ”para determinados perfiles de consumidores, vender el auto y destinar ese capital a una inversión puede ser una alternativa económicamente más eficiente que mantener un vehículo propio. La razón principal es el costo de oportunidad: un automóvil es un activo que, en general, se deprecia y además genera gastos permanentes de seguro, combustible, mantenimiento, patente, estacionamiento y reparaciones”, indicó Di Pace.
“En cambio, si el propietario vende el vehículo y coloca ese capital en una inversión que genere rendimiento, puede transformar un activo que pierde valor en un capital productivo. A eso se suma que, cuando necesita trasladarse, puede pagar únicamente por el servicio de movilidad que utiliza, ya sea taxi o una plataforma”, completó.
Si en lugar de mantener el auto se decide venderlo, el capital liberado —en este caso, una valuación de $37.900.000, acorde al valor actualizado del segmento compacto/utilitario chico tomado como referencia— abre la posibilidad de ponerlo a trabajar en el sistema financiero. La pregunta, igual que hace un año, es si los intereses generados alcanzan para cubrir el gasto de moverse en Uber, que en 2026 se ubica en $560.000 mensuales.
Con un plazo fijo, la TNA vigente es de 19%, lo que implica una TEA de 20,44% y una TEM aproximada de 1,56%. Sobre los $37.900.000, eso genera un interés mensual de $591.863, apenas por encima del gasto de movilidad estimado. La diferencia es ajustada, pero alcanza: quedaría un excedente de poco más de $31.000 al mes si se retiran los intereses en lugar de reinvertirlos.
Con una billetera virtual, con una TNA promedio de 18,3% (TEA de 19,57%, TEM de 1,50%), el rendimiento mensual sobre el mismo capital es de $568.812. También cubre el gasto de Uber, aunque con un margen todavía más estrecho que el plazo fijo: apenas $8.800 de excedente mensual.
La foto es distinta a la de 2025, cuando el plazo fijo generaba más del doble de lo necesario para cubrir taxi o Uber. Un año después, con tasas nominales mucho más bajas producto de la desaceleración inflacionaria, el margen entre lo que rinde el capital y lo que cuesta moverse se achicó de forma considerable. Ambos instrumentos siguen alcanzando para no tener que tocar el capital inicial, pero el colchón que ofrecían hace doce meses prácticamente desapareció.
El ejercicio puede extenderse, igual que en la nota anterior, a un escenario de reinversión. Si en lugar de retirar los intereses mes a mes se los deja capitalizar durante doce meses —cubriendo mientras tanto la movilidad con ingresos corrientes—, el capital crece de forma más significativa.
En un plazo fijo, los $37.900.000 se convierten en $45.645.279 al cabo de un año, lo que eleva la renta mensual del segundo año a $712.817, un excedente ya más cómodo frente al gasto de Uber. Con una billetera virtual, el capital llega a $45.318.332 y la renta mensual del segundo año asciende a $680.147, también con margen.
Un instrumento adicional para este ejercicio es el bono ajustado por CER. Tomando como referencia el TX28 (BONCER 2028, cupón 2,25%), que cotiza actualmente a $1.691 frente a un valor técnico de $1.828, su tasa interna de retorno real es de 9,23% por encima del CER. Con una inflación proyectada por el REM del 29,80% para los próximos doce meses, el rendimiento nominal esperado se ubica en torno al 42% anual, el más alto de los tres instrumentos analizados, aunque con una salvedad importante: a diferencia del plazo fijo o la billetera virtual, el TX28 no es líquido mes a mes. El capital se cobra recién al vencimiento en 2028 y los intereses se pagan en cuotas semestrales, por lo que optar por este instrumento implica solventar el gasto de Uber con ingresos corrientes en el ínterin, hasta el cobro de cada cupón semestral.
Con esto, el panorama se repite en su estructura general: los tres instrumentos permiten cubrir el gasto de movilidad sin tocar el capital inicial, y el bono CER es, además, el que ofrece cobertura frente a la inflación, algo que ni el plazo fijo ni la billetera virtual garantizan. La diferencia con 2025 es que ese colchón, en pesos nominales, es hoy bastante más ajustado en los instrumentos de tasa fija, lo que reduce el margen de error frente a imprevistos o cambios bruscos en el costo de los viajes.