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Imagine que usted tiene una heladera. Pero no cualquier heladera, sino una capaz de enfriar cosas hasta temperaturas casi imposibles, cercanas al límite más frío que puede existir en el universo. Sin esa heladera, las computadoras cuánticas, las máquinas que podrían romper cualquier cifrado militar, optimizar cualquier sistema logístico, simular cualquier arma; simplemente no funcionan. Se calientan un grado de más y todo colapsa.

Quien controle esa heladera, controla la próxima era tecnológica. En este escenario, China anunció que inventó una mejor, y casi nadie preguntó si es verdad.

El problema del frío extremo

Las computadoras cuánticas no operan a temperatura ambiente, ni siquiera a temperaturas de congelador industrial. Necesitan frío casi absoluto, son -273 grados Celsius, una fracción de grado por encima del cero absoluto, el guarismo más bajo posible en el universo. A temperatura ambiente, el calor hace vibrar las partículas subatómicas y destruye los cálculos antes de que ocurran. Es como escribir en un papel mientras alguien lo sacude violentamente.

Hoy, enfriar esas máquinas requiere un elemento llamado helio-3. El problema es que este gas es extraordinariamente escaso. No se fabrica, sino se extrae como subproducto del envejecimiento de cabezas nucleares. Estados Unidos es el mayor productor mundial, aunque es caro, estratégicamente sensible, y no hay sustituto conocido que funcione igual. Hasta ahora, según China.

La técnica: una esponja de frío

El método que los investigadores chinos dicen haber perfeccionado existe desde los años treinta y funciona así: imagine una esponja especial que, cuando usted la aprieta dentro de un campo magnético, libera calor, es decir, se “carga” de orden interno. Luego, cuando usted suelta esa esponja y retira el campo magnético, la esponja vuelve al desorden y para hacerlo absorbe calor de todo lo que la rodea, como si lo chupara. El resultado es que todo lo que está cerca se enfría dramáticamente.

El problema histórico nunca fue que la esponja no se enfriara a sí misma, sino que esa esponja era un pésimo conductor de frío hacia afuera, como un cubo de hielo envuelto en telgopor. Se congelaba por dentro y no podía enfriar nada más. Esto la hace inútil para aplicaciones prácticas.

Lo que China afirma es que encontró una mezcla de tres metales: europio, cobalto y aluminio que es simultáneamente esa esponja y un buen conductor. Esta sí lograría enfriarse a sí misma y transferir ese frío eficientemente hacia los componentes que importan. Si eso es real y verificable, es un avance genuino, aunque incremental. El problema es todo lo que viene después.

Cómo se fabrica una victoria

El anuncio no llegó en una revista científica internacional con revisión independiente. Llegó de una institución estatal china, pasó a un diario de Hong Kong conocido por amplificar logros tecnológicos del gobierno, y de ahí fue recogido por medios occidentales especializados que lo reescribieron sin acceder al estudio original. No hay referencia al paper, tampoco se conoce el nombre del investigador principal. Al mismo tiempo, no hay revista identificada.

En suma, es como si un laboratorio farmacéutico anunciara que curó el cáncer, pero en lugar de publicar los resultados en una revista médica para que otros científicos los revisaran, simplemente le diera la noticia a un periodista amigo.

El timing tampoco fue casualidad. Exactamente dos semanas antes, DARPA, el organismo de investigación militar más importante de Estados Unidos, había publicado una convocatoria formal buscando sistemas de enfriamiento que no dependieran del helio-3. China publicó sus “resultados” casi de inmediato y los medios conectaron los puntos y escribieron: China le ganó a DARPA.

Pero DARPA no buscaba un experimento de laboratorio sino un sistema funcional, portable, verificado, listo para uso militar o industrial. Un módulo de laboratorio que alcanza temperatura récord bajo condiciones perfectamente controladas no compite con ese requerimiento. Es como declarar que usted ganó el Tour de France porque dio una vuelta perfecta en bicicleta fija en su gimnasio.

Las preguntas que nadie hizo

La más relevante sobre esa “esponja de frío” es que no enfría de manera continua. Funciona en ciclos, se carga, descarga, y necesita recuperarse. Como un extintor que hay que recargar después de cada uso. El anuncio muestra la temperatura mínima que alcanzó el material en un instante de laboratorio, sin nada que enfriar. Lo que nadie preguntó es si puede mantener esa temperatura mientras enfría una carga real, durante horas, en ciclos repetidos.

La segunda pregunta ausente: es el europio, el metal principal de la aleación, es una tierra rara cuyo suministro mundial está controlado casi completamente por China. Si el mundo adoptara esta tecnología, dependería de China para fabricarla. El artículo presentó eso como un detalle menor, sin embargo no lo es.

El tercer interrogante es que casi con certeza el sistema todavía necesita frío convencional como punto de partida antes de que la aleación haga su trabajo. Eliminó el helio-3, no la criogenia completa. Es como anunciar un auto que no necesita nafta, pero sí necesita que alguien lo empuje para arrancar.

Por qué funciona el teatro

China tiene una razón estratégica muy concreta para este tipo de anuncios. Sus computadoras cuánticas siguen siendo inferiores a las de IBM, Google y Microsoft en los indicadores que realmente importan. Anunciar una victoria en la infraestructura de enfriamiento, un problema de ingeniería más concreto y menos verificable en tiempo real que el rendimiento de los qubits en estas máquinas, cumple la función de crear la percepción de paridad tecnológica sin tener que demostrarla en el campo donde el rezago es real.

El resultado técnico puede ser genuino. La aleación probablemente existe y tendría propiedades interesantes. Pero entre un experimento de laboratorio sin revisión independiente y una tecnología que cambia la carrera cuántica global, hay una distancia que se mide en años de ingeniería, fracasos no publicitados y verificación externa.

Lo que China perfeccionó no es la heladera cuántica, sino el anuncio de que la tiene.

Las cosas como son

Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.

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Computación cuántica