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Una agencia de viajes argentina vendió una entrada para el partido Noruega-Irak del Mundial 2026 a 250 dólares. Había pagado 263 dólares por ese mismo ticket. Perdió plata. Y no fue un error de cálculo ni una decisión equivocada: fue el resultado previsible de un sistema construido por la FIFA para que el negocio sea suyo de principio a fin.

El modelo de comercialización de entradas del Mundial 2026 no tiene precedentes en la historia de los eventos deportivos globales. La FIFA rediseñó el negocio desde cero: cobra cuando vende en el mercado primario y cobra de nuevo cuando esa misma entrada se revende. Además, estructuró el área de hospitalidad de manera suficientemente opaca como para que nadie pueda saber con precisión cuántas entradas están realmente agotadas y cuántas están técnicamente asignadas a paquetes que pueden o no haberse vendido en su totalidad. Según una investigación del sitio especializado Sportico, la FIFA espera generar 3.000 millones de dólares sólo en ticketing y hospitalidad combinados. En el Mundial de Qatar 2022, ese mismo concepto rindió 929 millones de dólares. El salto proyectado supera el 200% en apenas un ciclo.

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El mecanismo del doble cobro

El corazón del sistema es el FIFA Marketplace, la plataforma oficial de reventa que la FIFA construyó como producto propio, sin depender de terceros. Cuando una entrada vendida en el mercado primario ingresa a ese marketplace, la FIFA cobra el 15% al vendedor y otro tanto al comprador: el 30% de cada transacción secundaria va al organismo, sin importar el precio final.

En enero de 2026, un reporte de ESPN en Estados Unidos encontró una entrada para la final listada en el marketplace oficial a 230.000 dólares. El ticket más barato en ese mismo sitio estaba a 16.000 dólares. Si alguno de esos tickets se vende a ese precio, la FIFA percibe 4.800 dólares sobre esa transacción, además de lo que ya cobró en la venta original.

Keith Pagello, fundador de TicketData, lo resumió con precisión: "Se trata de vender la mayor cantidad de entradas posible al mayor precio posible. El riesgo de precio lo asume el primer comprador. Si el mercado baja, pierde el comprador; la FIFA cobra igual, sobre cualquier precio, en cualquier dirección".

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El "slow ticketing" y sus consecuencias para el hincha

El otro componente central de la estrategia es el llamado slow ticketing: lanzar el inventario de manera gradual, abrir con precios más altos que los que el mercado va a sostener y esperar la corrección. El modelo proviene de la industria musical, popularizado por giras de artistas como Taylor Swift y Bruce Springsteen, y migró al deporte de alta gama en los últimos años.

A días del inicio del torneo, había aproximadamente 2.400 entradas de valor nominal para el partido inaugural de Estados Unidos contra Paraguay, con precios entre 1.940 y 2.735 dólares. Para la industria tradicional del ticketing, eso sería una señal de alarma. En el modelo de slow ticketing es una consecuencia buscada.

Ken Hanscom, director de operaciones de TicketManager, lo definió en términos precisos: "Estamos siendo testigos de una transición del poder de precios, de la comunidad de brokers hacia los titulares de derechos." Durante décadas el modelo funcionó al revés: el titular fijaba un precio de valor nominal accesible, los brokers compraban en masa y revendían con margen, y plataformas como StubHub se llevaban una comisión por cada transacción. El slow ticketing elimina ese flujo. El diferencial que antes capturaban los intermediarios ahora lo captura el titular desde el inicio.

Para el hincha, las consecuencias son concretas y poco favorables: quien compra temprano paga el precio de apertura, que casi siempre es el más alto. Quien espera a que los precios bajen asume el riesgo de quedarse sin entrada. El modelo castiga la pasión y premia el cálculo especulativo. Una entrada dejó de ser un acceso a la experiencia del Mundial y se convirtió en un activo financiero que se negocia.

El costo argentino

Para un hincha argentino, el Mundial 2026 es el más caro de la historia. Según estimaciones del sector relevadas por el periodista Marcelo Gantman en su newsletter Big data sports, seguir a la Selección en los ocho partidos posibles —desde la fase de grupos hasta la final— demandaría alrededor de 68.500 dólares, el mayor gasto proyectado entre los viajeros latinoamericanos. Esa cifra incluye vuelos, alojamiento y entradas.

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Los datos de CVC Corp, la compañía que agrupa a las agencias Almundo y Biblos, permiten dimensionar el mercado local. La empresa comercializó cerca de 600 paquetes para el Mundial. La mayoría de los pasajeros eligió paquetes de dos partidos con precios desde 9.500 dólares; un paquete para un solo partido parte desde 6.525 dólares. Casi el 70 por ciento de las operaciones se pagó en dólares vía transferencia bancaria. La demanda de vuelos a Estados Unidos creció un 150 por ciento entre abril y mayo respecto a diciembre de 2025.

El panorama para las agencias que operaron fuera del sistema de paquetes oficiales fue más difícil. Un ejecutivo del sector consultado por Gantman describió el escenario: el mercado de venta de boletos estuvo quieto durante meses, la gente esperó que los precios bajaran sobre la fecha del torneo, y el margen de ganancias para las agencias desapareció. El caso de la agencia que vendió a pérdida no fue una excepción sino una tendencia.

Aerolíneas Argentinas también reflejó el impacto: canceló vuelos programados desde Tucumán, Rosario y Córdoba hacia Miami que habían sido anunciados específicamente para el Mundial. Toda la operación quedó concentrada en Ezeiza.

La opacidad del hospitality y la presión regulatoria

On Location, el operador oficial de hospitalidad del torneo, es la otra pieza central del modelo. Según la compañía, el programa superó los 500.000 paquetes vendidos y más que duplicó los ingresos de cualquier Mundial anterior. Pero el antecedente más reciente de On Location en un evento de escala comparable genera dudas: en los Juegos Olímpicos de París 2024, la empresa registró 85,7 millones de dólares en entradas sin vender y acumuló pérdidas totales de 252 millones de dólares, según informó Sports Business Journal en base a una presentación ante la SEC y declaraciones del CFO de TKO Group, empresa matriz de On Location.

El Mundial 2026 tiene más partidos, más ciudades y más inventario de hospitalidad que los Juegos Olímpicos de París. Si la demanda premium no sostiene los precios hasta el final del torneo, la pregunta sobre si On Location puede absorber esos volúmenes sin repetir las pérdidas de París no tiene respuesta pública todavía.

La opacidad del sistema de hospitalidad tiene otra consecuencia: cuando la FIFA declara que un partido está agotado, no hay manera de verificar qué porcentaje del inventario está genuinamente vendido como entrada estándar y qué porcentaje está técnicamente asignado a paquetes de On Location que pueden no haberse vendido en su totalidad. Los asientos aparecen como vendidos en la contabilidad del organismo, pero pueden estar vacíos el día del partido.

Esa combinación de precios altos, reventa propia y opacidad en el hospitality llevó a que los fiscales generales de Nueva York y Nueva Jersey citaran a la FIFA para solicitar información sobre sus prácticas de venta de entradas. Es la primera acción regulatoria de ese tipo contra un organismo deportivo internacional en suelo norteamericano.

El analista Cameron Mansson-Perrone, de Morgan Stanley, señaló el factor que hace posible toda la estrategia: "La FIFA ocupa una posición bastante única donde entra al mercado cada cuatro años y luego no regresa por un tiempo. Eso le permite ser más ambiciosa —o agresiva— con sus precios iniciales". El próximo evento de la FIFA en Estados Unidos será la Copa del Mundo Femenina en 2031. Cinco años separan el probable enojo del hincha de la próxima obligación de compra. Tiempo suficiente para que el cálculo de la FIFA valga la pena.

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FIFA Mundial 2026

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