El BCRA cortó su racha compradora de dólares justo cuando el FMI pedía que la sostuviera
La divisa mayorista marcó otro máximo pese a la pausa; los bonos cedieron y el riesgo país no logra bajar de los 440 puntos.
La divisa mayorista marcó otro máximo pese a la pausa; los bonos cedieron y el riesgo país no logra bajar de los 440 puntos.
El Banco Central no intervino este martes en el Mercado Único y Libre de Cambios y, con eso, cortó una racha de 135 jornadas consecutivas comprando dólares que había arrancado el 2 de enero. La pausa se dio apenas un día después de que la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, elogiara públicamente la acumulación de reservas del Gobierno y pidiera, textualmente, que "sigan comprando". La coincidencia entre el pedido del organismo y el freno de la autoridad monetaria abrió una pregunta que domina hoy las mesas de dinero: ¿fue una decisión deliberada o simplemente el mercado no le dejó margen para comprar sin mover el precio?
La lectura más extendida entre los analistas es que el Central no se quedó de brazos cruzados por decisión propia, sino porque la oferta de dólares no alcanzó para sostener el ritmo comprador sin convalidar una suba mayor del tipo de cambio. El volumen operado en el segmento de contado rondó los US$528 millones, una cifra apenas por debajo del promedio mensual y lejos de justificar una intervención estéril. En paralelo, se mantuvo firme la demanda de instrumentos dollar-linked, en particular por el vencimiento de la Letra del Tesoro ajustada por el dólar oficial que expira este viernes y que concentra pagos por unos US$2.247 millones. El volumen operado de la Lelink de agosto, que superó los US$400 millones, funcionó como termómetro de que el propio Tesoro salió a contener la presión cambiaria por otra vía, sin necesidad de que el Central saliera a comprar en el spot.
Esa dinámica explica en parte por qué el dólar mayorista, lejos de calmarse, sumó $2,64 (+0,2%) y cerró en $1.499,74, un nuevo máximo nominal que lo dejó a un paso de perforar la barrera psicológica de los $1.500. Aun así, la cotización se mantuvo 18% por debajo del techo de la banda cambiaria, fijado hoy en $1.841,16, un colchón que el Gobierno todavía exhibe como margen de maniobra. El resto de las cotizaciones se movió con calma: el minorista quedó estable en $1.520 en el Banco Nación por segunda rueda al hilo, el MEP no tuvo variaciones en $1.533,50 y el contado con liquidación subió apenas $2,89, hasta $1.599,91. El blue, en cambio, sí mostró algo de nerviosismo y trepó $10, a $1.570.
Desde que arrancó el esquema de acumulación, el Central lleva sumadas reservas por US$13.101 millones, un número que el propio FMI ponderó como evidencia de una estrategia integral para afrontar los vencimientos de deuda hasta 2027. Georgieva fue incluso más allá al descartar, ante una consulta directa de la prensa, que la Argentina vaya a necesitar financiamiento adicional del organismo el año próximo pese al aumento previsible de la demanda de dólares en la previa electoral. El contraste entre ese respaldo discursivo y la pausa compradora de apenas 24 horas después no pasó inadvertido para el mercado, aunque el consenso es que se trató de una cuestión de oferta y no de un cambio de estrategia.
El humor financiero del día estuvo lejos de acompañar al dólar. El Merval cayó 1,5%, hasta los 3.256.361,65 puntos, el equivalente a US$2.038,36 medido en dólares CCL. Las bajas más pronunciadas se concentraron en Metrogas, Telecom y Edenor, todas con retrocesos de entre 3% y 4%. En Wall Street, los ADR argentinos también operaron mayormente en rojo, con Transportadora Gas del Sur, Telecom y Banco Supervielle a la cabeza de las pérdidas, aunque Globant se despegó del resto con una suba de 7,6% de la mano del repunte del sector de tecnología a nivel global.
El riesgo país, mientras tanto, sigue sin encontrar un rumbo claro. El indicador de JP Morgan cerró en 441 puntos básicos, luego de haber tocado los 450 durante la rueda, el nivel más alto en seis semanas. La suba acumulada de julio, de 20 unidades (+3,5%), contrasta con el mínimo de la gestión de Javier Milei, los 402 puntos alcanzados el 10 de julio, cuando el mercado descontaba que el indicador perforaría los 400 en las semanas siguientes. Ese pronóstico quedó archivado por ahora.
Los bonos soberanos en dólares no fueron ajenos a ese clima. Los títulos bajo ley local cayeron hasta 0,3%, con el AL29D como única excepción al subir 0,2%, mientras que los Globales retrocedieron hasta 0,4%, con mayor castigo en los tramos medio y largo, donde las bajas llegaron a 1,5%. La explicación combina varios frentes: la suba de los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense, la toma de ganancias tras el rally reciente ligado a la inteligencia artificial y un apetito global más cauto por riesgo emergente en medio de la escalada del conflicto en Medio Oriente, que empujó al petróleo Brent hasta los US$82 por barril.
A ese combo internacional se sumó un factor doméstico que preocupa cada vez más a los inversores: el Índice de Confianza en el Gobierno que elabora la Universidad Torcuato Di Tella volvió a caer en julio, después del repunte de junio, en simultáneo con datos de actividad económica que decepcionaron la semana pasada. La lectura que empieza a instalarse en las mesas es que ese deterioro de la economía real y del clima social podría empezar a jugarle en contra al oficialismo en la recta hacia las elecciones, justo cuando el mercado observa con atención qué margen le queda al Gobierno para sostener el esquema cambiario sin la ayuda cotidiana de las compras del Central.
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