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Imagina que tienes una tienda de ropa y, con el tiempo, has recopilado información sobre qué prendas compran más tus clientes, qué colores prefieren en cada estación y qué días de la semana tienes más ventas. Esa información es valiosa porque ayuda en la toma de mejores decisiones: saber qué productos pedir, cuándo lanzar descuentos y cómo atraer más compradores. Hasta ahora, esos datos eran sólo útiles dentro del negocio, pero no tenían un valor contable. Sin embargo, en China, una nueva política permite que las empresas declaren esos datos como activos en sus balances financieros, es decir, como algo que tiene un valor económico real, igual que una caja registradora, un camión de reparto o el dinero en el banco.

El país está en una posición única para hacer esto porque produce una cantidad de datos gigantesca. Para que te hagas una idea, en 2023 generó el equivalente a 32.85 zettabytes de información. Un zettabyte es un número tan grande que, si intentaras guardar esa cantidad en discos duros normales, necesitarías apilar millones de ellos hasta cubrir varias ciudades enteras. Se espera que en 2025 esa cifra suba aún más, consolidando a China como el país que más datos produce en el mundo. Su gobierno lleva años diciendo que los datos son el nuevo petróleo, lo que significa que quien controle la información tendrá una ventaja estratégica tan grande como la que antes tenían los países productores de petróleo.

A pesar de este cambio de reglas, la adopción de la medida fue baja. Pocas empresas registraron datos como activos en sus balances. Para entender por qué, pensemos en otro ejemplo. Imagina que eres dueño de una panadería y que el gobierno te permite declarar como un activo el conocimiento que tienes sobre las recetas más populares o sobre el horario en que más clientes compran. El problema es que, para hacerlo, tienes que demostrar que toda esa información fue obtenida legalmente, almacenada de manera segura y que realmente tiene un valor medible. Esto puede ser complicado, costoso y, en muchos casos, no tiene un beneficio claro a corto plazo. Algo similar ocurre con las empresas chinas, que tienen que invertir dinero en adaptar sus sistemas de datos, cumplir con regulaciones y, en algunos casos, compartir información con el gobierno, lo cual genera desconfianza en muchas compañías.

Este tipo de política no existe en la mayoría de los países. En Estados Unidos y Europa, por ejemplo, las empresas tecnológicas generan cantidades de datos y los monetizan de diversas maneras, pero esos datos no aparecen en sus balances como activos contables. En esos lugares hay regulaciones sobre la privacidad y el uso de la información, pero no se consideran los datos como parte del patrimonio de una empresa. Esto plantea una pregunta interesante: si este modelo chino funciona, ¿deberán otros países seguir su ejemplo para no quedarse atrás en la economía digital?

La medida tiene ventajas claras. Permitir que las empresas contabilicen sus datos sirve para obtener financiamiento, ya que se pueden emplear como garantía en préstamos o para atraer inversionistas que vean en ellos un valor tangible. Además, mejora la calidad de la información, ya que las empresas tienen incentivos para organizar mejor sus datos y asegurarse de que cumplen con estándares de seguridad.

Sin embargo, también hay riesgos importantes. ¿Cómo se determina el valor exacto de un conjunto de datos? A diferencia de una máquina o un edificio, los datos no tienen un precio de mercado obvio. Además, si el gobierno tiene acceso a más información privada de las empresas, esto genera problemas de confianza y competencia desleal.

El gobierno chino impulsó esta política y creó plataformas donde las empresas pueden vender e intercambiar datos, pero estas iniciativas encontraron problemas. Muchas compañías no confían en estos mercados porque la información disponible no siempre es de buena calidad, y no hay reglas claras sobre cómo se deben hacer estas transacciones. Se anunció el lanzamiento de una plataforma nacional donde los datos estarán más organizados y regulados, lo que haría que más empresas se animen a participar.

Este experimento de China con la contabilidad de datos como activos es algo que el mundo observa con interés. Si el modelo funciona, es posible que otros países consideren medidas similares. Pero aún quedan muchas preguntas sin respuesta: ¿Cómo se establecerán estándares internacionales para valorar los datos?, ¿cómo afectará esto a la competencia global?, ¿y qué pasará si las empresas inflan artificialmente el valor de sus datos para mejorar sus balances? China dio el primer paso, pero el éxito de esta iniciativa dependerá de si logra convencer a las empresas de que este cambio realmente vale la pena.

Las cosas como son

Mookie Tenembaum aborda temas de tecnología como este todas las semanas junto a Claudio Zuchovicki en su podcast La Inteligencia Artificial, Perspectivas Financieras, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.