Sostener un ancla cambiaria tiene un costo, y ese costo se empieza a pagar en otra parte de la economía. Esa es la tensión que atraviesa el último informe semanal de Econviews, la consultora que dirige Miguel Kiguel, y que quedó parcialmente confirmada este mismo lunes: el Gobierno finalmente dejó que el dólar mayorista perforara el techo psicológico de los $1.500, con la divisa operando en torno a los $1.510. El nivel que la City consideraba una línea roja infranqueable terminó cediendo, justo cuando la consultora advertía sobre lo insostenible de defenderlo con tanta rigidez.
Hasta la semana pasada, la City daba por hecho que el Banco Central no iba a permitir que el dólar superara los $1.500. Econviews se preguntaba abiertamente por qué el equipo económico defendía "tanta rigidez con ese nivel puntual", teniendo en cuenta que esa cifra está 25% por debajo del techo de la banda cambiaria y que el tipo de cambio real ya se había apreciado 10% en lo que va del año.
La consultora reconocía que un dólar algo más alto podría tener algún impacto sobre los precios, pero también permitiría "relajar la política monetaria, comprar más reservas y descomprimir a varios sectores de la economía real". Este lunes, el propio mercado terminó de responder esa pregunta: la resistencia cedió y el billete saltó a $1.510 en el circuito mayorista.
Tasas de interés para arriba
El informe pone el foco en un dato que molesta al oficialismo: para sostener la calma cambiaria, el resto de la política monetaria tuvo que acomodarse al objetivo del dólar. Las tasas cortas venían subiendo desde fines de julio, pero la semana pasada tocaron niveles cercanos al 29%, los más altos desde febrero, arrastrando al resto del mercado. Para Econviews, esa señal "no es buena porque trae recuerdos del año pasado", cuando las tasas se dispararon a niveles extremos para contener al dólar, y confirma que la política monetaria sigue subordinada al tipo de cambio.
El diagnóstico sobre el nivel de actividad es el corazón del trade-off que plantea la consultora. La suba de tasas, advierten, puede "complicar todavía más la recuperación de una economía aletargada", en un contexto de casi 6 millones de deudores morosos y salarios e ingreso disponible que siguen anémicos. Aunque la actividad mejoró 0,8% mensual en junio, el segundo trimestre cerró con una caída de 0,9% del PBI y los datos preliminares de julio no muestran ningún despegue.
Riesgo país no acompaña
Tampoco ayudan el empleo formal, que sigue cayendo, ni los indicadores de confianza del consumidor. La consultora lo resume sin vueltas: se trata de "un blend poco amigable para las encuestas", justo cuando el Gobierno necesita mostrar señales de reactivación de cara a las elecciones.
A la mezcla se sumó otro frente, como es el riesgo país que volvió a ubicarse por encima de los 500 puntos. La suba había arrancado como respuesta al deterioro de la imagen de Milei en las encuestas y a los datos flojos de actividad, pero esta vez el clima "risk-off" fue global, empujado por el salto de las tasas largas en Estados Unidos.
El problema, señala Econviews, es que el encarecimiento del costo de emitir deuda complica un objetivo central del programa financiero. El Gobierno necesita colocar unos U$S 10.000 millones de acá a las elecciones, y a medida que pasa el tiempo "las ventanas se van achicando".
La economía no repunta
Frente a este panorama, la consultora de Kiguel sostiene que "el Gobierno no parece tener demasiadas respuestas nuevas". "La prioridad sigue siendo que el dólar no se mueva demasiado, mientras intenta darle algo de impulso a la actividad con la flexibilización del crédito en dólares y la ley de inocencia fiscal", afirma. "No estamos frente a una crisis, pero el escenario se volvió más incómodo, con menos dólares, tasas más altas, actividad débil y un mercado más nervioso", afirma Kiguel.
La consultora reconoce que la estabilidad cambiaria ayudó a contener la inflación, como mostraron los precios mayoristas. "Pero sostenerla con tanta rigidez puede terminar generando efectos secundarios cada vez más difíciles de corregir", advierte. Ese es, en definitiva, el dilema que el propio mercado empezó a resolver este lunes cuando el dólar dejó atrás los $1.500 y avanzó hasta los $1.510. La pregunta que planteaba Econviews sobre si valía la pena defender ese nivel específico ya tiene, al menos parcialmente, una respuesta.