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Las PyMEs proveedoras del sector energético comenzaron 2026 con una mejora en sus niveles de actividad, aunque el escenario empresario continúa marcado por la cautela y por dificultades vinculadas con la competitividad.

El 52% de las empresas proveedoras opera con niveles de ociosidad bajos o nulos, aunque el optimismo frente a los grandes proyectos cayó del 60% al 48%. La competitividad, la importación de materiales y la demanda aparecen entre las principales preocupaciones del sector.

El último relevamiento de actividad PyME Industrial del Grupo Argentino de Proveedores Petroleros (GAPP), correspondiente al primer trimestre de 2026 y realizado sobre 160 empresas socias, muestra una mejora en la utilización de la capacidad instalada.

El 52% de las firmas opera con niveles de ociosidad bajos o nulos, frente al 34% registrado al cierre de 2025. Al mismo tiempo, el segmento con una ociosidad de entre 25% y 50% cayó del 51% al 38%, mientras que las empresas con más del 50% de capacidad ociosa pasaron del 16% al 10%.

La mejora de la actividad, sin embargo, convive con un menor nivel de optimismo frente a los grandes proyectos. La proporción de empresas que se mostraba optimista ante iniciativas como Vaca Muerta, los proyectos de GNL y las inversiones presentadas bajo el RIGI cayó del 60% al 48%.

La competitividad aparece como la principal preocupación: el 80% de las empresas la identifica entre sus problemas. La importación de materiales y la productividad fueron mencionadas por el 55% de las compañías.

Una mejora que no alcanza al empleo

La recuperación de la actividad tampoco se trasladó de manera directa a la situación laboral.

El 47% de las empresas relevadas por GAPP reportó afectaciones en su dotación de personal durante el primer trimestre de 2026, una proporción que se mantuvo igual respecto del trimestre anterior.

Dentro de ese universo, el 31% de las PyMEs realizó despidos, mientras que el 15% redujo turnos o jornadas laborales y el 1% aplicó suspensiones.

La situación adquiere una dimensión particular en cuencas maduras como la del Golfo San Jorge, donde la reestructuración y salida de YPF de áreas convencionales provocó la pérdida de unos 3.000 puestos de trabajo directos en los últimos tres años en la región de Comodoro Rivadavia.

La presión sobre la industria

Los datos de GAPP conviven con un escenario contractivo en la industria metalúrgica.

De acuerdo con el informe de junio de 2026 de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADIMRA), la actividad metalúrgica acumuló una contracción del 5,7% durante el primer semestre del año, mientras que la utilización de la capacidad instalada se ubicó en un promedio del 40,8%.

Dentro de las cadenas de valor vinculadas a la industria metalúrgica, Petróleo y Gas registró una caída interanual del 6,1% en junio. Fundición, por su parte, tuvo una contracción del 9,4%.

El informe señala entre los factores que afectan a la actividad la baja demanda y la presión de las importaciones, principalmente de origen chino.

Las empresas también enfrentan dificultades vinculadas con los costos. Entre los factores mencionados aparecen las dificultades de financiamiento, la litigiosidad laboral y las diferencias en materia impositiva y de tarifas energéticas.

La baja demanda local constituye otro de los factores señalados por el sector. Tanto las fuentes de ADIMRA como las de GAPP apuntan a un menor nivel de demanda interna y a la postergación de decisiones de compra por parte de algunas operadoras.

En este contexto, la apertura importadora de los últimos dos años aparece entre los principales desafíos para las empresas nacionales que producen equipamiento para el sector energético.

De competir por precio a competir con tecnología

Frente a este escenario, dentro del sector aparece una discusión sobre qué tipo de actividades pueden sostener una producción local frente a la competencia internacional.

Durante la última edición de “Aguas Arriba”, el ciclo audiovisual conducido por Nicolás Gandini para EconoJournal, Mauricio Sánchez, director de Flow Management Industries, sostuvo que competir directamente por precio en materiales básicos o commodities frente a la industria asiática resulta inviable para las empresas nacionales.

Sánchez vinculó esta situación con el denominado “costo argentino”, asociado a las dificultades de financiamiento, la litigiosidad laboral y el costo de la energía. Frente a esta diferencia de costos, planteó avanzar desde el commodity tradicional hacia la ingeniería de valor agregado, la automatización y el servicio de posventa.

El mismo debate aparece en el plano tecnológico. Gerson García, representante de BLC Oil & Gas, sostuvo durante el panel que “perforar es solo el inicio de la historia” y señaló la necesidad de incorporar herramientas de digitalización, monitoreo remoto y analítica de datos para mantener los pozos produciendo de manera eficiente a lo largo del tiempo.

Qué proveedores desarrollar

La discusión sobre la industria local también abre una pregunta de política industrial: no se trata solamente de preservar las empresas existentes, sino de definir qué actividades tienen capacidad para generar mayor productividad, innovación y nuevos sectores tecnológicos.

En un planteo de Fundar, el Estado argentino debería superar el péndulo entre aperturas comerciales destructivas y proteccionismos meramente defensivos. Bajo esta mirada, una política industrial ofensiva debería orientarse a promover exportaciones, inversión en investigación y desarrollo, ganancias de productividad y el surgimiento de nuevos sectores de alta intensidad tecnológica.

El enfoque propone que el Estado no se limite a subsidiar la supervivencia del statu quo, sino que concentre sus recursos en actividades con posibilidades de generar ventajas competitivas dinámicas y pueda retirar el apoyo de aquellos proyectos que no cumplan con esos objetivos.

Dentro de esta discusión, los proveedores vinculados con la energía aparecen como un sector relevante por sus características industriales. Fundar los ubica dentro de las actividades intensivas en ingeniería y destaca tres atributos: sus efectos multiplicadores sobre el empleo, su capacidad de difusión tecnológica y la calidad del empleo y la innovación que generan.

Según este planteo, los fabricantes de bienes de capital y componentes para la energía trabajan con series cortas y productos adaptados a las necesidades de cada operación. La interacción con empresas petroleras y mineras les permite, a su vez, desarrollar soluciones que pueden actuar como vehículos de difusión tecnológica hacia otras actividades industriales.

La metalmecánica también aparece como un sector relevante por su peso en el empleo asalariado formal y por su intensidad en innovación y gasto en investigación y desarrollo.

Una red federal de proveedores

En agosto de 2026, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) creó un sector específico para gas, petróleo y minería, bajo la coordinación del sanjuanino Dino Minozzi.

La iniciativa busca fortalecer una red federal de proveedores y ampliar la participación de empresas de distintas regiones en las cadenas de valor asociadas a los yacimientos. Para eso, contempla alianzas estratégicas, capacitación, acceso al financiamiento y certificaciones de calidad.

Uno de los ejes de trabajo es la articulación entre industrias ubicadas en el primer y segundo cordón industrial de Santa Fe, Córdoba y la provincia de Buenos Aires y proveedores radicados en las provincias con actividad extractiva. La propuesta contempla además la conformación de Uniones Transitorias de Empresas (UTEs).

El esquema incluye a empresas de San Juan, Salta, Catamarca, Jujuy, Neuquén, Chubut y Santa Cruz. Según el planteo de Minozzi, la llegada de firmas de otras provincias no debería interpretarse como una competencia, sino como una oportunidad para complementar capacidades y mejorar las condiciones de participación de las PyMEs locales.

El nuevo espacio busca acompañar el crecimiento de los sectores de gas, petróleo y minería mediante una mayor integración entre empresas, con una mirada federal sobre las inversiones y el desarrollo de proveedores.

La competitividad, la demanda, las importaciones y los costos aparecen entre las principales preocupaciones de las empresas, mientras que la discusión sobre el desarrollo de proveedores incorpora también la pregunta sobre qué actividades industriales tienen mayor capacidad para generar tecnología, productividad e innovación.

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