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Los precios de las principales plataformas de streaming subieron de forma sostenida durante los últimos años, y los datos más recientes sugieren que esa tendencia comenzó a chocar con la capacidad y la voluntad de pago de los usuarios. En Estados Unidos, el 47% de los suscriptores considera que paga demasiado por los servicios que usa, y el 41% cree que el contenido disponible no justifica el costo, según el informe anual Digital media trends 2025 de Deloitte. En Argentina, el fenómeno se agudiza: siete de cada diez usuarios consideran que tener más de un servicio simultáneo es demasiado caro, el porcentaje más alto de América Latina.

Durante la primera etapa de expansión del streaming, las plataformas compitieron ofreciendo precios bajos para capturar la mayor cantidad posible de abonados. Una vez consolidada esa base de usuarios, los aumentos llegaron de forma sostenida y, en muchos casos, acelerada.

Netflix pasó de cobrar 9,99 dólares mensuales a 19,99 dólares en su plan estándar en Estados Unidos. Spotify incrementó sus tarifas tres veces en menos de tres años: hoy cobra 12,99 dólares por el plan individual y 21,99 dólares por el familiar. YouTube Premium llegó a 15,99 dólares mensuales, con una suscripción familiar de 26,99 dólares —más de 320 dólares anuales.

Al mismo tiempo, los grandes estudios —Disney, Warner, Paramount, Apple— retiraron su contenido de Netflix para lanzar sus propios servicios. Esa fragmentación tuvo un efecto concreto sobre el gasto de los hogares: en Estados Unidos, el suscriptor promedio mantiene casi seis servicios pagos y gasta 83 dólares al mes, de acuerdo con datos de Hub Entertainment Research. Una suma que, según la misma fuente, ya supera el umbral de comodidad declarado por los propios usuarios.

A eso se sumó el regreso de la publicidad. La industria que se presentó como alternativa a la televisión tradicional con cortes comerciales reintrodujo los anuncios como herramienta de monetización. Netflix, Amazon, Disney y Max cuentan hoy con niveles de suscripción que incluyen publicidad. El 31% de los nuevos abonados en Estados Unidos elige esos planes, ya sea por convicción o por necesidad de reducir el gasto.

Las señales desde Wall Street

El primer trimestre de 2026 de Netflix ilustra la tensión que atraviesa el sector. La compañía reportó ingresos por 12.250 millones de dólares, un crecimiento del 16% interanual, y superó las estimaciones de los analistas. Sin embargo, sus acciones cayeron un 10% en las operaciones fuera de hora tras la publicación de los resultados.

La razón fue la cautela en las proyecciones. Netflix no mejoró su guía anual de ingresos —que se mantiene entre 50.700 y 51.700 millones de dólares para 2026— y su margen operativo estimado llegó por debajo de lo esperado. Analistas de Bank of America señalaron que el trimestre y las declaraciones de los ejecutivos no resultaron convincentes respecto al mediano plazo.

Otro indicador significativo: Netflix dejó de informar el número de suscriptores de forma trimestral. El último dato disponible indica que la plataforma cerró 2025 con 325 millones de abonados en todo el mundo. La compañía argumentó que prefiere enfocarse en métricas financieras y de engagement, pero varios analistas interpretaron el cambio como una señal de que el crecimiento en cantidad de usuarios se desaceleró.

Cómo reaccionan los usuarios

Frente a los aumentos, los consumidores desarrollaron estrategias concretas de adaptación. La más extendida es lo que la industria denomina churn and return: cancelar una suscripción al terminar una serie o temporada, y volver a activarla cuando haya nuevo contenido de interés. Según Deloitte, el 24% de los suscriptores en Estados Unidos hizo exactamente eso en los últimos seis meses. Entre los usuarios de la Generación Z, esa proporción asciende al 40%.

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Una segunda práctica en expansión es la revisión periódica del gasto digital. Cada vez más usuarios realizan auditorías mensuales o trimestrales de sus suscripciones activas, evaluando si cada servicio justifica su costo en función del uso efectivo. Según datos de Parks Associates, casi uno de cada cuatro suscriptores cancela su servicio al terminar el programa que estaba mirando.

El tercer indicador es quizás el más revelador: según el informe de Deloitte, un aumento de apenas cinco dólares llevaría al 60% de los consumidores a cancelar su servicio favorito —no cualquier plataforma, sino la que más usan.

El caso argentino

En Argentina, la dinámica global se combina con variables locales que agravan el impacto sobre el bolsillo de los usuarios. Los precios de las plataformas internacionales están denominados en dólares y se convierten a pesos al tipo de cambio oficial, a lo que se suman impuestos: el IVA del 21% y un porcentaje de Ingresos Brutos que varía según la provincia. Con la eliminación del Impuesto PAIS y de las retenciones a cuenta de Ganancias en 2026, la carga impositiva total bajó a alrededor del 23%, lo que representa un alivio respecto a años anteriores, aunque no neutraliza el efecto de los aumentos de tarifas base.

Netflix aplicó tres aumentos en Argentina durante 2025. El último, en noviembre, fue del 25% sobre las tarifas base y llegó apenas tres meses después del ajuste previo de agosto. En abril de 2026, la plataforma volvió a actualizar sus precios: el plan Estándar con publicidad pasó de $9.300 a $10.900 pesos, y el plan Estándar sin anuncios subió a $21.000 pesos mensuales, antes de impuestos. El plan Básico, que era el más accesible, fue discontinuado a fines de 2025: los usuarios que lo tenían contratado fueron migrados automáticamente al plan Estándar con publicidad.

Combinar tres plataformas —Netflix, Disney+ y Prime Video— implica hoy un gasto de aproximadamente $30.000 pesos mensuales con impuestos incluidos. Si se agregan servicios de música, almacenamiento en la nube e inteligencia artificial, el total puede superar los $100.000 pesos al mes.

El resultado es que Argentina registra la tasa de cancelación de streaming más alta de América Latina: el 34% de los usuarios dejó al menos un servicio en el último año, según datos de una encuesta regional. Frente a eso, una porción creciente de abonados adoptó la rotación entre plataformas como estrategia de gestión del gasto: activar un servicio por un mes, pausarlo y migrar al siguiente según la oferta de contenidos disponible.

Un sector en busca de nuevo equilibrio

El modelo de negocio del streaming atraviesa una etapa de madurez que presenta desafíos distintos a los de su fase de expansión. En mercados desarrollados, el 91% de los hogares con acceso a internet ya tiene al menos una suscripción activa, lo que limita el crecimiento por incorporación de nuevos usuarios. Las vías de crecimiento que quedan son el aumento de precios y la publicidad —ambas con restricciones visibles.

Los datos de Deloitte indican que las plataformas tienen poco margen para seguir subiendo tarifas sin perder abonados. Y la apuesta por la publicidad, aunque en expansión, implica un retorno parcial al modelo de televisión abierta o por cable que el streaming originalmente vino a reemplazar. El 70% de los espectadores en Estados Unidos con planes que incluyen anuncios se queja de que los mismos comerciales se repiten con demasiada frecuencia, según Parks Associates, lo que genera nuevas fricciones con la experiencia de usuario.

Ante ese escenario, algunas plataformas apuestan por los paquetes combinados —o bundles, como se los conoce en la industria: ofertas que agrupan dos o más servicios a un precio menor que la suma de sus partes— como herramienta de retención. Los datos muestran que funciona, al menos en parte: los usuarios que acceden a ese tipo de ofertas tienen un 42% más de probabilidad de mantener sus suscripciones respecto a quienes contratan los servicios por separado, de acuerdo con Hub Entertainment Research.

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