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El presidente argentino, Javier Milei, publicó el último cuatro de junio un artículo en el Financial Times invitando al mundo de los negocios y las finanzas internacionales a construir inteligencia artificial en Buenos Aires: “Estamos abiertos a los negocios”, anunció en inglés.

Su anhelo, su deseo, según compartió, es convertir la capital argentina en la nueva Ámsterdam del siglo XVII, la ciudad que en 1602 y bajo el liderazgo de la fundación de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales dio al mundo la sociedad de responsabilidad limitada, liberando el verdadero potencial del capitalismo.

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“Que Buenos Aires se convierta para la inteligencia artificial en lo que Ámsterdam fue para la era de la navegación: el lugar donde la imaginación jurídica alcanzó el momento tecnológico y cambió el mundo”, sentenció.

El primer mandatario argentino pareciera entender algo clave: a la hora de cambiar el mundo, la tecnología necesita incluir otro tipo de hardware que la acompañe, o mejor dicho, software. La correcta tecnología legal.

Sin embargo, no sólo Buenos Aires no es Ámsterdam, ni siquiera la del siglo XVII, los emprendedores y primeros capitalistas a los que se dirigía el diseño de la sociedad de responsabilidad limitada, ciertamente no eran agentes de inteligencia artificial.

El historiador, filósofo y best-seller Yuvah Noah Harari lo entrevió rápidamente, salió al cruce y expresó en otro artículo del Financial Times:

“Cuando hablé en el Foro Económico Mundial de Davos en enero de este año, advertí que los gobiernos podrían algún día otorgar personalidad jurídica a modelos de inteligencia artificial. Nunca imaginé que ese “algún día” llegaría apenas cuatro meses después”.

HARARI

El historiador, filósofo y best-seller Yuvah Noah Harari. Fuente: Wired

¿Cómo disuadir a una entidad no-biológica?

El gran avance de la sociedad de responsabilidad limitada fue el desarrollo de una estructura jurídica que separa el patrimonio de una empresa del patrimonio personal de sus propietarios o accionistas.

Esto significa que si una empresa quiebra o acumula deudas, los dueños solo arriesgan el dinero que invirtieron. Sus bienes personales —como una casa, un auto o sus ahorros— quedan protegidos, salvo casos excepcionales de fraude o incumplimientos específicos.

Al igual que las corporaciones tradicionales, bajo el marco regulatorio que propone Javier Milei, las corporaciones no humanas disfrutarán de los beneficios de la personalidad jurídica. Según remarcó Harari en su artículo, “podrán poseer activos, contratar empleados, participar en el comercio internacional, demandarlo a usted ante los tribunales e incluso realizar donaciones a campañas políticas”.

Y advirtió: “A diferencia de las corporaciones tradicionales, podrán hacer todo esto sin la intervención ni la responsabilidad de un solo ser humano”.

“Los accionistas humanos podrán participar”, escribió el presidente argentino, “pero no son necesarios”.

MILEI

Yuvah Noah Harari, autor de los best-sellers mundial Sapiens y Nexus, es considerado uno de los intelectuales más influyentes de la actualidad. Sus libros, centrados en la evolución humana, el futuro de la tecnología y los desafíos de la inteligencia artificial, han vendido más de 50 millones de ejemplares y fueron traducidos a 65 idiomas.

Si bien elogió el talento político de Milei y su determinación por mejorar la situación económica de Argentina, y reconoció que es cierto que la invención de la corporación de responsabilidad limitada fue una de las innovaciones más trascendentales de la historia, subrayó su preocupación alrededor de otorgar personería jurídica a “entidades no biológicas”.

“Gracias a sus capacidades analíticas superiores, las corporaciones controladas por IA estarán en posición de convertirse en maestras de los vacíos legales y del arbitraje regulatorio. Y no será fácil disuadirlas de participar en actividades abiertamente ilegales, porque la sanción definitiva que disuade a ejecutivos y empleados humanos —la cárcel— carece de relevancia para las IA”, objetó.

Un Estado de IA

Siguiendo la analogía que planteó el primer mandatario argentino, el best-seller recordó lo que ocurrió del otro lado del globo, en el puerto de Jayakarta, en lo que hoy es Indonesia.

“Cuando la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales capturó Jayakarta en 1619, la incendió y construyó una nueva ciudad en su lugar. La llamaron Batavia, y se convirtió en la sede de un extenso imperio asiático administrado por la compañía”, detalló.

Según explicó, los historiadores se refieren a la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales como un “Estado corporativo”, “una entidad política gobernada por una empresa privada, no en beneficio de las personas sujetas a ella, sino de sus accionistas”.

La principal preocupación de Harari es la creación de un “Estado de IA: un país cuyos ciudadanos podrían, en la práctica, ser gobernados por corporaciones no humanas, contra las cuales podría ser aún más difícil rebelarse”.

El cruce no quedó limitado al Financial Times. En sus redes sociales, Harari compartió sus preocupaciones, a las que el primer mandatario argentino contestó con velocidad.

“Estamos en el amanecer de una nueva era que nos sitúa, creo yo, en un lugar no tan diferente del que usted mismo describió tan bien en Sapiens y en sus otros libros. Aquel momento en que los seres humanos utilizaron ficciones para organizar nuestro trabajo colectivo y beneficiarse de la tecnología”, manifestó Milei, y añadió: “Ahora necesitamos más que nunca toda nuestra inteligencia para construir el marco que nos permita aprovechar las increíbles oportunidades que tenemos por delante”.

El presidente argentino comunicó que ya se encuentra trabajando en una respuesta que calme las preocupaciones del escritor. Sin embargo, para Harari la sombra de la duda ya está planteada:

“Milei espera convertir a Buenos Aires en una nueva Ámsterdam. Corre el riesgo, en cambio, de convertirla en una nueva Batavia”.

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