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Imagina que decides construir el restaurante más lujoso de la ciudad. Gastas una fortuna en la cocina, contratas personal y compras toneladas de los ingredientes más caros. Pero llega el día de la inauguración y nadie aparece. Entras en pánico. Tienes las neveras llenas y las deudas creciendo. En lugar de admitir el error, decides que, ya que tienes comida de sobra, venderás comida para perros en la puerta trasera. No sabes nada de nutrición animal, ni de ese mercado, pero es tu única salida para no cerrar.

Eso es lo que pasa a Ford Motor Company hoy. Y es un espectáculo vergonzoso.

La apuesta equivocada y el agujero negro financiero

Ford apostó la casa al vehículo eléctrico, pero lo hizo mal. Respaldaron tecnologías caras y vehículos que el mercado masivo no podía o no quería comprar al ritmo que ellos fantaseaban.

El resultado no es un simple error de cálculo; es un desastre financiero que se mide en miles de millones de dólares. Se estima que su división de eléctricos pierde dinero a un ritmo tan alarmante que cada coche vendido es básicamente un cheque que Ford le regala al cliente.

Frente a este escenario, hay fábricas gigantescas, como la que se construye en Kentucky para producir baterías para coches que nadie va a comprar. Ford entró en pánico.

El negocio de la "chatarra"

Aquí es donde la historia pasa de ser triste a ser ridícula. La empresa anunció que reconvertirá esas plantas para baterías estacionarias, para almacenar energía en la red eléctrica y centros de datos de Inteligencia Artificial.

Nos quieren vender esto como un "pivote estratégico" aunque no lo es. Es un intento desesperado de salvar los muebles tratando de montar un negocio con los "restos" de su mala planificación.

El problema es mayúsculo por dos razones que demuestran una incompetencia aterradora para una empresa de 120 años. Primero, no entienden el negocio del almacenamiento de energía para la red, o Grid Storage, como un juego de márgenes brutales y eficiencia técnica donde Tesla, BYD y Fluence llevan años de ventaja. Ford ingresa ahora, de rodillas, compitiendo contra expertos que ya tienen el mercado dominado. Es como si un carnicero intentara hacer cirugía cerebral porque "ya tiene los cuchillos".

Segundo, la tecnología es incorrecta porque cancelaron sus planes originales. La tecnología de baterías adquirida no era competitiva en costes. Ahora, dependen de licencias extranjeras, principalmente chinas, para ensamblar algo que funcione; y construyen un futuro sobre los escombros de una fábrica diseñada para otra cosa.

Un gigante dando tumbos

Lo que vemos es una "cancelación de activos", o write-off, encubierta. Esos 20.000 millones de dólares en inversiones y pérdidas acumuladas no son una inversión, sino dinero quemado.

Es vergonzoso ver a un icono de la industria estadounidense comportarse como una startup inexperta que cambia su modelo de negocio cada seis meses porque se queda sin efectivo. Ford pasó de buscar el liderazgo en la revolución del transporte a ver qué puede hacer con la chatarra de sus malas decisiones para tapar el agujero en su balance.

La historia recordará esto no como el momento en que Ford se volvió inteligente, sino como el momento en que admitió que no tenía ni idea de qué hacer con sus propias fábricas.

Las cosas como son

Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.