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La empresa de inteligencia artificial Anthropic superó en abril de 2026 a OpenAI en ingresos anualizados, en lo que analistas del sector describieron como uno de los crecimientos corporativos más veloces de la historia del software. Anthropic registró 30.000 millones de dólares en ingresos anualizados, mientras que su rival —la creadora de ChatGPT— se ubicó en torno a los 24.000-25.000 millones. El cruce ocurrió meses antes de lo que los analistas más optimistas habían proyectado.

Lo que hace singular este dato no es solo el número. Hace apenas quince meses, Anthropic facturaba 1.000 millones de dólares anualizados y OpenAI, 6.000 millones. La brecha parecía imposible de cerrar. No lo fue.

Anthropic construyó su crecimiento sin una aplicación de consumo masivo, sin viralidad y sin los 900 millones de usuarios semanales que tiene ChatGPT. Lo hizo, en cambio, sobre contratos empresariales, adopción por parte de desarrolladores y su herramienta de programación Claude Code. El 80% de sus ingresos proviene de empresas que pagan precios premium por acceso a la API —la interfaz técnica que permite integrar la inteligencia artificial en productos y servicios propios—. Ocho de las diez empresas más grandes del mundo son clientes. Más de 500 compañías gastan más de un millón de dólares por año en sus servicios, según datos de la propia Anthropic.

Claude Code, su herramienta de programación con IA, se lanzó en mayo de 2025 y en menos de un año alcanzó 2.500 millones de dólares anualizados. Para dar una referencia: Salesforce tardó dos décadas en llegar a los 30.000 millones de dólares en ingresos anuales. Anthropic lo logró en menos de tres años desde prácticamente cero.

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La firma de análisis Epoch AI había modelado esta posibilidad en febrero de 2026 y estimó que el cruce podría ocurrir en agosto. Sus cálculos mostraban que Anthropic crecía a un ritmo de diez veces por año frente a las 3,4 veces de OpenAI. El cruce se adelantó cuatro meses.

Quiénes son y de dónde vienen

La historia de Anthropic no se entiende sin OpenAI. Dario Amodei, director ejecutivo y cofundador de Anthropic, fue vicepresidente de Investigación de OpenAI, donde lideró el desarrollo de GPT-2 y GPT-3, los modelos de lenguaje que sentaron las bases de la revolución actual. En 2021, se fue junto con su hermana Daniela Amodei —hoy presidenta de la compañía— y un grupo de once personas, en desacuerdo con la dirección que tomaba la empresa en materia de seguridad en IA.

No era un desacuerdo menor. Dario Amodei lo explicó así en declaraciones públicas: "Durante muchos años tuve una visión particular de cómo debía desarrollarse la IA y los principios que debía tener la organización. Si uno tiene esa visión, debe ir y ejecutarla. Es increíblemente improductivo intentar discutir la visión de otro."

Ese grupo fundó Anthropic con foco en lo que llaman inteligencia artificial constitucional: un enfoque de seguridad que busca que los modelos sean predecibles, controlables y transparentes. Esa apuesta —que en su momento sonó más filosófica que comercial— terminó siendo un diferencial clave para los equipos legales y de cumplimiento normativo de las grandes corporaciones, que prefieren proveedores con documentación de seguridad sólida.

El otro lado de la balanza

OpenAI no está pasando por su mejor momento. La compañía proyecta pérdidas de 14.000 millones de dólares en 2026 y no espera llegar al punto de equilibrio antes de 2030, según documentos financieros publicados por The Wall Street Journal. Para 2028, planea gastar 121.000 millones de dólares en cómputo en un solo año. Anthropic, en el mismo período, proyecta un gasto de alrededor de 30.000 millones —cuatro veces menos— y apunta a la rentabilidad entre 2027 y 2028.

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La propia directora financiera de OpenAI, Sarah Friar, generó ruido interno al señalar a colegas que la empresa no estará lista para salir a bolsa en 2026, en aparente contradicción con los planes del director ejecutivo Sam Altman, quien apunta a una oferta pública inicial para el cuarto trimestre del año. Según reportó The Information, Friar dejó de reportar directamente a Altman desde agosto de 2025, una anomalía notoria en cualquier estructura corporativa grande.

OpenAI, por su parte, reconoció el cambio de contexto y aceleró su propio giro hacia el segmento empresarial. Canceló proyectos, incluyendo el Sora —su herramienta de generación de video—, y puso recursos en Codex, su respuesta al Claude Code de Anthropic. La empresa tiene hoy alrededor de nueve millones de clientes empresariales pagos y el segmento ya representa el 40% de sus ingresos, con proyecciones de llegar a la mitad hacia fin de año.

Una apuesta de escala histórica

Ninguna de las dos empresas es rentable. Ambas queman efectivo a una velocidad sin precedentes y dependen de inversores con horizontes largos y bolsillos profundos. OpenAI cerró una ronda de financiamiento de 122.000 millones de dólares a una valuación de 852.000 millones. Anthropic cerró en febrero pasado una ronda de 30.000 millones a una valuación de 380.000 millones, liderada por Coatue y el fondo soberano de Singapur GIC, con participación de Microsoft y Nvidia, entre otros.

Los inversores que apuestan por ambas compañías —SoftBank, Amazon, Nvidia, Google, entre los más grandes— hacen una lectura similar: los costos de cómputo van a bajar por unidad de inteligencia generada, los ingresos van a crecer más rápido que el gasto, y quien controle la infraestructura de IA en 2029 va a generar retornos que harán irrelevantes las pérdidas de hoy. Es una apuesta macroeconómica, no solo tecnológica. Amazon comprometió 50.000 millones de dólares en esta última ronda. Eso no es una inversión en una startup: es una posición estratégica sobre el futuro del cómputo empresarial.

Lo que el cruce de abril deja en evidencia es algo que hasta hace un año casi nadie veía: tener más usuarios no es lo mismo que tener más negocio. Anthropic tiene alrededor del 5% de la base de usuarios de ChatGPT y acaba de superar a OpenAI en ingresos. La escala de consumo y la escala de facturación son cosas distintas, y en el mercado de la inteligencia artificial, esa diferencia está resultando decisiva.

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