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Carlos de Elía es periodista, fue el creador de TN en 1993 y lo dirigió hasta 2021, y es también el hombre detrás de Telenoche Investiga, el ciclo que en 2002 sacó a la luz el caso de abuso del sacerdote Julio César Grassi. Ahora acaba de publicar su primer libro: Abusado por Grassi. La hora de romper el silencio (Editorial Planeta), escrito junto a Oscar Aguirre, la primera víctima del cura en romper públicamente el silencio y cuyo testimonio fue determinante para su condena. Esta semana, de Elía habló por teléfono con el conductor Luis Majul en el programa Majul 107.9 de El Observador 107.9 para presentar la obra y repasar un caso que, según advirtió, el país no debería olvidar.

"Es la historia de Oscar, es una historia poderosa, poderosísima", arrancó de Elía. "Es un poco David y Goliat: un chico abandonado que desde los 7 años vivió en la calle, de subte en subte, de tren en tren, y fue el que finalmente causó la condena del sacerdote más mediático que recuerdo en la historia argentina".

Embed - Carlos De Elía presenta su libro "Abusado por Grassi: la hora de romper el silencio" | #Majul1079

El libro entrelaza dos historias: la de Aguirre y la de la emisión de Telenoche Investiga del 23 de octubre de 2002, cuando el caso salió a la luz pública por primera vez. De Elía subrayó que, a pesar de esa investigación periodística, Grassi tardó 11 años en ser encarcelado. "En todo ese tiempo, Grassi estuvo permanentemente circulando por los medios dando su versión, que además cambiaba: decía que era una gran conspiración del Grupo Clarín para hacer una inversión inmobiliaria en la fundación, que era la venganza de los montoneros, etcétera. Y nunca podía hablar Oscar".

Para de Elía, ese silencio forzado es precisamente lo que hace valioso el libro: "Lo importante es que él cuenta la verdad de lo que pasó. Hubo varios que denunciaron, pero la causa terminó condenando a Grassi por el abuso y la corrupción de Oscar".

Sobre la construcción mediática de Grassi, de Elía recordó que el sacerdote había sabido ganarse un lugar privilegiado en los medios mucho antes del escándalo. "Lo habíamos construido todos nosotros, se hizo de su credibilidad a través de los medios", dijo. Mencionó su presencia habitual en el programa de Susana Giménez, donde apareció al principio en el marco de los concursos televisivos que por entonces tenían la obligación de destinar un porcentaje a beneficencia. "Como el más bueno de los buenos, Susana, Corcho Rodríguez y Galimberti le dieron ese porcentaje, pero a él no le alcanzó, y ahí vino su pelea con Susana, que lo hizo doblemente famoso". Esa visibilidad, recordó de Elía, fue la misma que después le permitió sostener durante años un relato público que nadie podía rebatir.

El trauma que no cierra

Majul le preguntó cómo está hoy Aguirre. La respuesta de de Elía fue contundente. "Uno podría pensar que después de que hubo justicia, porque realmente la hubo —aunque fue extremadamente lenta—, Oscar estaría mejor. Pero es una persona que todavía vive dolorosamente el trauma que vivió". Detalló que, tras la denuncia, Aguirre fue atacado, le cortaron un dedo, y que hoy sigue teniendo miedo a la red de poder que rodeó a Grassi en su momento. "Ni siquiera quiere estar en la presentación del libro, no quiere que se vea su cara", contó de Elía.

Sobre la lentitud de la justicia en aquel entonces, el autor evocó la figura de Alfredo Yabrán, el empresario postal que se convirtió en símbolo de la impunidad del poder en los años 90 y que murió en 1998 en circunstancias que nunca terminaron de aclararse. La referencia venía a cuento: para de Elía, el caso Grassi demostró que "cuando hay poder, hay cierta impunidad", y que la justicia estuvo durante años "atravesada por muchas presiones vinculadas con el poder de turno".

En ese mismo sentido, el periodista trajo a la conversación un caso actual que, según dijo, guarda un paralelo inquietante con el de Grassi: el del empresario Marcelo Porcel, imputado y luego procesado por abuso de menores, acusado de haber abusado de diez compañeros de su hijo. "Cuando fue imputado, tuvo la oportunidad de irse a veranear a Punta del Este. Cuando el juez lo llamó a indagatoria, lo hizo por Zoom, evitándole tener que ir a tribunales. Hoy, procesado, estando probado que tenía cámaras en los baños y registros de videos de los chicos en su teléfono, está en su casa y solo tiene que pedir permiso si sale más de 24 horas." Su conclusión fue lapidaria: "Pasaron 22 años de lo de Grassi. Grassi tardó 11 años en ir preso y acá estamos como repitiendo otra vez que el poder es impune".

La industria de la atención

Majul también le pidió a de Elía su mirada sobre el ecosistema mediático actual. El periodista, que hoy se desempeña como asesor ejecutivo del CEO de Artear, Lucio Pagliaro, no esquivó el tema. Habló de lo que llamó "la industria de la atención": "Una cosa es el tiempo y otra cosa es la atención. No hace falta más que ver a la gente scrolleando sin atención, buscando algo que se la llame".

Para de Elía, el principal problema estructural es que las grandes plataformas globales se sostienen sobre el contenido que producen los medios locales sin retribuirlos de manera proporcional. "Las grandes plataformas siguen viviendo del contenido que generamos y son las que debilitan a nuestra industria de medios locales", señaló. Pero no ahorró la autocrítica: "También de los errores que cometemos permanentemente, que hacen que muchos de esos ataques tengan cierta lógica".

Temas:

Padre Grassi El Observador 107.9

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