Pilar Sordo habló este jueves con Luis Majul por El Observador 107.9 en una comunicación desde el auto, una pausa mientras viajaba de Jujuy hacia Tucumán, donde esta noche se presentará en el teatro Mercedes Sosa. La psicóloga y escritora chilena, una de las voces más convocantes del habla hispana en materia de bienestar emocional, está en plena gira por la Argentina con su conferencia Decime cómo te hablás y te diré cuánto te querés, que el sábado recalará en la localidad de Morón y el domingo cerrará en el Teatro Coliseo de la ciudad de Buenos Aires.
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El diálogo interno y el ruido de las redes
El punto de partida de la charla fue la pregunta central de su conferencia: ¿por qué es tan importante prestarle atención a la forma en que uno se habla a sí mismo? "Hoy es necesario escucharse porque con las redes se está generando un proceso de comparación y de insatisfacción permanente", explicó Sordo. "Parece que todo el mundo tiene mejores vidas que la tuya, que todo el mundo alcanza a hacer cosas que vos no alcanzás a hacer".
Según la especialista, ese clima permanente de comparación hace que el diálogo interno se vuelva más audible dentro de la propia cabeza, y advirtió que ese diálogo, a la larga, "determina tu amor propio y tu manera de transitar por las situaciones que te toque vivir en la vida".
Para modificarlo, señaló, lo primero es escucharse, y para eso hace falta pausa. "Esa pausa implica invitarte al silencio. El silencio devela, y lo que muestra yo tengo que tener la conciencia si es nutritivo o si es castrador en mi cabeza". Aclaró que ese diálogo interno en algún momento pudo haber sido externo —comentarios ajenos incorporados como propios— o bien deformado por la comparación constante que alimentan las redes, generando definiciones "torturantes o negativas" que terminan por bloquear las habilidades necesarias para enfrentar los conflictos cotidianos.
Hiperproductividad, autocrítica y autocompasión
Majul aprovechó para poner sobre la mesa su propio caso: se describió como muy autoexigente, alguien que cuando las cosas no salen como quiere se castiga internamente aunque hacia afuera no se note. Sordo no tardó en conectarlo con un fenómeno más amplio: "Hoy se junta con la hiperproductividad. Está tan cool decir que uno está agotado y que no tiene tiempo, y tiene tan mala prensa decir que no tengo nada que hacer". Esa autoexigencia desmedida, sostuvo, "te impide disfrutar de lo que sí hay y muchas veces te sabotea esa capacidad de placer o de gratitud".
Consultada sobre si ella misma padece lo mismo, Sordo fue contundente y se rio: "Yo llevo el estandarte en el desfile de los autoexigentes. Me cuesta mucho, soy muy de apostar a la excelencia y a dar el máximo de mí siempre". Y fue más lejos al reflexionar sobre disciplina y orden: "Creo que la disciplina y el orden son dos cosas que alguna vez en la vida te van a llevar a un buen lugar, por lo menos a tu mejor versión. No estoy hablando de éxito, estoy hablando de ser la mejor persona posible". En ese marco, planteó que los países que atravesaron dictaduras tienen "un enredo" con esas palabras, porque en el inconsciente colectivo disciplina y orden se asocian con restricción de libertad, cuando en realidad, subrayó, "no hay nada más liberador que alguien disciplinado y alguien ordenado".
Sobre la diferencia entre autocrítica y autocompasión, explicó que la primera tiene que ver con admitir el error —algo imprescindible en un mundo donde la velocidad de vida multiplica las probabilidades de equivocarse—, mientras que la segunda, entendida desde su sentido más budista, implica "compartir mi padecer y darme el espacio para padecer lo que padezco". Esa aceptación, dijo, permite salir de las situaciones conflictivas "en forma mucho más eficiente y amorosa que si me estoy castigando todo el rato".
Celulares, niños y adicción a las pantallas
La conversación derivó hacia uno de los debates más urgentes del momento: el uso del celular en la infancia, disparado en Argentina por el caso de un chico en Santa Fe que habría estado en contacto con una red que circula entre adolescentes y glorifica los ataques masivos en escuelas. La posición de Sordo fue terminante: "Los niños no deberían tener celular, ojalá hasta los 16. No deberían tener acceso a redes hasta los 16. Los celulares no tienen que estar en las escuelas".
El argumento es neurológico: hasta que el lóbulo frontal no termina de desarrollarse, entregarle un celular a un niño "es entregarle una herramienta de futura adicción, y eso está absolutamente probado". Mencionó la reciente demanda contra Meta, en la que un juez ya dictaminó que las redes sociales son adictivas, y aclaró que si bien los adultos también están atrapados en el sistema, tienen algún grado —no todos, aclaró— de control de impulsos que los hace "salir un poquito menos dañados".
"Somos seres diferentes con celular en la mano a sin celular en la mano", afirmó, y destacó que mientras más contacto tengan los niños con la naturaleza, los afectos reales y el cariño cercano de sus padres o tutores, mejor salud mental van a desarrollar. Agregó un dato que, dijo, los adultos deben incorporar: muchas de las rabietas que antes se llamaban berrinches o pataletas "hoy no son berrinches, son síndromes de abstinencia frente a la adicción a la pantalla. La falta de dopamina está generando muchas reacciones rabiosas cuando el celular se les elimina".
Antes de despedirse, Sordo también se refirió al concepto de reseteo —término que el propio Majul usa en su terapia— y prefirió matizarlo: "Creo que la palabra resignificación es mejor que reseteo, porque se puede resignificar aquello que aprendiste para poder transitar el caos del mundo que estamos viviendo con determinada calma o armonía". Y remató con la palabra que, según ella, debería guiar este año: "Pausa. Pausen antes de decidir, pausen antes de opinar, pausen antes de criticar a alguien. Si no, vamos a sobrerreaccionar todo el rato".
La conferencia Decime cómo te hablás y te diré cuánto te querés es el resultado de ocho años de investigación. El domingo, Sordo la presenta en el Teatro Coliseo de Buenos Aires, con localidades muy limitadas.