ver más

El gran ganador de la jornada fue Javier Milei. El porcentaje de votos lo demuestra. No hay misterio en eso. Sin embargo, el triunfo del líder de La Libertad Avanza se extiende más allá de los votos. Lo expresó en términos concretos el primer candidato a diputados de los libertarios en la provincia a Buenos Aires, Alberto Benegas Lynch: "Esto implica que la batalla cultural ha tenido efecto”.

Un repaso rápido por los discursos de la política (casta, en términos libertarios) en los últimos tiempos y los ejes de la campaña bastarían para darle la razón a Benegas Lynch, pero si eso no alcanza sólo había que posar la mirada sobre los militantes que se agolparon en las puertas del búnker de la libertad avanza para festeja. Había pibes, muchos pibes, pero también había trabajadores de aplicaciones. Si, esos que no tiene contrato colectivo, que están precarizados, que no tiene patrón y que ocupan uno de los escalones más bajos del universo laboral. Entonces, no hay dudas. La batalla cultural ha tenido efecto.

Lo que sigue está cantado. Milei enrollará algunas banderas, quizá moderará algunas formas. Ya no necesita gritar. Su discurso es el que retumba en la arena política, y sus ideas las que están en el centro del debate.

En menos dos años Milei le robó al peronismo la representación de un sector de los trabajadores sin derechos y a Juntos por el Cambio el monopolio del antiperonismo. Además impuso la agenda y fue el más votado.

Con la mira puesta en octubre arranca con piso elevado. El techo aún no está claro.   

Patricia Bullrich y Mauricio Macri también ganaron. La interna de Juntos por el Cambio parió un liderazgo hibrido y le dio la espalda a Horacio Rodríguez Larreta.

Los dos candidatos ungidos por el expresidente triunfaron: Jorge Macri en la Ciudad y Bullrich en la nacional. La jubilación del expresidente deberá esperar. La demostración de fortaleza dentro del espacio que él mismo creo le da una vida más. No hubo segundo tiempo, pero habrá una bola más.

Bullrich se quedó con la candidatura y derrotó al aparato de la UCR y del Larretismo. No es poco. En una misma jugada dejó desparramados a María Eugenia Vidal, a una gran parte del radicalismo y al propio Larreta. La radicalización se impuso sobre el moderado. Lo genuino sobre lo impostado. No importa el archivo, la última milla política es la que cuenta. Y ahí, la dureza de Bullrich hizo la diferencia.

Por su parte, en el medio de la catástrofe electoral, el oficialismo también tuvo un claro ganador. Axel Kicillof se impuso en la provincia de Buenos Aires y en ese distrito sacó más votos que lo que sumaron Sergio Massa y Juan Grabois dentro de Unión por la Patria.

El gobernador peleó por quedarse, peleó por no ser candidato a presidente. Se quedó y ganó.

A Kicillof no le sobró nada, pero rodeado de un universo donde prima la derrota, la performance sobresale. El gobernador se aferró a su discurso, a su historia, a lo que representa y a su gestión. Con eso evitó, por ahora, la zancadilla de la crisis económica. La división opositora lo favoreció, pero esa es otra discusión.

El podio de los derrotados lo encabezan Sergio Massa y Cristina Fernández de Kirchner. Las caras del peor desempeño del peronismo en la historia.

Massa, el candidato de emergencia, y CFK, la conducción de un peronismo que se achica de espaldas a la demanda de la sociedad y de la época. No bastó con el ministro candidato para romper el corset ideológico que el kirchnerismo, por peso propio le impone al espacio. Tampoco, con la nostalgia de los buenos viejos tiempos de consumo en alza y salarios altos. 

Ni los esfuerzos de Massa, ni la estrategia de CFK pudieron con los errores acumulados, los fracasos recientes y las promesas rotas de la última campaña presidencial.

Del otro lado de la grieta, Horacio Rodríguez Larreta, es el gran derrotado. El jefe de Gobierno era número puesto, hasta hace un año, para convertirse en el heredero de Mauricio Macri. Sin embargo, nunca conectó con el electorado. La impostura y sus vaivenes le marcaron el camino a la derrota.

Perdió Larreta, y con el cayó el mito del aparato. Ni el poder de fuego de la estructura de la UCR, ni la gestión en CABA le garantizaron la victoria. Con poco más de 10 puntos a nivel nacional, el jefe de Gobierno consolidó un desempeño olvidable.

La decisión de enfrentarse con Macri explica una parte de la derrota, pero no toda. Tampoco su moderación. En el juego emocional de las elecciones Rodríguez Larreta corre con desventaja. Tanto Patricia Bullrich como Milei tocan fibras que el jefe de Gobierno no alcanza.  No basta con gestionar y trabajar, hay que convencer y emocionar.

La derrota también tiene una cara radical. Martín Lousteau otra vez se quedó en la puerta de la jefatura de Gobierno. Otra vez tenía todo para ganar y perdió. El exminstro de economía de CFK y exembajador en Estados Unidos de Macri no pudo con su pasado.

La resolución 125 es una espina clavada en el núcleo duro de Juntos por el Cambio. Su paso por le kirchnerismo un pecado imperdonable. La lectura del binomio Macri - Bullrich fue impecable: otra vez jugaron radicalización contra moderación y ganaron. El apellido pesa, está claro.  

La derrota a Lousteau es la derrota a una UCR que se intenta poner de pie. Que sigue creyendo que el camino es por dentro de Juntos por el Cambio. La tarea es difícil, no es fácil ser torazo en rodeo ajeno. El devenir radical desde su incursión en la alianza opositora que lidera el PRO lo deja claro.

Temas:

ELECCIONES ARGENTINA