Hay demasiado ruido alrededor de Javier Milei. De hecho, la muy interesante columna que escribió Federico Sturzenegger este domingo, para La Nación, lleva como título “Más allá del ruido”.

Está repleta de datos. El ministro recordó, el “ruido” que generó la oposición, a los dos años del gobierno de Mauricio Macri, instalando la idea de que todo iba “recontra mal”, a pesar de que la realidad mostraba lo contrario. Por entonces, la actividad económica crecía al 5 por ciento; la inversión, un 20%; la inflación viajaba al 1.4% mensual y la pobreza era del 26%. El rumbo era el correcto. La cosa estaba funcionando.

Sin embargo, casi todos recordamos la acción, coordinada, que instaló, fuerte, un clima de “crisis terminal”. Fue el 18 de diciembre de 2017. Tiraron 14 toneladas de piedras, mientras, en el recinto de la Cámara de Diputados, los peronistas apostaban a pudrirla toda. Pero bien podrida.

Demasiado ruido. ¿no?

¿Está sucediendo lo mismo ahora?

Sturzenegger, fungía entonces como presidente del Banco Central. Pero este domingo escribió que, de esa traumática experiencia, aprendió dos cosas.

Pero lo más interesante de la columna de opinión, es que Surzenegger pareció desarmar, uno por uno, los argumentos de que esto es un desastre. Y lo hizo con cada uno de los aspectos centrales de la economía:

Incluso se metió de lleno en el tema de la morosidad.

Sobre este particular, a Milei le acaban de anticipar nuevos datos auspiciosos: en agosto los niveles de morosidad habrían caído fuerte, según un registro atribuido al banco nación.

Con independencia de los adjetivos muy positivos que Sturzenegger usa para defender la política económica, ¿no cabría preguntarse porqué hay tanta diferencia entre los datos y el ruido con que la oposición presenta la inminencia de una crisis insostenible?

Quizá la respuesta sea muy sencilla. La ofreció el artista Alejandro Lerner, ayer, a Mirtha Legrand, cuando dijo que hay, en el sistema político, demasiada gente interesada en que al país le vaya mal. Y que Argentina había que compararla con una mujer abusada por algunos dirigentes de la política.

Otros ruidos

Pero además del ruido imperante alrededor de los datos, está creciendo, muy fuerte, el ruido alrededor de Milei. Es el mismo tipo de ruido que se generó, por ejemplo, en su momento, alrededor de Macri, cuando ejerció como presidente. En su caso, primero se instaló un “verosímil”. Enseguida ese verosímil se transformó en meme y, así, a Macri un día se le otorgó el título oficial de “domador de reposeras”.

Ahora a Milei, quien se asume como un adicto al trabajo, directamente, lo tratan de loco. Lo hacen apoyados en diferentes “verosímiles”. Entre otros, sus fuertes insultos a las personas. En especial a los periodistas. Insultos desproporcionados. Insultos que nosotros no compartimos y condenamos. Repetimos: condenamos sin atenuantes.

Insultos que terminan siendo un insumo muy valioso para quienes trabajan con el objetivo de evitar su reelección. Insultos que hacen dudar, y mucho, a una buena parte del 56 por ciento de los argentinos que lo votó en la segunda vuelta y ahora se pregunta: “Estoy de acuerdo con el rumbo, aunque la vengo pasando mal. ¿Por qué encima me voy a tener que aguantar otros cuatro años más de puteadas y enojos del presidente?”

El otro verosímil alrededor de la supuesta “locura” de Milei es que, puteando como putea, necesariamente debería tratarse de un hombre violento. Y esa versión, la del hombre violento, dispuesto a ejercer incluso la violencia física contra su hermana, Karina Milei, o contra sus perros, es lo que se pretendió instalar en las últimas horas, atribuyendo a fuentes supuestamente confiables semejante información.

Solo una advertencia necesaria. Quien trató de hacerlo es la misma persona que instaló la idea de que Lizy Tagliani había tenido relaciones sexuales con un menor de edad. Sospecha que jamás pudo probar.

Suponemos que la falta de reacción del resto de nuestros colegas es porque no toman estos rumores en serio.

Sin embargo, Milei, después de escuchar la alusión que hicimos sobre el hecho en nuestro programa de radio en El Observador 107.9, creyó necesario enviarnos el siguiente mensaje.

  1. “Nunca le levanté la mano a nadie en mi vida”.
  2. “Las veces que me he peleado, de chico, mi comportamiento siempre fue defensivo”.
  3. “Nunca la pegué ni le pegaría”. (Milei habla de sus perros, a quienes llama “hijitos”)
  4. “Antes de pegarles una patada me corto literalmente las piernas”.
  5. “Ellos viven en una casa a 150 metros del chalet (de la Quinta de Olivos). Por lo que no hay chances de que discuta con nadie con ellos delante”.
  6. “Siempre están en caniles o en los recreos individuales”
  7. “Son mentiras tras mentiras. Inventa que tiene testigos. Inventa que tiene todo chequeado. Nada de lo que dice es verdad”.

El presidente también creyó necesario informar que está muy bien de salud y que “camina una hora por día” junto a su médico personal. Suponemos que lo hizo respondiendo al rumor sobre sus problemas de salud, su “aislamiento” y su falta de actividad oficial entre el 7 y el 16 de agosto. Dato en el que hicieron hincapié la mayoría de los portales tradicionales, los medios clásicos y las redes sociales.

De nuevo: hay demasiado ruido a su alrededor

A Milei, este ruido no le preocupa, porque maneja una encuesta que dice que el 85% de los argentinos no está consumiendo información política. Es decir: que no les llegaría el ruido con el que quieren hacerle daño.

Sin embargo, tanto ruido, sirvió para tapar, en parte, una de las mejores semanas políticas del gobierno. Con la media sanción de la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, y la ley denominada Inocencia Fiscal, Capítulo II.

Con los anuncios del ministro Luis Caputo sobre la posibilidad de que los bancos empiecen a otorgar créditos en dólares a las empresas. Con el anticipo del uso de un porcentaje del Fondo de Garantías de Sustentabilidad de la Anses con el objetivo de que los bancos ofrezcan créditos hipotecarios con una tasa de interés UVA más un tope del 7,5% anual.

Son medidas que no van a hacer “explotar la actividad económica” pero van a servir para mostrar la “empatía social”, que le faltaría al gobierno, como sostiene una parte de la mesa política.

Pero el ruido también saca del foco, aunque de manera parcial, la apasionante historia de Sol Calle, la vecina de Cristina Kirchner, una dirigente de La Cámpora que se enriqueció de manera vertiginosa y acaba de comprar el primer piso del edificio de San José 1111, donde cumple prisión domiciliaria la condenada.

O la reconciliación del clan Moyano con Claudio “Chiqui” Tapia, aunque desde acá debemos decir que siempre sospechamos que la “pelea” entre parientes había sido “de mentirita”.

Y el ruido, finalmente, también le quita prensa el inquietante dato de cómo los ministros de Axel Kicillof llaman a los dueños de los medios para apretar a periodistas, como reveló Luis Novaresio. El pecado de nuestro colega: aportar datos reales sobre la inseguridad en La Matanza.