El espejismo de la perpetuidad, la trampa del poder
La historia argentina reciente es un recordatorio constante de que el poder absoluto de hoy es la irrelevancia de mañana
La historia argentina reciente es un recordatorio constante de que el poder absoluto de hoy es la irrelevancia de mañana
El poder es fugaz. Eso no es opinable. La evidencia histórica es incontrastable. El lugar de poder que hoy ostenta Javier Milei es evidente, tanto como el de sus antecesores. La duración es la duda, la finitud una certeza. En ese marco esta es una columna de opinión, quizá la primera, que contradice su lógica. No habrá especulaciones ni análisis, solo hechos y detalles.
Javier Milei se asume poderoso y lo es. No solo llevó adelante un ajuste brutal, sino que evitó cimbronazos sociales y convalidó su gestión con una victoria en las elecciones de medio término del año pasado. Pese a los estudios de opinión que coinciden en su pérdida de popularidad, el Presidente se erige como un referente regional para la derecha.
Además, el Congreso le responde y empieza a diseñar el calendario electoral 2027 a su gusto y conveniencia con la mente puesta en la reelección. Pero nada es para siempre. La historia argentina reciente es un recordatorio constante de que el poder absoluto de hoy es la irrelevancia de mañana. Quienes hoy se sienten invulnerables y creen que pueden llevarse puesto lo que venga, ignoran que en este país nadie debería dar nada por sentado, porque los momentos de omnipotencia suelen ser el preludio de una caída. No es una advertencia, no es una especulación y tampoco un análisis sofisticado, es una lectura sencilla de un patrón que se repite. Por eso esta es la primera columna de opinión en la que no habrá opiniones, solo hechos comprobables sobre cómo el poder siempre termina desvaneciéndose.
El caso de Horacio Rodríguez Larreta es, quizás, el ejemplo más cercano de un "presidente que no fue". Con un equipo ya formado y un plan de gobierno que parecía ser el destino inevitable de la transición, terminó viendo cómo sus propias propuestas eran absorbidas por el actual mandatario, mientras él quedaba relegado a una posición marginal en la disputa política tras caer en las PASO de 2023 frente a Patricia Bullrich.
Dos años después de ser número puesto para la presidencia, el exjefe de Gobierno trata de hacerse lugar nuevamente en la política grandes desde una banca en la legislatura porteña a la que llegó con el 8% de los votos.
En paralelo al ocaso de Larreta se produjo el fin de la carrera política de Alberto Fernández. Los datos son igual de implacables. El hombre que le permitió al peronismo volver al poder en 2019 llegó a cosechar un 80% de imagen positiva. Incluso durante su mandato se atrevió a disputarle cuotas de poder a Cristina Fernández de Kirchner.
Dos años después de dejar la Casa Rosada se autopercibe cancelado y detenta un peso nulo tanto en la conversación pública como en el universo político.
La historia de Mauricio Macri refuerza esta tesis de la fugacidad. Cambiemos desembarcó en Balcarce 50 con un escenario inmejorable. La fuerza surgida en la Ciudad de Buenos Aires no solo había vuelto a ganar en su pago chico, sino que se había quedado con la Provincia y la Nación. Hoy, ese mismo dirigente que llevó al PRO a lo más alto en 2015 solo atina a pelear por pequeños espacios dentro del armado de Javier Milei, mientras las figuras de su entorno original lo ningunean.
Incluso aquellos que parecieron "emperadores" de la gestión pública han experimentado caídas drásticas. El caso del hombre fuerte del kirchnerismo, Julio De Vido, es paradigmático. Del control total del ministerio más poderoso y el blindaje de los fueros, al desafuero, la cárcel y, finalmente después de mucho trajín, a la prisión domiciliaria
Los casos siguen y se acumulan en la historia reciente. María Eugenia Vidal pasó de ser la figura con mayor proyección de la política nacional, anclada en su gestión en la provincia de Buenos Aires, a una realidad profesional volcada a la consultoría privada.
Dentro de la nómina también está Cristina Fernández de Kirchner. Dos veces presidenta y una vicepresidenta; autora intelectual del regreso del peronismo al poder, hoy no puede ni siquiera competir. Desde su prisión domiciliaria, quien fuera la mujer más poderosa del país por más de una década, está embarcada en una batalla judicial que la llevó hasta la ONU y que pese a eso no acapara la atención más allá del periodismo especializado y la militancia kirchnerista.
La lista es larga y también incluye a personajes de cargos menores pero que concentraron mucho poder como Martín Insaurralde. El exintendente de Lomas de Zamora fue empoderado por CFK y ubicado estratégicamente para intervenir el gabinete de Axel Kicillof en 2021 tras una derrota en las elecciones de medio término. La historia no terminó bien. Poco más de un año después fue eyectado de la política activa en medio de un escándalo que involucró un yate, una modelo y fotos en Marbella.
Los nombres varían, los tiempos difieren, pero el final es inevitable y repetido. Desde la vuelta de la democracia con Raúl Alfonsín como figura estelar hasta hoy nadie logró perpetuarse en el poder. Los hechos demuestran que en Argentina el poder es un préstamo a corto plazo. Quienes hoy detentan la autoridad y creen tener el control total del escenario ignoran lo obvio: nada es para siempre, el poder tampoco.