¿Por qué crece menos China? La respuesta tiene tres capas. La primera es el colapso de su sector inmobiliario, ante cinco años en crisis y que en algún momento representó entre el 25% y el 30% del PBI. La propiedad es además el 65% de la riqueza de los hogares chinos, así, cuando las casas valen menos, las familias se sienten más pobres y gastan menos. La segunda capa es la guerra comercial con Estados Unidos. Esta encareció las exportaciones chinas y redujo su acceso al mercado estadounidense. La tercera es la deflación, China es, entre las grandes economías del mundo, la única que lucha contra la caída de precios, lo que erosiona los márgenes de las empresas y desincentiva la inversión.
A esto se suma un desempleo juvenil que en enero de este año alcanzó el 16,3%, y una demanda doméstica tan débil que el superávit comercial chino superó el billón de dólares en 2025 porque importó mucho menos de lo que vendió. Es el síntoma de una economía que no consume internamente lo que produce.
Es en este contexto frágil llega el cierre de Ormuz, y lo que entra por el estrecho y lo que no puede reemplazarse fácilmente. Se estima que entre el 40% y el 50% de las importaciones de petróleo de China transitan por este accidente geográfico. China importa alrededor de 10 millones de barriles diarios, de los cuales aproximadamente 5 millones pasan por ese Estrecho. Adicionalmente, el 30% de su gas natural licuado llega desde Qatar y los Emiratos Árabes Unidos, dos países cuyas exportaciones pasan también por Ormuz.
Qatar, uno de los mayores productores mundiales de gas, tuvo que suspender la producción después de que drones iraníes golpearan sus instalaciones en Ras Laffan.
Pero el petróleo y el gas son solo la parte visible del problema. Lo que los analistas no suelen explicar con claridad es la cadena de insumos industriales que también transita por ese estrecho y que China no puede sustituir tan fácilmente.
El primero es el azufre, el 40% de las importaciones chinas de este mineral provienen del Golfo Pérsico. ¿Para qué sirve el azufre? Para fabricar fertilizantes, baterías de litio y semiconductores. Tres pilares de la economía china como la seguridad alimentaria, los vehículos eléctricos y la industria tecnológica. No hay estimaciones públicas de cuántos días de reserva tiene China de azufre. A diferencia del petróleo, nadie habló de stockpiles de azufre.
El segundo es el metanol, ya que Irán era uno de los principales proveedores de este insumo para las provincias costeras chinas, las más industrializadas. El metanol aporta a la producción de plásticos, farmacéuticos, textiles y pinturas. Las plantas chinas de metanol-a-olefinas, que convierten ese insumo en materias primas para la industria química, ya enfrentan disrupciones.
Si los analistas de mercado tienen razón, el excedente de productos químicos chinos se reducirá, lo que paradójicamente abriría espacio a los petroquímicos estadounidenses basados en shale gas, fuera del alcance de esta guerra, para ganar terreno en los mercados asiáticos.
El tercero es la nafta petroquímica. Las plantas petroquímicas asiáticas dependen del Medio Oriente para entre el 70% y el 80% de su nafta como materia prima, y la mayor parte transita por Ormuz. La perturbación ya provocó declaraciones de fuerza mayor en Singapur y otros centros de refinación regionales.
El colchón existe, pero tiene límites
China no está desarmada ante este escenario. Durante los últimos dos años, Beijing acumuló reservas estratégicas de petróleo a un ritmo sin precedentes. Al 2 de marzo de 2026, el país tenía almacenados aproximadamente 1.390 millones de barriles, según la empresa de análisis geoespacial Kayrros. A los niveles de importación de 2025, eso equivale a unos 120 días de cobertura. Además, hay más de 46 millones de barriles de crudo iraní en almacenamiento flotante en Asia, y más en los puertos de Dalian y Zhoushan.
China también produce internamente alrededor del 27% de su propio consumo de petróleo. Y tiene el oleoducto ESPO que conecta los campos siberianos con el noreste chino, lo que le permite recibir crudo ruso por tierra, fuera del alcance de cualquier bloqueo marítimo. Rusia es hoy el mayor proveedor individual de crudo a China.
Entonces, ¿por qué decir que Ormuz es peligroso para China si tiene colchón? Porque ese colchón alcanza para medio año. Sin embargo, el petróleo es solo una parte del problema ya que las reservas de azufre, metanol y nafta petroquímica no son públicas, probablemente son menores, y esos insumos no llegan por el oleoducto ruso.
Además, una economía que ya venía creciendo a su ritmo más lento en treinta y cinco años, con deflación, crisis inmobiliaria, desempleo juvenil alto y guerra comercial con Estados Unidos, no tiene margen para absorber una disrupción energética prolongada sin consecuencias sociales y políticas internas. Cada punto porcentual que se pierde de crecimiento es empleo que no se crea, deuda que no se paga, tensión que se acumula.
Lo que China realmente quiere
Aquí está el elemento más interesante de este conflicto para quien lo mira desde la geopolítica, porque China no defiende a Irán, sino que lo defiende es su interés.
Beijing evacuó a más de 3.000 ciudadanos chinos de Irán sin amenazas militares para nadie. Su canciller Wang Yi dijo que el conflicto “no debería haber sucedido”, pero en su conferencia de prensa del Congreso calificó a 2026 como un año “significativo” para las relaciones con Estados Unidos. Xi Jinping y Trump hablaron por teléfono el 4 de febrero. La agenda incluyó Irán, Taiwán y comercio, y Xi quiere una cumbre con Trump en Beijing a fin de marzo.
Según analistas de Chatham House, Beijing buscará concesiones en temas directamente relacionados con sus intereses como comercio y posición geopolítica, a cambio de moderar su retórica sobre Irán. China no es el aliado de Irán sino el comprador de su petróleo. Y esa distinción es fundamental.
¿Qué podría querer China en un eventual acuerdo implícito o explícito con Washington? No Taiwán, eso no está disponible en ninguna negociación. Pero sí otras cosas de valor real como una reducción de aranceles sobre exportaciones chinas, alivio de restricciones tecnológicas en semiconductores, garantías de libre navegación en rutas comerciales que también afectan a China, y reconocimiento tácito de sus intereses en Asia Central a través de la Organización de Cooperación de Shanghai. China también tiene una carta que no ha jugado del todo sobre el control de exportaciones de tierras raras para uso militar, insumos críticos para misiles y aviones de combate estadounidenses. Es un naipe para mostrar, no necesariamente para usar.
El razonamiento de fondo es tan claro como frío porque para China, la desescalada es interés propio. Un Irán en caos prolongado desestabiliza Asia Central, amenaza la frontera oeste de China, y destruye años de inversión en la Iniciativa de la Franja y Ruta de la Seda. Beijing quiere que la guerra termine para reabrir el estrecho, estabilizar los precios y volver a concentrarse en su propia crisis económica.
Si el cierre de Ormuz dura dos meses, China lo absorbe con sus reservas y ajustes. Si dura seis meses, la situación es cualitativamente distinta. Las reservas de petróleo se acercan a niveles críticos, los insumos petroquímicos escasean, la industria química costera se contrae, y una economía que ya crecía al mínimo de tres décadas empieza a perder el piso.
En ese escenario, China se convierte en un actor dispuesto a pagar un precio diplomático real para que la guerra termine. No porque cambie de valores, sino porque la presión económica interna lo exige, y Washington lo sabe.
La guerra en Irán, paradójicamente, le da a Estados Unidos una palanca sobre China que ningún arancel había producido con esta claridad: el tiempo. Cada semana que Ormuz permanece cerrado acerca a Beijing a una conversación que preferiría no tener.
Las cosas como son
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