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El Gobierno apuesta a que baje la espuma en torno al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, investigado por enriquecimiento ilícito, antes de retomar la agenda en el Congreso. El oficialismo no dio quórum el jueves en el Senado para evitar que la oposición consiga los dos tercios necesarios para votar en el momento la interpelación al ministro coordinador.

La sesión que no fue en el Senado tenía como punto central el tratamiento del proyecto de inviabilidad de la propiedad privada, pero el motivo real de la ausencia del oficialismo fue otro: el Gobierno no quería arriesgarse a que la oposición aprovechara el recinto para obtener los dos tercios de los presentes y votar a tablas el pedido de interpelación a Adorni. La matemática era desfavorable y el cálculo fue sencillo: sin quórum, no hay sesión; sin sesión, no hay voto.

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El Gobierno quiere que baje la espuma en el caso de Manuel Adorni

La maniobra ganó tiempo pero no resolvió el problema de fondo. La Casa Rosada sabe que cualquier iniciativa legislativa quedará obturada por la situación del ministro coordinador mientras el escándalo por la investigación por enriquecimiento ilícito siga dominando la agenda política. El concepto que manejan en el oficialismo es claro: primero que baje la espuma, después la agenda.

Como alternativa para ganar más margen, la bancada que conduce la senadora Patricia Bullrich habilitó el tratamiento de los proyectos de interpelación en la comisión de Asuntos Constitucionales el primero de julio. De no mediar sorpresas, podría haber un dictamen favorable y la interpelación se votaría en el recinto el 8 de julio.

El Gobierno cierra el Congreso hasta que "baje la espuma" en el caso de Manuel Adorni.

Días claves en el Congreso y cierre hasta el 8 de julio

El esquema es el mismo que el Gobierno viene aplicando desde que la moción de censura entró en el horizonte parlamentario: derivar los tiempos a las comisiones para ganar aire y evitar que la oposición consolide el momentum a su favor. La maniobra no detiene el proceso, pero lo ralentiza lo suficiente para que el Ejecutivo opere políticamente mientras los plazos corren. La apuesta es que esas semanas alcancen para que los sectores opositores más cercanos al oficialismo -PRO, UCR, sectores del MID- recalculen si vale la pena empujar una interpelación que Milei tiene decidido no acatar.

Para descomprimir la situación del 2 de julio, Bullrich consiguió que el Senado no enviara la citación para que Adorni diera su informe de gestión en el recinto. El propio jefe de Gabinete se había mostrado dispuesto a concurrir, y así lo expresó en sus redes sociales, pero la titular de la bancada le planteó con respeto que era imposible. No había condiciones políticas para que esa visita resultara en otra cosa que un nuevo escándalo en un momento de máxima exposición judicial.

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Cuatro partidos en diez días: la cuenta del Gobierno en el Congreso

La decisión sumó un capítulo más a la pelea entre Bullrich y la secretaria General, Karina Milei, que buscaba que Adorni concurriera al Senado el 2 de julio. Para Karina, la visita era un gesto de firmeza ante la oposición; para Bullrich, un error de cálculo político que podía terminar en una imagen que el Gobierno no estaba en condiciones de sostener. La fractura entre las dos referentes del espacio, que viene escalando desde el inicio del caso Adorni, sumó un nuevo capítulo.

De aquí al 8 de julio, el Gobierno tiene por delante cuatro instancias clave en el Congreso -dos en Diputados y dos en el Senado- que definirán cómo termina resolviéndose la situación del ministro coordinador. Son, en la práctica, cuatro partidos que el Ejecutivo necesita no perder en un momento en que su capacidad de maniobra legislativa está directamente condicionada al escándalo de Adorni: mientras él siga en el centro del tablero, cualquier otra iniciativa choca con el mismo techo.

El ministro del Interior, Diego Santilli, ya evaluó que la oposición tiene los votos para avanzar con la interpelación. El ex presidente Mauricio Macri no retiró su ultimátum: "Lo echan o lo echamos". Y Milei dejó en claro que, de prosperar el proceso, recontratará al jefe de Gabinete sin importar el conflicto entre poderes que eso genere. La cuenta regresiva ya arrancó.

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