El Gobierno no encuentra su tono de discurso y hay preocupación por imagen de Javier Milei
En el primer piso de la Casa Rosada llegaron nuevos sondeos. La Libertad Avanza intenta recuperar la iniciativa pero no encuentra la fórmula aún.
En el primer piso de la Casa Rosada llegaron nuevos sondeos. La Libertad Avanza intenta recuperar la iniciativa pero no encuentra la fórmula aún.
El Gobierno no consigue encontrar el tono de su discurso y crece la preocupación por lo que arrojan las encuestas. En La Libertad Avanza (LLA) buscan definir de forma anticipada el registro de la campaña para contrarrestar la baja que ven en los indicadores de opinión pública, tanto en la aprobación de gestión como en la imagen de Javier Milei.
En esa búsqueda, hasta ahora no "prendieron" los grandes éxitos discursivos del decálogo libertario. Los tópicos que en otras etapas garantizaban un rebote inmediato en la conversación pública -los extranjeros que utilizan el sistema de universidades públicas y el de salud, entre otros- no lograron traccionar. La banda de sonido que ordenó el ascenso libertario suena hoy en un escenario distinto y el propio oficialismo lo advierte en los números que recibe cada semana.
Todas las encuestas que llegan al primer piso de la Casa Rosada ubican a LLA en los mismos márgenes que en septiembre de 2025, después de las elecciones en la provincia de Buenos Aires. Es decir: el espacio volvió al piso del que había logrado despegar, y lo hizo sin que aparezca todavía un relato nuevo capaz de reemplazar al que dejó de funcionar.
La diferencia con aquel momento, admiten puertas adentro del Gobierno, es que ahora resulta mucho más complejo vender el discurso de que "lo peor ya pasó" frente a los últimos indicadores económicos. Aquella promesa -el sacrificio como peaje hacia una recuperación inminente- fue el eje que sostuvo la paciencia social durante los tramos más duros del ajuste, y hoy choca con datos que no acompañan.
Sin ese argumento disponible, la apuesta central seguirá siendo mostrar una baja de la inflación, el único indicador que el oficialismo considera propio y comunicable. El riesgo de esa estrategia es evidente: si el bolsillo no percibe la mejora, la estadística sola no alcanza para reconstruir expectativas. Es la misma discusión que LLA ya atravesó el año pasado, cuando descubrió que los buenos números macro no se traducían automáticamente en respaldo electoral en las provincias.
En paralelo aparecen dos factores que complican todavía más el cuadro. El primero son los embates del Presidente contra sus pares -como Luiz Inácio Lula da Silva- y contra dirigentes opositores, un estilo que hasta ahora había sido leído como parte de su marca de origen y que empieza a generar ruido.
"Los insultos pasan desapercibidos para la sociedad cuando la economía funciona; cuando eso no sucede, molestan. Estamos viendo que eso comienza a pasar", precisó a El Observador una fuente con acceso al despacho presidencial. La frase resume el diagnóstico más incómodo que circula en el oficialismo: la tolerancia social a las formas del mandatario nunca fue incondicional, sino que estuvo atada al rendimiento de la macroeconomía.
El segundo factor tiene que ver con el rol del vocero presidencial, Adrián Ravier, que comienza a ser cuestionado dentro del propio espacio por las polémicas en las que se mete. Las críticas que dedicó al ex jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y sus definiciones sobre el precio que debería tener el dólar son los dos ejemplos que más se repiten en los despachos oficiales. La secretaría General, Karina Milei, dejó entrever que todavía banca al actual portavoz.
El planteo interno es de manual comunicacional: la función de una vocería es ordenar la agenda, no generarla. Cada intervención que instala un tema no previsto obliga al Gobierno a dedicar horas a explicar lo dicho en lugar de imponer su propio mensaje, justo en el momento en que LLA intenta definir cuál será ese mensaje.
El resultado es un oficialismo que llega al arranque anticipado de la campaña sin el tono resuelto, con las encuestas de vuelta en el piso de septiembre, el argumento económico en revisión y una vocería que suma frentes en lugar de cerrarlos. En la Casa Rosada saben que el tiempo para encontrar el registro correcto se acorta: cuanto más tarde en aparecer, más difícil será que la sociedad lo escuche.
La diplomacia brasileña calificó de “inaudito” el discurso del presidente argentino y convocó a su embajador Julio Bitelli. También citó al embajador argentino en Brasil, Guillermo Daniel Raimondi.
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En una nota editorial, el medio estadounidense destacó el hecho de que “el país recibió su tercera mejora crediticia en tres meses”.