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La Casa Rosada lo desmintió en forma tajante ("no tiene ningún sentido") y los voceros de la embajada china no respondieron los mensajes de El Observador para confirmar la versión, pero en ámbitos diplomáticos circuló ayer con fortísimos grados de certeza un encuentro entre el canciller Pablo Quirno y el embajador de la República Popular China en nuestro país, Wang Wei. La información fue dada por cierta a través de dos fuentes totalmente independientes que, incluso, elogiaron la capacidad del ministro de no cerrarse al diálogo pragmático, a pesar del posicionamiento estratégico del Gobierno libertario.

De hecho, ayer mismo el canciller mantuvo una reunión con su par uruguayo, Mario Lubetkin, a cargo de la política exterior de la gestión del Frente Amplio, de centroizquierda. Y esa actividad sí tuvo difusión a través de las redes oficiales de la Cancillería. Se recordará que Javier Milei no asistió a la asunción de Yamandú Orsi, aunque puso la excusa de que ese mismo día, 1º de marzo, coincidía con la ceremonia de apertura de las sesiones ordinarias del Congreso, donde el presidente argentino brinda un mensaje. De todos modos, tampoco mantuvo un buen vínculo con el presidente uruguayo anterior, Luis Lacalle Pou, a pesar de que estaba posicionado en la derecha.

Pragmatismo en la política exterior

En líneas generales, Milei fue reacio a los vínculos diplomáticos, salvo cuando se trata de los Estados Unidos. Incluso mantiene conflictos permanentes con el personal de la Cancillería, sus nombramientos, traslados, salarios. Su prioridad está clara y no hay lugar para ninguna otra cosa. Por eso se comentaba ayer en el jardín de la Embajada Británica (donde el nuevo embajador David Cairns invitó a compartir los festejos por el cumpleaños del rey Carlos III), y con satisfacción, que Quirno flexibilizara su agenda y se reuniera con funcionarios extranjeros que no están alineados con Donald Trump.

Con Uruguay, los asuntos son infinitos. Pero —quizás— con China son más urgentes, sobre todo en los asuntos financieros. Sucede que el acuerdo de intercambio de monedas entre el Banco Central de la República Argentina y el People's Bank of China (PBOC) que se recibió para reforzar las reservas en el 2009 condiciona el perfil financiero de la economía local, ya que tiene un monto total vigente de aproximadamente U$S 20.000 millones (equivalente a 130.000 millones de yuanes).

Pero el tramo activado, el que usó en el 2023, es de U$S 5.000 millones (35.000 millones de yuanes), que se devolvería en 12 cuotas. Ante la necesidad de cumplir con el compromiso, Milei se reunió con el embajador Wang para renovarlo y extender su vencimiento por otro año más, lo que significa junio/julio de 2025. La cancelación total se realizaría, según este nuevo acuerdo, durante los 12 meses siguientes al período de gracia, es decir, hasta julio de 2026.

Por esos días, el presidente otorgó una entrevista a Susana Giménez donde calificó a China como "un socio comercial muy interesante" y aseguró que "no exigen nada, lo único que piden es que no los molesten" y contó que se reunió con el embajador Wang y "al otro día nos destrabaron el swap", muy distinto a lo que decía en campaña sobre la relación que esperaba tener con China, concretamente que "yo no negocio mi moral por dinero".

El dilema chino

Un año después, la distancia con China se acrecentó. Primero fue el asesor de Donald Trump, Mauricio Claver-Carone, el que pidió que Milei revea su política al respecto. Más cerca, fue el propio Scott Bessent el que justificó esa razón ante un periodista de su país que le pedía explicaciones acerca de las razones de la ayuda a nuestro país. Luego vino la negociación por el acuerdo comercial y, la semana pasada, el anuncio formal de la Casa Blanca formalizando los términos del acuerdo comercial.

Ese mismo día, Quirno había viajado a Washington a mantener una bilateral con Marco Rubio, el secretario de Estado. Tanto él, como el propio Bessent y el mismo Trump, saben que ningún país puede prescindir drásticamente de ningún otro, mucho menos de un líder comercial como es China. Seguramente no le pidieron que rompa el vínculo con un país que viene invirtiendo en infraestructura, en empresas agrícolas, en minería, en becas universitarias y que aportó como una solución financiera el intercambio de monedas para reforzar las reservas y, eventualmente, usar parte de esos fondos. Sobre todo porque hay un vencimiento incumplido, que el Gobierno necesita volver a negociar. Quirno era, hasta asumir, secretario de Finanzas del Ministerio de Economía, y obviamente tiene allí puesto su foco.

¿No tiene sentido la reunión entre Quirno y Wang?

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