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Cristina Fernández de Kirchner decidió avanzar con su candidatura para presidir el Partido Justicialista (PJ) y presentó una lista que competirá en las elecciones internas del próximo 17 de noviembre. Tras semanas de negociaciones y sin lograr un acuerdo con el gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela, la ex presidenta armó una lista que incluye a dirigentes de distintos sectores del peronismo, con la ausencia notable de representantes de La Cámpora y de gobernadores del interior.

La lista que encabeza Cristina Kirchner bajo el nombre "Primero la Patria" incluye en los principales cargos a figuras como José Mayans, presidente del interbloque del Frente de Todos en el Senado, quien ocupará la primera vicepresidencia. Mayans, un aliado del gobernador formoseño Gildo Insfrán, es una de las figuras más relevantes de la estructura política kirchnerista en la Cámara Alta. Junto a él estará la senadora y ex gobernadora de Catamarca, Lucía Corpacci, quien ocupará la segunda vicepresidencia. Corpacci, actual presidenta del PJ en su provincia, mantiene una relación cercana con Raúl Jalil, el actual gobernador, pero su inclusión en la lista la distancia de algunos sectores del peronismo provincial que han mostrado simpatías hacia el gobierno de Javier Milei.

El tercer puesto en la vicepresidencia será para Germán Martínez, titular del bloque de diputados del peronismo en la Cámara Baja. Martínez, cercano a Agustín Rossi, ha sido clave en contener las tensiones dentro del bloque tras la renuncia de Máximo Kirchner en 2022, luego del polémico acuerdo entre el gobierno de Alberto Fernández y el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Completan la lista en la cuarta y quinta vicepresidencia Mariel Fernández, intendenta del partido de Moreno, y Ricardo Pignanelli, secretario general del Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor (SMATA). Fernández, del Movimiento Evita y con cercanía a Emilio Pérsico, ha fortalecido su vínculo con La Cámpora en los últimos años, consolidándose como una de las voces cercanas al kirchnerismo duro dentro del conurbano bonaerense. Pignanelli, en tanto, ha sido un aliado discreto pero constante del kirchnerismo, y su presencia en la lista asegura la representación del sector sindical, aunque su inclusión fue vista como una señal de distanciamiento de la Confederación General del Trabajo (CGT), que ha mostrado diferencias con el liderazgo de Cristina en los últimos meses.

El quiebre con Ricardo Quintela y los desafíos en la interna del PJ

La candidatura de Cristina Kirchner se da en un contexto de tensiones internas dentro del peronismo, especialmente en lo que respecta a la relación con el gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela, quien inicialmente había mostrado intenciones de competir por la presidencia del partido. Sin embargo, las negociaciones para una lista de unidad nunca prosperaron y, según fuentes cercanas al gobernador, Quintela no planea bajarse de la contienda. El mandatario riojano ha reunido los 60.000 avales necesarios y cuenta con el respaldo de al menos cinco partidos provinciales para sostener su candidatura.

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Ricardo Quintela

Por su parte, el entorno de Cristina Kirchner ha dejado claro que no habrá acuerdo con Quintela, y que la ex mandataria está decidida a competir en las urnas para obtener la conducción del partido. En una reunión con dirigentes del sector en la sede de SMATA, la propia Cristina afirmó que no estaba dispuesta a postergar las elecciones ni a negociar un acuerdo que excluyera la competencia. "Que se cuenten los votos", habría dicho durante el encuentro, según trascendió.

Este desacuerdo marca un quiebre importante dentro del peronismo, ya que Quintela ha mostrado señales de querer liderar un espacio más alejado del kirchnerismo tradicional. Mientras tanto, desde el Instituto Patria se espera que el gobernador riojano continúe con su estrategia electoral, lo que podría llevar a una disputa abierta dentro del peronismo nacional en las próximas semanas.

La relación con Axel Kicillof

Otro de los puntos de fricción dentro del armado del PJ ha sido la relación entre Cristina Kirchner y el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, uno de sus principales aliados en los últimos años. Sin embargo, en las últimas semanas, la ex presidenta ha mostrado malestar con Kicillof debido a su falta de pronunciamiento público en apoyo a su candidatura para la presidencia del partido.

En un acto reciente en Berisso, Kicillof mencionó a Cristina en varias ocasiones, reivindicando su figura, pero evitó explícitamente respaldar su candidatura para la conducción del PJ. Este silencio fue recibido con críticas por parte de varios referentes del kirchnerismo, incluyendo al ex secretario de la presidencia, Oscar Parrilli, quien declaró que el acto de Kicillof "parecía un lanzamiento de su propia candidatura" y lamentó que no hubiera un apoyo explícito a la ex presidenta.

La tensión entre Kicillof y el entorno de Cristina se suma a las diferencias que ya existen dentro del peronismo en relación con el futuro liderazgo del partido. Mientras algunos sectores buscan consolidar una lista de unidad que incluya a figuras como Kicillof y Quintela, otros, más cercanos al kirchnerismo duro, prefieren una disputa abierta que permita definir claramente el rumbo del partido en los próximos años.

Las dudas sobre la interna nacional

En paralelo desde la mesa de conducción del PJ ya comenzaron el operativo para hacer los comicios. En ese marco, solicitaron ante el ministerio de Interior poco más de 6 mil urnas para poder desarrollar la actividad electoral el 17 de noviembre. Desde la cartera les contestaron que sólo podrán aportar la mitad.

Más allá de esa dificultad, que podría solicitarse con la compra de urnas por parte del partido, se le suman tanto la cuestión logística, los centros de cómputos y la conectividad para la trasmisión de los datos.

La magnitud de un operativo de tales características contempla la erogación de cifras millonarias. Algo que tiempos de crisis y de cuestionamientos de castas podría ser utilizado en contra del peronismo.

Todos los aspectos se pondrán sobre la mesa durante las próximas 48 horas. Los más optimistas aseguran que la sangre no llegará al río. La mayoría evita hablar de fumata blanca y apuesta a la postergación. Todo está por verse.

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