El presidente Javier Milei ponderó, por primera vez en un año, la postura de su estratega Santiago Caputo por sobre la de la secretaria General, Karina Milei, en lo que respecta a cómo debe ser la comunicación del Gobierno tras la crisis desatada por la investigación por enriquecimiento ilícito que enfrenta el jefe de Gabinete, Manuel Adorni.
La designación como vocero presidencial del diputado nacional por La Pampa, Adrián Ravier, se leyó dentro de La Libertad Avanza (LLA) como un gesto del Presidente hacia Caputo. Fue la respuesta de Milei al pedido de su asesor de que el Ejecutivo debía "volver a las bases de LLA" en materia comunicacional, luego de semanas en las que el caso Adorni dominó la agenda y desgastó la imagen del Gobierno.
Ravier, el gesto de Javier Milei hacia Santiago Caputo
"Ravier llega ahí por una decisión de Javier. Que por supuesto tiene un excelente vínculo con Santiago y nuestro equipo, ya que es un profesional, economista, dirigente de Fundación Faro y representa muy bien el perfil y las ideas de las que Santiago oficia de custodio. Que son el corazón de lo que Milei piensa realmente", remarcó un funcionario con acceso al despacho presidencial ante la consulta de El Observador.
El perfil de Ravier encaja con precisión en esa descripción. Economista de la Escuela Austriaca, miembro de la Sociedad Mont Pelerin, doctorado en España bajo la dirección de Jesús Huerta de Soto y coautor junto al Presidente del libro "La batalla por la macroeconomía", el nuevo vocero es la encarnación académica del liberalismo que Milei profesa. "Para nosotros es una excelente noticia. Porque simbólicamente es un volver a los orígenes", agregó un colaborador estrecho de Caputo.
Manuel Adorni pierde funciones pero no el cargo
La designación de Ravier implicó, además, la aceptación tácita de que Adorni seguirá perdiendo funciones dentro del Gobierno de manera gradual, empujado por su situación judicial. Milei no le quitará el respaldo que le viene dando —y que dejó en claro tanto en reuniones internas con ministros como en el acto por el Día de la Bandera en Rosario, al que convocó a todo el gabinete—, pero el jefe de Gabinete dejará de estar en la primera línea de combate del Ejecutivo.
La paradoja es notable: Adorni fue durante más de un año la figura más reconocida de la comunicación libertaria. Ahora, investigado por enriquecimiento ilícito y con una declaración jurada que generó más indignación que alivio —la historia de la billetera virtual fría con criptoactivos que nadie en la interna terminó de creer—, su figura se achica mientras Milei preserva el vínculo personal y lo mantiene en el cargo como señal de que no cederá ante la oposición ni ante el kirchnerismo.
La pelea con el periodismo, una batalla que se reencauza
Una de las claves para los próximos días será si el Presidente y Karina Milei aceptan los otros cambios en el esquema de comunicación del Gobierno que les fueron planteando, y que incluyen encapsular la pelea con el periodismo únicamente en la figura del Jefe de Estado, sin arrastrar al resto de los funcionarios. La idea es que esa batalla, que Milei da con convicción, no termine salpicando a ministros en un momento en que el Gobierno necesita bajar las tensiones internas y con sus aliados.
La propuesta responde a una lectura concreta: el cruce permanente con la prensa desgasta a los funcionarios sin el blindaje político que tiene el Presidente. Adorni pagó ese costo cuando la cobertura de la causa de enriquecimiento ilícito terminó generando el efecto contrario al buscado por los estrategas libertarios.
El nuevo equilibrio que Javier Milei busca
Lo que quedó expuesto con la llegada de Ravier es un reequilibrio interno que Milei intenta consolidar antes de que la crisis de Adorni se transforme en la primera gran derrota política del Gobierno. La moción de censura sigue en pie; el ministro del Interior, Diego Santilli, advirtió que la oposición tiene los votos para la interpelación; y Mauricio Macri no retiró su ultimátum: "Lo echan o lo echamos". Mientras tanto, la Casa Rosada apuesta a que el nuevo esquema —con Caputo más presente, Ravier en la vidriera y Adorni en un segundo plano— alcance para descomprimir el cuadro antes de que el reloj parlamentario vuelva a correr.